Opinión | Correo urgente
Marisa Navarro
Llámame por mi nombre
Luca Guadagnino es un realizador de cine italiano, cuya película Llámame por mi nombre, relata una historia de amor protagonizada por un joven estudiante, atlético y viril, que pasa un verano con unos amigos italianos y el hijo de esta familia, con una trama que se pretende sensual y emotiva, describiendo conexiones emocionales y químicas, en la apasionada relación que surge entre ambos.
Y se trata de un filme que viene avalado por numerosos reconocimientos, como son sus nominaciones a los Oscars, a los Globos de Oro y a los premios BAFTA, pero que me resulta largo y tedioso, no captando mi atención y estima, salvo en momentos puntuales como la escena de la conversación entre padre e hijo, plena de cariño y respeto, sensibilidad y afecto, o el largo primer plano del protagonista en los títulos de crédito.
Termina la película y vienen a mi mente algunas cuestiones planteadas por la misma, como la plenitud que representa la pasión correspondida o la belleza y el recuerdo del primer amor, pero del mismo modo también ello me lleva a reflexionar sobre la falta de correspondencia en ocasiones, en el enamoramiento o el deseo, que también puede darse, pues dependen de las emociones que se mueven dentro de cada uno y de los sentimientos que surgen en las relaciones, que en ocasiones activan la atracción y en otras no.
Y es que, y por otro lado, un amor sano no tendría que hacer sufrir, pues en él se recibe y también se da, ya que las parejas se forman para aumentar la felicidad, aunque en ocasiones el sueño con amores platónicos puede llegar a ser una fuente de sufrimiento.
Ya que sentirnos como si nos faltase algo, o como si tuviéramos un vacío que tenemos que llenar, puede también causarnos ansiedad y frustración por una desesperada búsqueda, que quizá tampoco nos va a satisfacer plenamente, pues puede que una vez que se obtiene lo que supuestamente nos iba a completar, lo obtenido en realidad nos decepcione, y no cumpla las expectativas que se anhelaban.
Y ello porque muchas veces pensamos que la felicidad está en otra parte, y que si pudiéramos acceder a ella se acabaría nuestra insatisfacción, y puede que finalmente descubramos que no es así, y que ya contamos con todo para sentirnos plenos y felices, si fuéramos capaces de valorar y apreciar lo que tenemos.
Como hacen los protagonistas de Llámame por mi nombre, que viven una apasionada historia de amor, que va más allá de sexos y de suspicacias, sin importar opciones sexuales, sino únicamente emociones y sentimientos profundos y emotivos, en una contemplación y disfrute del momento presente que a todos nos gustaría vivir.
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