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Sandra Hermida: «Los directores necesitan que sus robots y monstruos tengan alma»

Hermida es una directora de producción para la que nada es imposible. Una ola gigante, un monstruo de 13 metros, caminos de hielo...

Sandra Hermida con su Goya por «Un monstruo viene a verme».

Sandra Hermida con su Goya por «Un monstruo viene a verme». efe

Con «El orfanato», «Lo imposible» y «Un monstruo viene a verme» se ha llevado el Goya a Mejor Dirección de Producción y por «Garbo, el hombre que salvó al mundo» consiguió el de Mejor Película Documental, pero sus hazañas van mucho más allá. Solo en 2013 dirigió la producción de «Autómata» en unos estudios de Bulgaria, «No llores, vuela» a menos 40 grados en Winnipeg (Canadá), y «Carmina y amén», desde Sevilla y a las órdenes del divertido Paco León. Todo ello embarazada de su segundo hijo. La realidad junto a Hermida supera con creces a la ciencia ficción.

Tras la experiencia en «Autómata», ¿es complicado conseguir lo necesario para rodar una película con robots?

«Autómata» fue una película bastante peculiar. Entre otras cosas, porque en un principio su director, Gabe Ibáñez, pensó en recrearlos a través de animación 3D pero finalmente optó por una estrategia mucho más artesanal. Se utilizaron robots físicos con personas adheridas detrás, que imitaban los movimientos robóticos. Eran como una especie de marionetas tamaño humano que controlaban operarios a los que se les ponía encima un croma y después se borraban a través de técnicas digitales.

En el Ros Film Festival, además de miembro del jurado, participará mañana en un mesa redonda sobre cine y robots y en otra sobre el mundo robótico como género del séptimo arte. ¿Qué referencias hay entre «Autómata» y otros filmes clásicos de esta misma vertiente?

Yo diría que tiene reminiscencias de otros grandes clásicos de la ciencia ficción como «Blade runner». Esta película, como otras muchas cintas de humanoides, vuelve a poner el foco en la parte filosófica y en el conflicto moral que les surgen a los seres humanos cuando abordan temas de inteligencia artificial. En definitiva, habla de hasta qué punto los androides necesitarán a los humanos cuando evolucionen. O cómo podremos frenar que sean ellos los que dominen el mundo. Es una pregunta que se llevan haciendo los escritores y los cineastas desde mitad del siglo XX. El director de Netflix decía el otro día que los contenidos en Internet, en el futuro, estarán totalmente controlados por inteligencia artificial.

Tres de sus Goyas los ha conseguido gracias a tres filmes de Juan Antonio Bayona. El último, con «Un monstruo viene a verme». ¿Qué tal la experiencia?

Bayona es un director al que le encanta mezclar tradición y técnica.El tenía claro que no quería un monstruo sin alma. Muchos directores como él o como Gabe Ibáñez necesitan que sus criaturas (ya sean robots o monstruos) tengan ese halo humano. Por eso J decidió en este caso que el monstruo fuera interpretado por un humano y optó por la técnica de «performance capture», que puso de moda el actor que dio vida a Gollum en «El señor de los anillos». Seleccionamos a Liam Neeson para poner alma este ser y nos fuimos con él durante dos semanas a un estudio de Oxford. Allí le instalaron una serie de sensores en el cuerpo y en la cara para captar sus movimientos y sus interpretaciones faciales, con el fin de generar después el monstruo con animación 3D. Llevamos allí al niño protagonista, Lewis MacDougall, para que leyera los textos con Neeson de todas las escenas. Más tarde, ya en el set de rodaje, se repetían sin el monstruo. Fue lo más complicado. Llenar el hueco de esta mole de 13 metros de altura. A través un programa especial y un monitor, podíamos ver la imagen rodada con una previsualización de la recreación 3D. Juntarlo todo casi en tiempo real era alucinante.

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