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Remigio Soler en el recuerdo de la ciudad

¿Qué debe hacer una sociedad para que sus activos formen parte de su creación vital, intelectual? ¿Es el homenaje, en vida o no, el único recurso para dar continuidad y amplitud a las iniciativas individuales de sus autores y artistas?

Una vez más ha pasado, y ya son demasiadas. Alicante, es decir, las instituciones alicantinas no analizan el trabajo de sus creadores, no saben quién está investigando qué y en qué ámbito tiene efecto su obra. Y si los han estudiado mínimamente, no han sabido proyectar su obra, para informar de lo que somos. No podía ser menos con Remigio Soler. Si no hubiera sido por la iniciativa ciudadana, la de su barrio, Benalúa, no estaríamos hablando de su próxima exposición este mismo septiembre. Pero lamentablemente el artista no estará para disfrutarla, ni sentirá el apoyo de sus vecinos y amigos, de sus políticos; un desafortunado hecho, signo de nuestra gestión de arte, que marca nuestra historia. Al menos la exposición, en este caso, sí se ha conseguido aunque sea post mortem.

Remigio Soler representa una de las trayectorias posibles para el artista en los años posteriores a la guerra: constructor de hogueras, dibujante e ilustrador, pero fundamentalmente escultor y maestro de talla en madera.

Artistas como Henry Moore y Bárbara Hepworth, figurativo y abstracta, en los 50, utilizaron la madera dándole trascendencia en los medios artísticos, para más tarde caer en desuso como materia y técnica tradicionales ante otras urgencias conceptuales, hasta la llegada de Baselitz, a partir de los ochenta, que, heredero de una escuela que relee su historia constantemente, retoma la expresión en madera para dar vía a su concepción transgresora de la figura.

Remigio Soler cumplió con gran rigor un trabajo figurativo y realista, en el que se puede admirar su dominio indiscutible de la técnica de la talla con gubias sobre distintos tipos de madera. Pero, como en otros casos, una peculiar visión de la modernidad rechaza el análisis de obras y autores realmente valiosos para su propio desarrollo. Así la historia de Alicante se muestra gravemente deficitaria en pro de una modernidad mal entendida. Y nuestros autores, nuestras pequeñas y grandes revoluciones permanecen ocultas, es decir, sin ser estudiadas, valoradas, por teóricos, críticos y artistas.

Remigio Soler cumplió, dentro de un ambiente poco proclive a aventuras plásticas, con su labor creativa en una imaginería religiosa más que digna, siendo un ejemplo de coherencia con la herencia recibida. Supo estar ahí, mantuvo viva la llama de su expresión figurativa, pero con esos atisbos de originalidad que su mente le iba dictando.

Es muy interesante que se haga historia con esta exposición. Es muy necesario recuperar a estos artistas, que sin ser obligatoriamente rompedores han sabido transmitir con sus obras el amor a su profesión y a sus conciudadanos, y por supuesto, a su ciudad.

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