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Cómo ser un estoico

Hoy las recetas del estoicismo antiguo mantienen su plena vigencia, según Massimo Pigliucci

Massimo Pigliucci, italiano de nacimiento y de educación y raíces, se traslada a Estados Unidos y desarrolla allí su carrera como filósofo, en el City College de Nueva York. Parece que es este ritmo de vida neoyorquino el que le imprime una dirección peculiar a su filosofía. Además de la enseñanza teórico académica, aspira con su trabajo a promover plataformas digitales y actividades que partiendo de la filosofía antigua puedan servir de aplicación práctica y remedio de algunos de los males de la vida moderna. Este libro, Cómo ser un estoico, es un ejemplo de ese propósito. Son muchos los que hoy reconocen en el estoicismo un modelo filosófico aplicable a los problemas del presente. Viktor Frankl desarrolla su logoterapia partiendo de la sabiduría estoica y en su novela El hombre en busca de sentido puede verse cómo lo emplea. Albert Ellis aplica la terapia racional emotiva conductual también apoyado en el estoicismo. James Stockdale, conocido por su In love and war, ha narrado cómo utilizó, prisionero en un campo vietnamita, los principios estoicos para sobrevivir.

Aaron T. Beck confiesa también que en Cognitive therapy of depression los estoicos vienen habitualmente en su ayuda. Y, para acabar con otro ejemplo, la Terapia Cognitiva Conductual (CBT, en inglés) reconoce su deuda con el estoicismo en el desarrollo de las prácticas aplicadas a la depresión y a otros trastornos mentales. El trabajo de Pigliucci se inscribe, como él mismo nos apunta, en este mismo contexto donde el estoicismo y la exigencia de terapias se unen para afrontar las calamidades y las inclemencias que nos llegan. Sin embargo, si Frankl, Ellis, Stockdale, Beck y la CBT se centran en las patologías o en experiencias extremas, el filósofo italiano pretende aplicar la filosofía estoica, además de a problemas que suelen conmovernos (como la ansiedad o el deseo de suicidio), a la trivial conducta cotidiana, con el fin de aprender a sufrir lo menos posible a la vez que nos hacemos virtuosos. Reconoce que Sócrates, Platón, Aristóteles, Epicuro o los cínicos pueden ser un modelo válido para las exigencias de algunos, porque no quiere imponer su preferencia por los estoicos como un dogma. Pero es una realidad que el estoicismo contiene un proyecto de vida versátil y abierto a muchísimas circunstancias. Y de todos los posibles maestros estoicos, Zenón de Citio, Crisipo, Séneca, Marco Aurelio y los demás, selecciona a Epicteto como su mejor mentor. Las doctrinas de este esclavo liberto de principios del siglo II quedaron recogidas por sus discípulos en las "Disertaciones" y en el "Enquiridión".

En diálogo con ellas se desarrolla la mayor parte de los contenidos del libro, que en ocasiones adopta la forma de una discusión entre Pigliucci y Epicteto, cada vez que las doctrinas antiguas parecen no adecuarse bien a los problemas modernos. Pero, a la postre, se acaba comprobando que al indagar suficientemente en aquellos textos, se encuentra prácticamente siempre una respuesta adecuada a las pegas que salen al paso. La idea de que un estoico es "alguien que ha asumido el sufrimiento" queda desechada como simplificación oscura. El programa de vida de un estoico, por más que tenga concomitancias con el budismo, por ejemplo, no es nada pasivo sino, al contrario, exigentemente activo. Ha de aprender a diferenciar entre los deseos y a desear solo aquello que dependa de uno mismo. Y ha de tratarse de una gestión racional del deseo, esto es, en concordancia con la vida social y, por tanto, que busque el bienestar personal a la vez que se procura la justicia en el conjunto. ¿Por qué? Porque como seres racionales, no podemos dejar de extender el círculo de nuestros afectos desde nuestro yo a nuestra familia y de ahí a nuestros amigos y después a nuestros vecinos y a nuestros conciudadanos y compatriotas hasta llegar, en definitiva, a toda la humanidad. El espíritu cosmopolita, es sabido, fue una conquista del estoicismo antiguo. ¿De dónde le viene la fama al estoicismo de su tendencia a la renuncia? Sí, por supuesto, un estoico no va a desear aquello que no esté a su alcance, y tampoco va a sufrir por ello. Pero esto no comporta una renuncia sino un autoconocimiento.

El "sustine et abstine", soporta y renuncia, no tiene un sentido pasivo, no hay propósito de resignación, sino que da más bien la medida activa del campo que abarca la ética estoica: si fallan las circunstancias propicias, si los placeres de la vida se nos niegan, si todo se conjuga en nuestra contra, un aristotélico o un epicúreo se quedarán sin estrategia idónea de vida, ¿y un estoico no? Aquí reside precisamente su potencial práctico, porque siempre que le quede la posibilidad de obrar virtuosamente sigue teniendo todo lo humanamente esencial; el resto son "bienes" (cosas deseables), sí, pero son solo "indiferentes" preferibles. Lo que ha conseguido el estoicismo es aquilatar en un solo deseo todo lo esencial, y ese deseo solo depende de uno mismo, tras un entrenamiento continuo: vivir conforme a la virtud. Imagínate, si además de una vida virtuosa, tienes riquezas, comodidades, amistades y placeres. No tienes por qué renunciar a ello.

El ascetismo no es un fin en sí mismo, es solo un medio a ponderar. Pero imagínate que te faltara la virtud, ¿qué tendrías en realidad? Ese es el punto de inflexión donde quienes son estoicos pueden reconocerse. Ahora bien, la virtud no viene dada, hay que descubrirla y construirla racionalmente. De ahí que haya que proveerse de un cúmulo de reglas prácticas. En ellas indaga Cómo ser un estoico

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