Sobrevivir al vacío, cargar con el silencio, con la ruina de un fútbol huérfano, sin nadie que lo mire, sin aplausos, sin la verdad incómoda de quien juzga, sin aliento externo cuando decaen las fuerzas, sin el propósito de enmienda justo. No se escucha el crepitar de las palmas, han desaparecido los murmullos, los ayes, los desahogos, los burdos y los necesarios. El fútbol se ha convertido en otra cosa, pero en esencia continúa apoyándose en lo mismo: las victorias.

La de ayer del Hércules tiene que ver más con la sagrada equidad de eso tan obtuso y abyecto que llaman karma que con cualquier otro fundamento cósmico. Cuando peor lo estaba pasando, cuando le costaba encontrarse con la pelota, cuando los jugadores de la Peña Deportiva parecían trescientos y los blanquiazules cinco, se produjo una pérdida de balón en el centro del campo que Alfaro, invisible hasta ese instante, convirtió en un esbozo de contragolpe letal que Andreu, sobrepasado –y viendo todo el espacio que dejaba libre– se lanzó desesperado para cazar al onubense.

Su vuelo terminó llevándose por delante al herculano de un modo tan grosero que el colegiado interpretó que merecía un castigo ejemplar. Lo fue. Tarjeta roja. La segunda a favor en siete días. Y, a partir de ahí, todo mutó. Lo hizo para bien. El Hércules se reencontró consigo mismo, y también David Cubillo, que hasta ese caprichoso segundo asistía angustiado a los estragos que estaba provocando la presión alta de Casañ, que rozaba la perfección.

David Sánchez da la segunda victoria de la temporada al Hércules

Con un futbolista menos, los insulares trataron de mantener el dibujo rebajándolo a un 4-4-1, pero –involuntariamente o no– empezaron a ceder terreno, a acercarse a su portero, a dar por buena la posibilidad de certificar otro empate, el que hubiera sido su tercero. La probabilidad se fue desvaneciendo. El Hércules empezó a crecer, la permuta de las bandas entre Borja y Alfaro liberó al alicantino, que inició una relación distinta con el balón. Se sintió más cómodo, tiró desmarques, diagonales, probó suerte con disparos... todo eso que le convierte en un jugador diferente que debería ser capaz de brillar también en igualdad numérica.

Antes de la expulsión, todo era zozobra encarnada en el nerviosismo de Tano. Una maniobra arriesgada de Nani dentro del área dejó una sombra de penalti a la que Lax no dio credibilidad. De haberlo hecho... Cada centro al área encontraba rematador insular, aunque ninguno de ellos requirió de la intervención seria de Falcón, otra matinal más haciendo un esfuerzo ingente por mantener la concentración a falta de fuego real. El primer acto se cerró con un centro de Borja, pasado de fuerza, que Buenacasa intentó convertir en gol arriesgando el pecho. No hubo manera, lo único que consiguió fue estrellarse él con el poste. En el silencio del estadio, asustó el golpe.

Borja, especialmente activo ayer en la segunda parte, se anticipa a su par y busca quedarse con el control de la pelota. alex domínguez

Moyita, cerca de la acción

En la pugna táctica, Cubillo, esta vez sí, encontró soluciones. El intercambio de los extremos mejoró la proyección ofensiva de Raúl y Nani; Buenacasa dejó de recibir únicamente de espaldas y Moyita, inactivo al lado del nueve, retrasó su posición para acabar con las dificultades de Appin para iniciar jugada. Su espacio en la pizarra lo ocupo David Sánchez; Armando, lejos de su mejor versión, se quedó en la ducha, lo mismo que Tano que, con una amarilla, algunos fallos peligrosos y una pelea irritante con Nacho López, le puso fácil al entrenador sacarle de la ecuación.

Con esa estructura, el Hércules se adueñó del partido. Las dos líneas netamente defensivas fijadas por Casañ apenas tuvieron presencia en campo herculano, solo a balón parado. La circulación ganó velocidad, lo mismo que los movimiento sin balón, y Moyita, Borja y Alfaro comenzaron a combinar acciones por dentro y por fuera (en Paterna no sucedió) hasta que, en una de ellas, el pase filtrado del «diez» blanquiazul encontró a David Sánchez, quien, sin dejar de avanzar, se acomodó la pelota a la pierna izquierda y firmó un golpeo hermoso. La parábola descrita desde la frontal del área se coló por la escuadra de Seral. La Peña no se rindió, pero, agotada y en minoría, empezó a ver muy lejos la meta.

La superioridad era notable y las acciones de peligro se sucedían. No entró ninguna, y sorprende, porque tres de ellas fueron clarísimas. Dos mano a mano, uno de Sergio Buenacasa (73’) y otro de Abde, casi al final, no sirvieron para superar al portero balear, que aguantó el pulso sin perder pie y les arruinó la gloria. El delantero centro dispuso de dos situaciones favorables más, pero falló en la ejecución.

El encuentro lo pudo cerrar Moyita. Cazó un balón mal despejado dentro del área y –por desgracia para su buena actuación en la segunda parte–, lo estrelló en el larguero ya con el guardameta balear abandonado a su suerte. No hubo premio, pero lo mereció.

El Hércules fue mejor que la Peña en el cómputo general, aunque fue incapaz de demostrarlo en igualdad de condiciones. Las desgracias fuera del campo tienen compensación dentro de él. Y en ese equilibrio telúrico, irracional, injustificado, ha encontrado Cubillo la manera de evolucionar su proyecto, uno que ya evidencia certezas que no tienen vuelta atrás...

Primer partido de liga en la historia del Rico Pérez con prohibición de público

Desde el 3 de agosto de 1974, el estadio del Hércules no había vivido un partido de Liga con prohibición de público en la grada. La proliferación de contagios en Alicante llevó a la Conselleria de Sanidad a decretar el cierre al público de los recintos deportivos en todas las competiciones, tanto al aire libre como en interiores, hasta que la Liga de Fútbol Profesional (LaLiga) permita presencia de aficionados en los encuentros de Primera y de Segunda. Alicante fue declarada zona de «alto riesgo de contagios masivos» y por eso se ordenó hace dos semanas jugar a puerta cerrada El Hércules encontró el modo de sortear la prohibición, pero el Consell, horas después, corrigió su normativa y ratificó la prohibición.