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ADDA-Simfònica

Una actuación de sobresaliente

11 enero 2019 20 horas.

Varvara Nepomnyashchaya, solista.

Yaron Traub, director.

Nos cuesta mucho bajar a las grandes figuras de la música clásica de sus pedestales. A fuerza de convivir con ello hemos crecido con la idea de que su consagración ha sido innegable desde un primer momento. Pero esto no es cierto. Ni siquiera a figuras como el compositor alemán Johannes Brahms les ha correspondido la fama y el reconocimiento continuo. Y ya no solo es que una vez desaparecido se pusiera en duda la conveniencia de sus obras a las que algunos críticos consideraban «aburridas», sino en su propia vida las dudas y los golpes también le acechaban de manera perpetua. Por un lado, su oportuna -e inconsistente- seguridad por la calidad de su obra le hacía someterla una y otra vez a la opinión de sus amigos, entre otros a Clara Schumann, pidiéndole una valoración y posibles cambios en sus obras, cambios que, de cualquier manera, no solía llevar a cabo. Por otro, a pesar de que desde sus primeras obras generó un entusiasmo más o menos generalizado -Robert Schumann lo saludo entusiastamente como el esperado «Mesías» de la música- cosechó sonoros fracasos o al menos frías acogidas como la que obtuvo su Concierto para piano nº 1 Op. 15 en re menor. Bien es cierto que el hecho de que utilizara el día de su estreno un piano vienés que tenía como mejores virtudes la ligereza y el sonido íntimo no era el medio ideal para asegurar el éxito de un concierto cuya escritura del solista requiere de un sonido potente y con brío. Pero, además, la obra miraba -con su introducción clásica o esa conclusión de la orquesta sin el piano- al pasado en la Europa de las revoluciones. Así era Brahms «el progresista» como lo denominaría el progresista de los progresistas, el compositor Arnold Schoenberg.

Realmente en este sentido, mirada hacia el pasado, Brahms era un compositor muy cercano a Felix Mendelssohn cuya música dominó el concierto que la orquesta de la Diputación de Alicante -ADDA Sinfónica- realizó en la Sala Sinfónica de dicho auditorio bajo la dirección de Yaron Traub, un director que aun cuando se estrenaba con la orquesta nos ha acompañado en varias ocasiones en este auditorio. La orquesta, esta vez sin la magnitud de efectivos del día de su estreno, realizó un concierto sobresaliente con un repertorio siempre comprometido -la obra del compositor de El sueño de una noche de verano es delicada hasta la extenuación- que fue dirigido con rigor y seriedad por el director israelí. No menos comprometida es la obra que nos trajo por segunda vez en esta semana -el lunes nos visitó en la Sociedad de Conciertos- a la pianista Varvara Nepomnyaschaya -Varvara- con el citado primer concierto de Brahms. A pesar de los desajustes inevitables -hay que tener muy rodada esta obra para que eso no pase y, de cualquier manera, es parte de la emoción del directo- la interpretación fue muy convincente por ambas partes con una solista que se mostró tremendamente segura y bien proyectada y una orquesta que siguió con apoyo y entusiasmo la ardua tarea a la que se enfrenta el solista en esta partitura.

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