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Opinión

La lotería política del COVID-19

La sonora bofetada que el Gobierno de Pedro Sánchez nos propinó el viernes a buena parte de la población de la Comunidad Valenciana al impedirnos entrar en la fase 1 de la desescalada me recordó los jupiterinos cabreos que mi padre se pillaba cada vez que en los años 70 y 80 se retransmitía el festival de Eurovisión. Nuestros fracasos en la puntuación que nuestros socios europeos nos negaban, seguramente con razón, los recibía mi padre con el mismo comentario: «¡Política. Es solo política!».

He intentado desde el viernes por la noche, cuando se anunció la decisión, y ayer durante todo el día buscar una explicación que justifique esta aparente lotería de la desescalada. Es difícil porque las decisiones del Gobierno en materia sanitaria requieren de fe auténtica: ellos no consideran necesario explicar sus actos. ¿Razones sanitarias? Encontré el gráfico que acompaña este artículo y que refleja los datos oficiales del Ministerio del jueves a las 21,00 horas de la noche. Fíjense con atención en las cifras, especialmente las de la quinta columna (qué casualidad) que reflejan la IA (Incidencia Acumulada por 100.000 habitantes) en cada comunidad durante los últimos 14 días. En la parte alta están los de alta incidencia, los que más casos han tenido en esta referencia. Notarán que a los del grupo de cabeza se les ha negado a todos pasar a la fase 1: Madrid, Cataluña y Castilla La Mancha y Castilla y León, que son los grandes focos de la pandemia en España y es lógica por tanto la negativa. Pero hete aquí que empiezan las excepciones: Navarra, La Rioja, País Vasco, Galicia... Comunidades que tienen niveles más altos que Madrid de IA, de repente están en el nivel 1. Pero vayamos a la zona baja de la tabla, donde se supone que están los que tienen un IA más bajo y debían ser, por lógica, los mejor preparados para la desescalada. Todos pasan. Todos, salvo la Comunidad Valenciana y Andalucía. La comparación, como todas las de su clase, ofende porque a la comunidad andaluza le han dejado fuera de la fase 1 a Málaga y Granada, solo. Sin embargo a nosotros, con una envidiable IA del 13,5 (refrendada ayer en Alicante con otro dato: el primer día sin víctimas mortales desde el 16 de marzo) nos dejan fuera las zonas más pobladas de las tres provincias. A eso hay que añadir la sorprendente forma de tergiversar lo que la Conselleria había pedido en cuanto a la situación de los distritos sanitarios de la provincia de Alicante que estaban con peores cifras para iniciar la desescalada. Casi todos los que desde el Consell se reclamó que no pasaran, han pasado. Y los que se consideraba mejor preparados, Alicante y Elche entre ellos, se les ha dicho que no. Si a esto se suma lo imprevisible de la decisión, nadie lo esperaba cuando el mismo jueves una ministra elogió a la consellera Barceló la documentación presentada como «de matrícula de honor», entenderemos que algo muy gordo ha debido pasar aquí. ¿Y si no es por razones sanitarias, qué ha pasado? Política, solo política.

Un indicio del que les damos amplia información hoy en estas páginas es el cabreo jupiterino, como los de mi padre, que parece haberle producido esta decisión a Ximo Puig. Hace bien porque el bofetón de su ¿compañero de partido? y presidente del Gobierno de España es de los que hacen época, aunque la onda expansiva haya impactado también en el rostro de todos los habitantes de la comunidad que nos hemos quedado compuestos y sin fase 1. Hace bien porque ver el espectáculo de a quién premia el «César» de Moncloa, ese Norte que nunca acaba de tener suficiente, que es quien realmente le interesa en este brete, es una sinfonía de la peor política.

Indudablemente , todos en la Comunidad Valenciana, las tres provincias y todas sus comarcas y distritos sanitarios, merecíamos pasar. Y no es localismo de tercera. Hemos hecho los deberes con uno de los confinamientos mejor cumplidos, según la encuesta que ha dirigido Nuria Oliver, de toda España, y los óptimos datos de incidencia de la pandemia, además de una gestión aceptablemente buena desde el Consell, son hechos incontestables. Pero la lotería les ha tocado solo a unos, que disfrutarán desde el lunes de un poco de esa libertad perdida. Nos alegramos por ellos, faltaría más. Pero, los otros, los discriminados, necesitan algo más que grupos de expertos anónimos que toman decisiones que nadie explica en el gobierno que luego las aplica. Sin transparencia, hasta la democracia más sólida acaba convirtiéndose en un engendro totalitario.

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