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Semana y media

De Cayetana al coronavirus

Lunes

LA MUSA

La portavoz del PP en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, no es una persona simpática, lo que hasta cierto punto resulta obligado cuando se lucen los apellidos de la Casa de Alba y un doctorado en Historia por la Universidad de Oxford. Una de las características más idiosincrásicas del político español es la simpatía natural, casi un reflejo emblemático del carácter que se nos suele atribuir, por lo que raramente prospera el candidato sin gracejo espontáneo ni empatía tierna con el populacho (una excepción estruendosa es Aznar). Sánchez, Casado o Iglesias son personas esencialmente agradables si prescindimos del prejuicio político; Cayetana Álvarez de Toledo parece seguir dieta de guindillas y tiende a digerirlas en público. Ahora ha provocado un motín bastante farisaico con unas declaraciones obvias sobre La Sexta y otras pesadas cuestiones, que en realidad son el quejío de una constitucionalista de 1978. Digo que son obvias para Álvarez de Toledo, pero no para los propietarios de la cadena, un pintoresco conglomerado que, entre anuncio y anuncio de Matías Prats, en un dial promociona a Podemos y en otro los concursos para jubilados.

Martes

PARECIDO RAZONABLE

Siguen fructificando la «fortaleza y unidad del Gobierno» de las que presumió Iglesias hace una semana. El primer desconchado en el pórtico de la cohesión progresista fue un incidente diplomático con Marruecos; el segundo es un proyecto de ley de libertad sexual elaborado por el sector podemita del Gobierno que ha sido rechazado por sus compadres socialistas con suavidad mejorable: «Una chapuza». El autor de este dictamen es anónimo aunque todos los medios coinciden en el espíritu de la trifulca y su densidad argumental; siempre dicharachero, Iglesias ha acusado veladamente de machista al ministro de Justicia y de rencorosa a la vicepresidenta Calvo, lo que es doblemente sorprendente viniendo de un tipo que fantaseaba con azotar a una presentadora de televisión y parió el mantra de la «fortaleza y unidad». Tal vez el rifirrafe no pase de duelo doméstico por sujetar la pancarta de la kermés feminista convocada para el domingo, tal vez haya cuentas pendientes entre Carmen Calvo e Irene Montero y ni siquiera el Marqués de Sade imaginaría reyerta más despiadada que una entre dos mujeres que además son ministras. Continuará.

Miércoles

EL REGUERO

El tobogán de temperaturas de los últimos días me ha acatarrado y todo el mundo me mira como si fuera la niña de «El exorcista». Confirmando el vaticinio de la OMS, el coronavirus va extendiéndose por el mapamundi, ha llegado a los hasta ahora indemnes Estados Unidos y por doquier brotan los «pacientes cero» que desencadenaron el contagio de su cargamento vírico. El temor sigue siendo mayor que el peligro y cada recomendación sensata de las autoridades presenta el flanco vulnerable del «uy, uy, uy», el sonsonete de todos los cenizos desde Casandra. Ayer, la OMS aconsejó pagar con tarjeta y, en caso de manipular efectivo, lavarse después las manos. Filosofando involuntariamente, la OMS explica que «el dinero puede recoger todo tipo de bacterias y virus». Es una medida casi estéril en España, donde muchos establecimientos no admiten el pago con tarjeta por debajo de cierta cantidad y todavía no existe la cultura de desenvolvernos sin monedero ni billetero. Además, para pagar con tarjeta se precisa una cuenta bancaria con saldo positivo y qué les voy a contar.

Jueves

COSAS NUESTRAS

Leo esta mañana que Moncloa ha señalado a Sanidad como única autoridad en coronavirus. Bueno, no esperaba que fueran el ministro de Industria o el de Cultura, pero vivimos tiempos insólitos y, francamente, he comenzado a desechar las explicaciones más razonables en cuanto detecto la presencia de una cuadrilla de ministros. La razón de este comunicado de Moncloa digno de un parvulario es que el Ministerio de Trabajo distribuyó una guía para la gestión del coronavirus que logró el raro efecto de ser criticado al alimón por patronal y sindicatos. En otra prueba más de «fortaleza y unidad», la ministra Yolanda Díaz ha sido desautorizada y será su colega de Sanidad quien se ocupe de un problema sanitario, venga el maestro Ciruela y lo vea. Tras esta lectura esencialmente cómica, reparo en un titular contiguo que me tonifica con mayor intensidad que el vodevil ministerial: «Científicos chinos hallan la proteína humana por la que el coronavirus penetra en el organismo». La explicación técnica del proceso resulta ininteligible para un estudiante de letras como yo, pero es paradójico que sean precisamente chinos los pioneros en el hallazgo de «compuestos terapéuticos antivirales». Supongo que se refieren a un medicamento.

Viernes

BONJOUR, TRISTESSE

Aprovecho el monótono viaje en el AVE para leer «Rebeldes privilegiados: un análisis longitudinal de rasgos económicos distintivos del secesionismo catalán», el título inequívocamente académico de un estudio que han publicado tres profesores de universidades catalanas sobre las coordenadas geográficas, culturales y socioeconómicas del independentismo.

El análisis incluye a casi 90.000 encuestados en 44 barómetros de la agencia de sondeos de la Generalitat durante el periodo 2.006-2.019 que sirven a los autores para elaborar una marabunta de gráficos y extraer dos conclusiones tajantes: el «procés» no es un fenómeno transversal ni es un movimiento espontáneo surgido de arriba abajo. Por el contrario, obedece a una segmentación lingüística, territorial y económica y lo gestaron las castas políticas. Aunque ellos utilicen un lenguaje riguroso, están describiendo un híbrido del barbudo de Altamira negándose a compartir la caza con sus compañeros de cueva y un Narciso con barretina admirándose frente al espejo. Reconforta toparse con tres investigadores concienzudos a quienes, por otra parte, nadie hará caso porque los tipos que queman contenedores no saben leer y los que sí saben son precisamente los padres del engendro.

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