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La ambigüedad del ser humano

La respuesta compleja y admirablemente cohesionada de Pérez Herranz a la pregunta sobre los cambios en nuestra naturaleza animal

Después de Lindos y tornadizos (2016), Fernando Miguel Pérez Herranz vuelve a sorprendernos con este libro de envergadura, Ambiguus Proteus. Llama la atención que sea una obra tan heterogénea, con sus cincuenta y dos subcapítulos, y a la vez tan unitaria. La argumentación de Pérez Herranz se entrevera con la de otros setecientos autores congregados en el libro, desde Homero a Richard Feynman, entre los cuales algunos resultan ser los personajes principales: Spinoza, Marx, Husserl, Merleau Ponty, René Thom, Gustavo Bueno, Marc Richir y Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina. Y junto a estos, el nervio filosófico constituido por el pensamiento hispánico -en su mayoría judeo-converso- de los siglos XVI y XVII, desde Francisco de Vitoria hasta Calderón, pasando por Teresa de Jesús, fray Luis de León, Cervantes o Gracián€ que resultaría ser un pensamiento enfrentado a la deriva del pensamiento hegemónico occidental -el del ego cartesiano excesivamente individualista- incapacitado para evitar las tres catástrofes bélicas del siglo XX: las dos guerras mundiales y el exterminio étnico programado de la Shoah. Y el tema de fondo a resolver es cómo conjugar los tres estratos que constituyen al ser humano: su finitud natural, sus infinitas posibilidades y esa otra realidad que es la cultura. Para ello, el profesor de la Universidad de Alicante investiga en tres vertientes: histórica, científica y la estrictamente filosófica. Veamos. En la senda de la topología (ciencia matemática) y siguiendo a René Thom, opera para sustituir la lógica tanto positivista como metafísica, que va desde Aristóteles a Nietzsche o Heidegger o Wittgenstein, por otra más fértil, donde la separación cuerpo/alma queda desfasada, porque ahora se trata de las características topológicas del ser humano, pues lo corpóreo-anímico se interpreta como morfología de los cuerpos que se transforman sin fin aunque sometidos a invariantes. En segundo término, la teoría del cierre categorial de Bueno marca la senda correcta de cómo ha de interpretarse el problema de la verdad científica, pero el creador del materialismo filosófico se equivocaría de pleno, según Herranz, al identificar al "sujeto católico del imperio español" como personaje llamado a desenredar el momento histórico actual. En su lugar, el filósofo abulense-alicantino-asturiano propone otro modelo de ser humano, universal y constructivo, diferente al hegemónico de los últimos siglos -hijo de Lutero, Descartes, Hegel hasta llegar a Heidegger y la justificación del nazismo-, pero también distinto a su antagonista católico imperial, y lo encuentra en la tradición del pensamiento hispánico que queda representada en Vitoria y su defensa del derecho universal de todos a comunicarse con todos (Ius communicationis). Dicho de otro modo, entre los siglos XII y XVII, y muy singularmente en el Siglo de Oro español, se identifica un pensamiento fértil y poderoso, cuyo principal florecimiento tiene que ver con el fenómeno del converso: judíos convertidos al cristianismo pero que siguen perseguidos, en tanto que "tornadizos", que no pudiendo ser "lindos", porque su sangre no sería limpia, despliegan su identidad como médicos o como místicos o como intelectuales que aspiran a otro tipo diferente de entender la humanidad, y ahí converge en gran medida el siglo de oro literario y filosófico de la monarquía hispánica. Y, en tercer término, el filósofo español defensor de la "semántica topológica" reconoce que este modelo humano alternativo (el del Ius communicationis) coincide con el que busca Husserl -tras su denuncia de la crisis europea- y el que prosigue MerleauPonty y Richir, todos ellos retomados por Urbina en su Estromatología, a la que se acoge, con algún matiz, el autor de Ambiguus Proteus. Pérez Herranz estima que la tripartición del ser humano propuesta por Urbina encaja con sus análisis (Valor, Exceso y Morfología): hay un sujeto que se mueve entre los objetos del mundo y que en su relación con los otros sujetos es fundamentalmente un creador de Valor, a través del trabajo (Marx). Hay, en segundo lugar, un "Exceso" que comparten todos los seres humanos, en el nivel originario y salvaje aún sin normalizar y que es la fuente de todo lo bueno y lo malo que sobrevendrá. Y hay un tercer estrato, cuya función es hacer de intermediario entre el nivel básico de los Valores de la supervivencia y el nivel humano del Exceso, en el que todos somos constitutivamente iguales, todavía no "subjetividades de un ego" sino una "comunidad de singulares" (donde, por ejemplo, el modo de comunicación entre los niños recién nacidos y los adultos puede operar). Y aquí se inserta la contribución específica de Herranz, que es una confirmación de la estromatología a la vez que una nueva propuesta: el "morfologismo filosófico" de un ser humano esencialmente ambiguo -abierto a una identidad virtualmente cuasiinfinita (Proteus)-, que tiene como función encontrar el mejor camino histórico que le lleve a conciliar su "Exceso" (origen de una igualdad humana radical) con su supervivencia cotidiana (origen de la lucha por el Valor), en la senda de una cultura y de un mundo simbólico que llega de hecho a establecer mediaciones erróneas. Se tratará, así pues, de buscar las mediaciones idóneas, y aquí será vital, primero, no caer en la ingenua evasión que lleva a las soluciones supersticiosas (reveladas o no), ni tampoco quedar atrapados en el reduccionismo de la Tecnociencia, que promete solucionar todos nuestros problemas afirmando que la ciencia y la tecnología se harán a partir de ahora cargo de esa mediación necesaria. Sí, es verdad, la mediación se hace colectivamente, pero solo porque la lleva a cabo también cada individuo personalmente. Francisco de Vitoria, el pensamiento hispano-converso, Spinoza, la estromatología y el morfologismo filosófico -ya que en filosofía hay que elegir entre diversos caminos- marcan la senda a seguir para que el Ambiguo y polimorfo ser humano (Ambiguus Proteus), se equivoque lo menos posible: esta es la tesis de Herranz.

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