Hace unas semanas, unos chicos confesaron haber violado a una cerda en el norte de África. No es la primera vez que animales como burros o cabras sufren el ataque sexual de algunos humanos.

A los cerdos se les llama guarros, cochinos y marranos, pero lo que mucha gente no sabe es que son los reyes del sexo. Sus orgasmos duran hasta media hora y sus eyaculaciones alcanzan el medio litro de semen. Es todo tan intenso en sus relaciones sexuales que, durante la monta, algunos machos se duermen.

La hembra es la que decide. Para ella, la atracción física y la confianza con los machos es fundamental. Cuando siente en su cuerpo los síntomas que avisan de su fertilidad, busca un macho que le atraiga. Una vez elegido, le comunica a éste su decisión gestualmente, dirigiendo sus orejas hacia el mismo.

El macho, por su parte, al darse cuenta, se excitará inmediatamente y gruñirá, marcando el terreno con orina, moviendo la mandíbula, rechinando los diente y, literalmente, haciéndosele la boca agua, llenándose su hocico de saliva repleta de feromonas.

A partir de ese momento, sus cuerpos se rozarán y sus trompas se cruzarán hasta que, tras los prolegómenos, llegue la monta. Durante ésta, el macho introducirá su pene en espiral hasta el cérvix de la hembra y, tras varias horas de relaciones y un orgasmo de más de media hora, se producirá una eyaculación de cerca de 10 minutos.

Está claro que es sexo, sí, pero también atracción, roce y confianza. Por eso, se les considera los reyes del sexo animal, de la misma forma que, desgraciadamente, algunos humanos también lo son, pero del sexo no consentido.

El caso se ha conocido recientemente. En África, unos adolescentes han violado a una cerda. Viendo cómo funciona el sexo en estos animales, podemos imaginarnos lo que pudo llegar a sentir esa pobre cerda. No es un hecho aislado. En España, hace unas semanas un hombre fue detenido cuando violaba a una burra. A este último lo descubrió el propietario, a los otros nadie los vio. Confesaron tras acudir al hospital presentando distintas enfermedades transmitidas por el pobre animal.

En cualquier caso, está claro es que los animales son animales, pero algunos humanos, además de burros, son unos auténticos cerdos.