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VIOLENCIA MACHISTA DIGITAL Salvador Samper Presidente del Observatorio Español de Delitos Informáticos (OEDI)

«Maltratadores piden a sus víctimas selfis llorando para disfrutar de su sufrimiento»

El presidente de la OEDI, Salvador Samper, esta semana, en el congreso celebrado en Elche. ANTONIO AMORÓS

¿Qué conclusiones han sacado tras el congreso que ha tenido lugar en Elche esta semana?

La violencia machista digital es una problemática creciente con un aumento exponencial. Se ha triplicado durante la pandemia, sobre todo por la alta dependencia de los medios tecnológicos. La vida física y la digital ahora mismo son una. Por eso es tan importante la implantación de puntos de Atención Temprana a las Víctimas, en los que las mujeres encuentran amparo ante este tipo de casos. En ellos se ofrece escolta digital, en lo que es un servicio pionero a nivel europeo.

En la provincia ya se han abierto cuatro puntos de Atención Temprana a las Víctimas...

En esto también somos pioneros internacionalmente con los puntos que hay en Elche, Villena, La Vila Joiosa y Bigastro. Atendemos a una población de más de 300.000 habitantes. Nos encontramos con todo tipo de casos, desde víctimas en riesgo extremo que hay que desplazar a otras localidades a mujeres con sospechas de que les han introducido un software espía en el móvil, de que se les está monitorizando digitalmente o de que tienen las comunicaciones intervenidas.

¿Cuáles son los avances más destacados que se han logrado en este terreno últimamente?

Lo más importante es que por fin se ha reconocido que la violencia machista digital se tiene que combatir desde todos los ámbitos: judicial, político, policial, administrativo, privado, público... El reconocimiento de esta lacra no se producía porque era híbrida y difusa. Llevamos más de cinco años trabajando en estas cuestiones y ahora las hemos aunado en un congreso internacional en Elche, en el que han participado autoridades y expertos nacionales e internacionales.

¿Qué repercusión han logrado en las dos jornadas en Elche?

Nos han contactado desde diferentes puntos de España y otros países para implantar los puntos de Atención Temprana a las Víctimas con la tecnología que hemos desarrollado en Elche. Hemos creado un software muy potente, que cuenta con herramientas únicas para la escolta digital o para la prevención de los riesgos. Hay gente que piensa que este tipo de proyectos solo se pueden desarrollar en Estados Unidos o Bruselas pero ha nacido aquí. Hemos llegado a crear dispositivos físicos que incluyen localizadores para los vehículos.

Esta semana la vicepresidente y consellera de Igualdad, Mónica Oltra, ha señalado que el Consell también está muy implicado en estas cuestiones...

Es algo positivo porque la toma de decisiones está en manos de los políticos. La ONU y la Comisión Europea están reconociendo la violencia machista digital y equiparándola con los delitos de terrorismo. No se puede hacer otra cosa que elevar esta preocupación. Hace falta más celeridad porque, de momento, son las administraciones locales las que están aplicando estos servicios.

¿Tienen la sensación de que se dan más casos que los que aparecen en las estadísticas?

Sí, hay muchos casos que no se contabilizan pero que están ahí, que existen. Por eso es importante emitir informes jurídicos que condenen a los agresores. Hemos logrado una sentencia pionera, por ejemplo, a través de un caso que hemos atendido en Alicante gracias al informe pericial aportado por el móvil de la víctima. El agresor se presentó con la conversación de WhatsApp imprimida en papel y le echaron para atrás esa prueba.

Otra manifestación de esta violencia es el linchamiento al que se somete a parejas de futbolistas como Shakira, Edurne o Sara Sálamo...

Sí, entran en tromba a insultarlas a través de las redes sociales. Del mismo modo, hay que frenar casos como el de la empleada de una multinacional que solo encontró la salida del suicidio por la difusión de unas imágenes íntimas. También hay mucha violencia machista digital en el ámbito político. Se agrede a las mujeres a través de cualquier espacio que estén ocupando por derecho y a las ideas sobre la evolución de la sociedad y la paridad de género.

¿Puede ampliar sus reflexiones sobre esta violencia dentro del terreno de la política?

La mujer aporta cada vez más a la sociedad y mucha gente que vive en el pasado la intenta matar digitalmente. Hay movimientos extremistas que solo buscan desplazarla, eliminar sus cuentas. En el momento en el que no estén en Facebook, Twitter o YouTube ya no se les escuchará. Por eso se les menosprecia y se les veja. Este fenómeno está al alza en Estados Unidos y Latinoamérica y se está empezando a sentir en España. No se trata de una cosa de «bots», lo hacen cuentas gestionadas.

¿Cuáles son las situaciones más desagradables a las que han tenido que hacer frente?

Uno de los casos más horribles fue el de una mujer que estaba traumatizada porque el propio agresor le pedía selfis llorando para disfrutar con su sufrimiento. Le respondía con emoticonos de sonrisa. También hemos escuchado audios con amenazas de muerte. Ayudamos a las víctimas a que estas amenazas no sean borradas y se puedan presentar en los juicios. En otra ocasión tuvimos un caso de un divorcio en el que la expareja escuchaba todas las conversaciones de la mujer a través de una tableta que le había regalado al hijo. Al conectarse al wifi de la casa, se activaba un micrófono que grababa los sonidos y él sabía en todo momento lo que su exmujer estaba haciendo.

Y en el caso de relaciones virtuales que acaban con abusos sexuales, ¿qué se debe hacer?

Ahí es importante que las víctimas puedan certificar que estaban en un lugar concreto y descubrir quién se encuentra detrás del otro perfil, porque los nombres que se usan siempre son falsos. Hacer fotografías resulta muy útil para la geolocalización.

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