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Análisis

Planagumà, cambio obligado

El entrenador debe estar abierto a introducir variaciones en su modelo para rentabilizar al máximo el talento del que dispone

Planagumà se dirige a sus jugadores el primer día de trabajo.

Planagumà se dirige a sus jugadores el primer día de trabajo. Rafa arjones

La mayoría de caras de los protagonistas son idénticas, el núcleo duro vuelve a ser casi el mismo, el gestor del grupo no cambia y quien plasma la firma en los contratos de los futbolistas, tampoco. No moverse de la zona de confort es una tentación grande, pero repetir los procesos es el camino más corto para reeditar un desenlace que no contentó a nadie. El Hércules no salió de Segunda B y esa es una realidad contra la que caben muchos discursos, amables o díscolos, pero ninguna negación a la evidencia. El camino a la Liga 1|2|3 empezó el lunes, pero no lo hizo desde cero en contra de lo que le gustaría pensar a la mayoría. Lo hace con la certeza del sueño truncado, con el desgaste intestino que generan la convivencia y las convocatorias de los partidos, con algunos reproches velados en múltiples direcciones y, sobre todo, con la misma necesidad táctica de conectar todos los cables para que el proyecto alcance el máximo brillo que tiene, para que deslumbre en un grupo 3 en el que el Hércules, con el último campeón en el exilio, parte como principal favorito. Toda evolución exige cambios; algunos, obligatorios.

La piedra angular

Yeray hace posible ir un paso más allá en la salida del balón

El refuerzo estrella del mercado estival no es solo un nombre reconocible en el planeta blanquiazul, también es un futbolista sobresaliente que permite al equipo dar un salto de calidad en sus automatismos con pelota. El pivote canario ocupa tanto campo como Miranda, tiene capacidad de sacrificio, va sobrado de liderazgo y, además, atesora un manejo de balón muy apreciable. Su seguridad protegiéndolo, sus traslados a larga distancia y su solvencia en las aperturas son factores nada desdeñables. La Cultural se apoyó en él para cimentar su ascenso al fútbol profesional, y el conjunto de Planagumà no puede ser menos. Eso obligará a tomar decisiones que no serán fáciles. No sacarle todo el jugo al mediocentro tinerfeño, si físicamente está al 100%, es algo que no debe ni contemplarse.

El peso del partido

Mayor control de la pelota para adueñarse del ritmo de juego

Algo que pasó factura en la última tentativa fallida de salir del pozo, la quinta consecutiva, fueron los puntos que se evaporaron en el Rico Pérez. Buena parte de esa responsabilidad, más allá de la ausencia de gol crónica, recae en la falta de control del ritmo de los partidos, algo que precisa del dominio de la posesión, de una defensa agresiva más cercana a la medular que al área propia, y rapidez de movimientos de los hombres de arriba. Eso se traduce en la asunción de más riesgos, una condición a la que pocos entrenadores están abiertos. Pero el Hércules no es un equipo de media tabla, es el rival a batir, y no puede comportarse con un conformismo natural, esa no puede ser la seña de identidad, al menos cuando ejerce como local. Ahí tiene otra tarea ardua el preparador catalán: lograr que Diego Benito, que vuelve a partir con ventaja con respecto a Alvarado y Torres para formar en el once inicial, dé un paso más en su progresión, uno casi definitivo para resultar diferencial, y que con su fútbol, que lo tiene, juegue más hacia adelante que hacia atrás. Él debe dinamizar el ataque, filtrar pases y dibujar diagonales que acaben en gol o, sino, en ocasiones claras, en situaciones de uno contra uno con el portero, algo que ocurrió de forma infrecuente el año pasado.

¿Un técnico, un sistema?

El '4-4-2' que defiende el técnico puede evolucionar

La forma de distribuir a los futbolistas en los espacios define la manera de hacer llegar el balón al área rival. El Hércules de Planagumà, en su 4-4-2 esencial, apuesta por el centro al área para aprovechar la presencia allí de la pareja de delanteros. Sin embargo, el miedo a que el adversario encuentre la espalda de tus laterales, puede llevar a situaciones como la vivida en el play-off, cuando el jugador titular a lo largo del curso acabó en el banquillo por sublimar la tarea defensiva. Los laterales profundos son indispensables en este sistema de juego; primero, porque generan superioridad y desconcierto (nadie tiene muy claro a quién corresponde su marca); y, segundo, porque de sus botas deben salir los centros más rematables. Es más sencillo convertir en gol un balón lateral que viene templado o tenso, que un pase frontal que nace de las botas de un defensa desde el semicírculo central. El Hércules abusó de ello el último curso y eso condenó a la «invisibilidad» a Carlos Martínez y a la frustración a Benja, que malgastó muchas energías pugnando y tratando de bajar balones que le venían de cara a sus defensores.

El camino del gol

No marcar es la llamada al fracaso que mejor funciona

El fútbol es un juego tan formidable que te permite conseguir tu objetivo incluso sin ganar. Pero no hay que convertir eso en un axioma, dado que son muchísimos más los equipos que no logran sus metas cuando no celebran goles. Por eso, el camino hacia la red contraria no puede fiarse a una racha o al olfato de tal o cual jugador. Hay que crear un espacio en el que todo el mundo tenga una función y que todas las funciones se complementen. Ese trabajo también es responsabilidad del preparador. Optimizar los recursos es una faceta esencial (irrenunciable) en el desarrollo de todo jefe de grupos. Planagumà lo es y carga con ese imperativo, uno que exige un gasto de energía mayúsculo. Si tienes la mejor terna de delanteros de tu grupo (incluso de los otros tres) debe trascender el papel y demostrarse sobre el césped. Jona se queda, y más allás de filias y fobias, debe ser un jugador con visibilidad, porque la vida enseña una lección muy valiosa: dentro de un vestuario, todo lo que no suma, resta... Se entiende, ¿verdad?

Juntos y en armonía...

Cuantos más jugadores se sientan importantes, mejor

La meritocracia siempre funciona. Pero la demostración de méritos ha de fraguarse en igualdad. Hay puestos que, «a priori», tienen dueño: Falcón, Felipe Alfonso, Íñiguez, Yeray, Benito, Alfaro, Carlos Martínez y Benja. Eso no significa que cualquier otro futbolista pueda aspirar a ese estatus si tiene ocasión de demostrar su capacidad. Futbolistas como Álvaro Pérez, Fran Miranda o Jona, primeros espadas en cualquier proyecto de la categoría, tienen que aportar —y mucho—, y han de poder hacerlo si la dirección deportiva ha considerado que son activos de la entidad que paga las fichas de todos. La sintonía entre la toma de decisiones en el despacho y a ras de césped debería perseguir una sola meta: el bien del club. Cuando ambos estamentos no van de la mano, la vulnerabilidad gana terreno, y con ella el miedo y la desconfianza, que son terreno abonado para el descalabro a corto plazo. Además del mediapunta Alejandro Alfaro (atado), faltan un extremo zurdo y un central sub-23. Cuando aterricen, el equipo será mejor que el que arrancó el curso pasado. Que se note será la clave para salir de una vez del pozo de la Segunda B.

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