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Gerardo Muñoz

Momentos de Alicante

Gerardo Muñoz

Fuentes públicas (I)

Las primeras fuentes públicas monumentales aparecieron en la ciudad de Alicante en el siglo XVIII. Eran fuentes que combinaban la utilidad con el ornato. Solían estar rematadas con una escultura y, en su mayoría, eran obra de los arquitectos Lorenzo Chápuli y Vicente Mingot. A fecha de hoy, todas ellas han desaparecido a excepción de la que hay en la plaza de la iglesia de la Constitución de Villafranqueza y que, según Rosa M.ª Castells, posiblemente antes estaba en la plaza de las Barcas (Gabriel Miró), pero sin el remate escultórico.

Hasta entonces, las fuentes que había en la ciudad eran funcionales, tenían como única misión abastecer de agua potable al vecindario. Aunque fueron disminuyendo en número, coexistieron con las ornamentales en las calles y plazas alicantinas durante los siglos XVIII y XIX. Tras la traída de aguas de Sax, volvieron a instalarse sencillas fuentes de fundición de hierro colado, sustituyendo en muchos casos a las ornamentales.

Una de aquellas antiguas fuentes que ya existía al comienzo del siglo XVII, alimentada del manantial de la Fuensanta, se hallaba en la plaza de San Cristóbal. Fue sustituida por otra construida por Chápuli en 1771, con cuatro caños y rematada con una figura femenina, que a su vez fue sustituida en 1896 por una de hierro fundido y también de cuatro caños, que estuvo colocada frente a la farmacia de los Soler hasta 1974, que fue desmontada para la construcción del parking subterráneo. Agatángelo Soler se la llevó con permiso municipal a su casa de la Albufereta y, en enero de 2001, sus descendientes la devolvieron al ayuntamiento para que fuera instalada de nuevo en la plaza, aunque sin suministro de agua.

En la plaza de las Barcas (hoy, Gabriel Miró) había una fuente a principios del siglo XVIII que, en 1737, fue reemplazada por otra de cuatro caños y rematada por una escultura que representaba a la Fama. A mediados del siglo XIX fue sustituida por otra ornamental, diseñada por el arquitecto Francisco Morell, rematada con una estatua de Neptuno realizada por Manuel Palacio. La plaza, que entonces se llamaba de Isabel II, tenía otras tres fuentes funcionales que abastecían de agua a los vecinos. Para inaugurar la traída de aguas de Sax, la fuente ornamental fue sustituida por otra, con una rocalla que ocultaba un caño por el que se lanzaba un chorro vertical de hasta 25 metros, inaugurada el 16 de octubre de 1898. Veinte años después, Vicente Bañuls levantó sobre la rocalla su conjunto escultórico conocido como «La Aguadora», realizado en cemento con polvo de mármol sobre estructura de hierro y compuesto por varias figuras: un sileno con cola de pez que tiene agarrado a un ganso, otros dos silenos que vierten agua por sus bocas y un fauno sentado sobre un animal monstruoso. Sobre el fauno escancia el agua de un cántaro la figura femenina que culmina la obra, para la que sirvió de modelo la hija de uno de los trabajadores que construyeron la fuente, Susana Llaneras Rico, que tenía 17 años.

Del siglo XVIII es también la fuente titulada «Niño flautista», un conjunto escultórico realizado con mármol blanco y formado por tres delfines con las colas enroscadas, sobre los que se asienta un niño que toca la flauta. Estaba esta fuente en la finca Buena Vista que Manuel Prytz donó a la República en 1933. Nueve años más tarde fue colocada en el parque de Canalejas, donde aún sigue.

SIGLO XIX

Había una fuente funcional en la plaza Balmis que fue trasladada, ya en el siglo XX, a la plaza del General Mancha y que, en 2014 regresó a su lugar de origen.

También servían para suministrar agua al vecindario la que se instaló con dos caños en la plaza del Puente en 1859, sustituida al principio del siglo XX por una de hierro fundido y un caño, que fue a su vez reemplazada en la década de 1960 por otra más esbelta y de dos grifos, que todavía sigue, pero sin servicio; la también de hierro fundido que sustituyó en 1901 al kiosco-fuente que en 1881 el marqués de Benalúa instaló en el paseo de los Mártires; y la que se colocó en la carretera de San Vicente en 1899.

Más ornamentales eran las dos fuentes que fueron instaladas junto al Panteón Quijano a mediados del siglo XIX, diseñadas por el arquitecto Francisco Morell: la pareja de ranas cuyas bocas esconden surtidores por los que manan chorros de agua que caen sobre un estanque de piedra y la alberca en la que vierten ocho caños de agua con un mascarón enmarcado por una concha de Venus flanqueada por cuernos de la abundancia. Antes de la construcción del panteón, había en este lugar una fuente de piedra que, en 1853, fue sustituida por otra diseñada por Emilio Jover, la cual fue reemplazada en 1881 por un kiosco-fuente diseñado por Pascual Pardo Jimeno. A primeros del siglo XX el kiosco-fuente fue retirado y en su lugar fue instalada una sencilla fuente de fundición, que a mediados de siglo fue sustituida por otra traída del antiguo cementerio de San Blas: un pilar en cuyo frente hay una imagen de San Agustín resguardada en una hornacina y con un grifo que todavía hoy vierte agua.

En 1861 se instaló en la plaza de la Misericordia una fuente vecinal con un grifo metálico, que fue sustituida en los primeros años del siglo XX por una de fundición y, en 1927, por otra de dos grifos. Desde hace años, estos dos grifos se encuentran en la boca de un pez barbudo y la fuente sirve de soporte para cinco farolas.

En 1862 se instaló en la plaza del Progreso (Santísima Faz desde 1921) una fuente que Francisco Morell diseñó con cuatro máscaras femeninas por cuyas bocas vertían agua los caños. Fue sustituida a principios del siglo XX por una fuente de hierro colado con dos grifos, que fue desmontada en 1959. Al año siguiente se inauguró en este lugar una fuente diseñada por Adrián Carrillo García, realizada con piedra de El Campello y con dos piletas. En una está el escudo de la ciudad y en la otra aparece representada la Verónica mostrando la sábana de la Santa Faz.

En la plaza del nuevo barrio de Benalúa (Navarro Rodrigo) fue instalada a finales del siglo XIX una fuente abastecida con agua de la Alcoraya, por orden del marqués que daba nombre al barrio, copromotor del mismo y dueño del manantial. Fue sustituida tras la traída de aguas de Sax a finales de siglo por una fuente de hierro fundido y cuatro grifos, que en 1911 fue trasladada a otro lugar de la misma plaza. En 1977 fue reemplazada por otra más grande y ornamental, diseñada por el arquitecto Miguel López. Iluminada por siete colores distintos proporcionados por 45 proyectores, cuenta con un chorro central vertical, rodeado por un anillo de agua pulverizada, además de otros seis chorros verticales y doce parabólicos.

Aguas Municipalizadas de Alicante editó en 2009 el libro «Fuentes públicas en la ciudad de Alicante», de Rosa M.ª Castells González y Sergio López Serrano. Mi agradecimiento a Martín Sanz.

www.gerardomunoz.com

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