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Reconstrucción sí, pero con todos los agentes sociales

En estos días hemos leído como las fuerzas políticas de nuestro Ayuntamiento, el de Alicante, se han puesto de acuerdo para formar una comisión y cinco subcomisiones, con el objetivo de garantizar la reconstrucción social y económica de la ciudad. El objetivo es aprobar cien medidas que garanticen que las alicantinas y los alicantinos salgamos de esta crisis sin dejar a nadie atrás.

La vicealcaldesa ha hecho caso a la demanda del sector turístico, azotado de manera considerable por las consecuencias de la COVID-19, y ha contado con representantes del mismo en esta comisión y subcomisiones que se han generado en el seno del Ayuntamiento. Ha obviado, como siempre, el siguiente apellido de su cartera como segunda de a bordo del equipo de gobierno; las personas LGTBI volvemos a no tener representación, pese a existir un área específica, en la política municipal.

El tercer sector, al que pertenecemos las entidades LGTBI, ha sido el gran garante de los derechos y libertades de la población del Estado no se vean mermados. Desde Diversitat, colectivo LGTBI referente en Alicante, hemos atendido más de doscientas consultas tanto desde el ámbito psicológico como el jurídico, habiendo procedido a la presentación de varias denuncias que seguirán, durante los próximos meses, su curso en los juzgados.

Sin embargo, la pandemia y sus circunstancias, ha silenciado nuestra actividad diaria. El coronavirus nos ha obligado a estar bajo encierro, pero no ha acabado con las agresiones a un colectivo al que, tanto el discurso de la extrema derecha como el silencio cómplice de algunas administraciones, siempre ataca. No somos un juguete ni maquillaje político; vaya por delante que esta reivindicación la hemos llevado por bandera desde el inicio social de nuestro colectivo. Tampoco somos una foto; no queremos que nos acompañen en la manifestación del Orgull D'Alacant sino se toman en serio a la diversidad y sus necesidades específicas.

El colectivo LGTBI, como otros contra la pobreza y la exclusión, no puede quedar en un último plano ante la situación que vivimos. Somos una realidad latente, visible y que necesita que las fuerzas políticas apunten cuáles son nuestras reivindicaciones para llevarlas a efecto. Esta es una buena oportunidad; no la debemos desaprovechar ni nosotras ni nuestros representantes políticos. Orgullo es, ante todo, resistencia.

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