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Opinión

Estatuas buenas y malas

Parece que hay estatuas buenas y otras malas y el único que lo tiene claro es Macron que ha dicho que en Francia no se toca ninguna. Lo aplaudo. El resto se mueve entre la santa indignación, la ignorancia, la estupidez, la corrección política y una furia iconoclasta que recuerda a la Reforma Protestante o al islamismo radical de los talibanes cuando destruyeron los maravillosos Budas de Bamiyan. El mundo está lleno de gente fanática. Y que conste que los desórdenes raciales de los Estados Unidos me parecen muy comprensibles ante la enésima muestra de brutalidad policial que pone de relieve la segregación, la pobreza y las lacerantes desigualdades en que viven todavía los afroamericanos y que son herencia directa de la esclavitud.

Porque los Estados Unidos tienen en su fundación dos terribles pecados originales: el genocidio de los indios que Hollywood ha disfrazado de epopeya vestida de John Wayne y Gary Cooper, y la mano de obra gratis que ofrecían millares de esclavos. Ahora esa población subyugada durante muchos años ha estallado con la muerte -filmada en directo- de George Floyd y tiene toda la razón. Si yo viviera en los EE UU participaría en esas protestas ciudadanas y me manifestaría a favor de quitar las estatuas de líderes confederados que defendían la esclavitud como el presidente Jefferson Davies, o los generales Lee y Grant. Y ya puestos también quitaría la estatua del presidente Andrew Jackson, el de los billetes de 20 dólares, porque fue el exterminador de los indios Semínolas de Florida que habían vivido 300 años bajo La Corona española.

La furia iconoclasta desatada en los Estados Unidos se ha extendido por el mundo como sucede con todas las modas que de allí nos llegan, desde el Black Friday a Halloween, aunque agradezco que nuestra Policía tenga más criterio y no se dedique también a copiar lo que hacen sus colegas norteamericanos. Porque me parece que al amparo de la última moda hay mucho ignorante que se apunta a río revuelto, confunde churras con merinas y acaba atacando estatuas de Cervantes que no sólo no tuvo esclavos sino que lo fue él mismo en los baños de Argel, durante cinco largos años. Y don Quijote liberó a esclavos camino de galeras. Como decía el mismo don Miguel: «tonto en su villa, tonto en Castilla».

También aplaudo que tiren al río Avon la estatua de ese traficante de esclavos del siglo XVII, Edward Colston, o que retiren las de Leopoldo II de Bélgica o de Cecil Rhodes. Que se metan con las de Churchill confieso que no lo entiendo, aunque tuviera puntos de vista racistas como tantos de su tiempo, porque aquí se plantea el problema de dónde van a poner la raya estos fundamentalistas de la última moda -tras la del Mee Too- pues también Washington y Jefferson, padres de la Constitución, tenían esclavos como se puede comprobar visitando sus casas/ museo de Mount Vernon y de Monticello. Jefferson tenía más de 300 y siguen en pie los barracones donde los alojaba. ¿Destruirían o quitarían ustedes las vidrieras de la catedral de Saint Michel que reflejan una matanza de judíos en el siglo XIV? ¿Son partidarios de que España pida perdón a México por la conquista de Hernán Cortés, y a Israel por la expulsión de 1492? De seguir así dentro de 200 años usted y yo seremos considerados criminales ecológicos por ir en avión o tener un coche que funciona con gasolina. ¿Hay que cambiar el nombre de la capital de Estados Unidos o el de Rusia, que procede de los Rus, los temibles traficantes nórdicos de esclavos? ¿Derribamos Burdeos, cuyo esplendor se debe a la trata de esclavos? ¿O Livorno? ¿Dinamitamos las pirámides, que fueron construidas por esclavos? ¿Dónde está el límite? Los premios Nobel mexicanos Carlos Fuentes y Octavio Paz propusieron en plena ola indigenista elevar una estatua a Hernán Cortés porque, decían, «idealizar al vencido no es menos falaz que idolatrar al vencedor» y tenían razón porque a fin de cuentas también el emperador azteca Cuauhtémoc era un tirano que esclavizaba a los que no arrancaba el corazón.

Régis Débray dice que lo simbólico refuerza nuestra cohesión grupal, y Yuval Noah Harari mantiene que los humanos dominamos la Tierra porque somos capaces de cooperar en grandes números gracias a los mitos. Las estatuas contribuyen a ello y cuando dejan de hacerlo, cuando nos dividen como hacen las de Saddam Hussein, Franco o el shah de Persia hay que quitarlas y ponerlas en museos con letreros explicativos del contexto histórico en el que se erigieron. Lo que pasa es que la Historia la escriben siempre los vencedores y cuando éstos cambian recurren a reinventarla, a reescribirla en forma de memoria histórica más o menos afortunada, o a borrarla por las bravas, como hacían Stalin con la gente que fusilaba o el ministerio de La Verdad de Orwell. ¡ Hugo Chávez llegó a comparar la conquista española con el genocidio nazi! Yo creo que la Historia hay que conocerla, aceptarla con sus luces y sombras, entender el contexto en el que las cosas sucedieron y no adulterarla, aunque sea para no engañarnos a nosotros mismos y para evitar cometer los mismos errores del pasado.

Y eso me lleva a Colón y Fray Junípero Serra, cuyas estatuas han sido vandalizadas. Colón fue un navegante visionario que globalizó el mundo y cambió la Historia y por eso merece ser recordado. Al margen de lo que pasara luego. Y el padre Serra no buscaba riquezas sino la educación de unos indígenas que vivían en la Edad de Piedra y además le dio a los EE UU la costa entera del Pacífico, porque sin él los rusos se hubieran establecido en San Francisco y por todo eso los obispos de California han hecho una declaración defendiendo su figura. Y es todavía más complicado cuando esos personajes son rechazados por los negros o los indios, pero defendidos por los latinos que son bastante más numerosos, como prueban los disturbios en Albuquerque, New Mexico, en torno a una estatua del conquistador Juan de Oñate. También los ítalo-americanos están muy enfadados con las ofensas a las estatuas de su Cristóforo Colombo (por cierto, el Colón navegante era italiano, mientras que ahora el Colón genocida es español).

En Estados Unidos sólo quedan indios (aunque sea en reservas y gestionando casinos) en Texas, New Mexico, Arizona, California, Utah, Nevada... es decir, en aquellos territorios que formaron parte del Imperio Español. Y me alegro mucho de que existan porque así pueden protestar y aprender en la escuela que los matrimonios entre razas se aprobaron en España en 1514 y en los EE UU en 1967, sólo 450 años más tarde, y que el primer presidente indígena de América fue el mexicano Benito Juárez en 1858 mientras que Obama tuvo que esperar hasta 2009. Según The Legacy, una asociación que estudia el legado español en las Américas, el 90% de la población mexicana es mestiza mientras en los EE UU lo es un 2,9% Hay quienes ven pajas en ojos ajenos cuando tienen vigas en el propio.

Y entiendo menos aún que en la misma Mallorca se ataque la estatua de uno de los dos únicos mallorquines realmente universales que ha habido: Ramon Llull y Junípero Serra. Habría que explicar a los que la ensucian que no todas las modas que llegan de Estados Unidos son buenas.

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