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Mercedes Milá

Mercedes Milá en 'La Roca'.

Mercedes Milá en 'La Roca'.

No hay que darle más vueltas: Mercedes Milá es la televisión. Cada país tiene sus referentes, y en el nuestro, es la Milá la única que cuenta en su haber con más de 3.000 entrevistas en la mochila. La única que habiendo arrancado frente a las cámaras en 1978 (junto a Isabel Tenaille, dirigida por Tola) y continuado después hasta que llegaron las privadas, dirigida por su marido Pepe Sámano, fue capaz de concitar audiencias de veinte millones de espectadores cuando se las veía con Cela, José María García o Massiel.

Esté más o menos modosita que antes, más o menos eléctrica que antes, el caso es que ha vuelto a sentir el chispazo de la primera vez al reunir a una serie de entrevistados de los de antes, y ponerles frente al espejo de lo que dijeron entonces, hace tantos años, con sus hombreras, con sus looks, para volverles a repreguntar ahora. En Milá vs Milá.

La prueba de que su paso por Gran Hermano no sólo no le ha hecho ningún daño sino que la ha engrandecido la vimos bien palpable en la visita de Mercedes Milá a Late Motiv. Quien encuentre veinte minutos de televisión más viva, mordaz, sincera, cómplice, inteligente, que el que nos regalaron Andreu Buenafuente y Mercedes, que me lo cuente, por favor.

Mercedes Milá es para mí el paradigma de una vida plena. De la que nuestras madres, que tampoco se llevaban tantos años con ella, jamás pudieron ni soñar. Ni nosotros. Ni los periodistas que ahora se gradúan. Cuando la Milá nació en Esplugas se dieron unas constelaciones que pocas veces se repiten.

Nos queda el goce de ver de lo que es capaz. Admirar lo que nunca catamos. Sin envidia alguna.

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