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Vuelva usted mañana

Aire acondicionado y desigualdad, pero micro

Otros veranos, recuerdo, escribía yo sobre asuntos intrascendentes, frescos, vacíos de todo lo que supusiera pensar más allá del placer del merecido descanso. Este año no debería ser así por la que está cayendo, pero los propios políticos, algunos muy determinados, no parecen entender estas cosas y nos proporcionan momentos inolvidables que, de alguna manera, hacen más llevadero un estío tan diferente a la normalidad, no la nueva, sino la de siempre.

La canícula, es sabido, reblandece las mentes por el intenso calor, el sopor y cuando el virus de la tontería halla espacios vacíos propicios a la siembra de la simplicidad, se aprovecha del ralentí al que funcionan algunas neuronas, abriendo la puerta a espectáculos que no tienen más sentido, fuera de comprobaciones innecesarias, que el de alegrarnos refrescando estos días de asueto en la incierta "nueva normalidad".

Esta pasada semana, por culpa de internet, dogma de fe parece para algunos, nos hemos deleitado con la noticia, destacada en la prensa nacional con más sorna, que seriedad, de los efectos que el aire acondicionado provoca en la igualdad entre hombres y mujeres. Una manifestación de micromachismo el encenderlo y un ataque a la mujer, pequeño eso sí, mantenerlo en agosto o, al menos, en su punto, el legalmente establecido y comprobado por los especialistas como oportuno. Pues no. Una concejala de UP -no les tengo ninguna manía especial, pero es que no pueden evitar meterse en charcos-, sobre la base, dijo con dos narices, de internet, sin individualizar la noticia, fundamentarla en razones sanitarias, solo porque sí, porque lo había visto en un artículo de internet que le gustó, reprendió duramente al alcalde señalando que el aire acondicionado atentaba contra la igualdad porque las mujeres tienen frio. No propuso, lógicamente -no estaba en internet la respuesta-, si la solución era apagarlo o que los varones fueran a los plenos en bañador.

No se lo tomó en serio el alcalde que, aunque criticado con la boca pequeña por los colegas de la concejala, le indicó que no era tiempo para bromas y que, en todo caso, reprendería a los conserjes, los encargados de poner el aire a la temperatura normal, por ser machistas, incluidas las funcionarias traidoras a su sexo o género, que ya me he perdido con esto. Faltó la concejal al respeto a políticos y funcionarios sobre una noticia virtual, sin base técnica. No es internet fuente de conocimiento en general, ni el pleno municipal un lugar de recreo y solaz apropiado para desahogarse. Es traicionero y muchas veces muestra de la cultura del dicente. Los libros son más ilustrativos. Se lo digo yo.

Miren, cualquiera sabe, sin caer en estas reivindicaciones festivas, que si alguien sufre las altas temperaturas en los actos oficiales y celebraciones en verano es el hombre. Tener que ir con traje en agosto es inhumano, pero las normas sociales imponen obligaciones que deben cumplirse por respeto. Otra cosa es que algunos vayan, como hacen, al Congreso en vaqueros y camisetas. Pero, obviamente, los demás suelen aceptar los usos sociales, aunque sean duros.

Ver el pleno del Ayuntamiento machista, pero solo micro y a la mayoría de concejales varones con sus chaquetas y corbatas y que una concejala, con vestido de tirantes diga que tiene frio y que suban la temperatura es algo más que un micromachismo. Y razón tenía el alcalde. Porque, aquello fue una broma, una necesidad imperiosa de salir en las noticias, aunque sea para solaz de la gente y demérito del promotor de la chanza o, sencillamente, falta de sensibilidad para con los varones. Para no incurrir en micromachismo, según la reivindicación irrenunciable de la concejal, caben dos posibilidades: una, que los concejales varones vayan en pantalón corto y camiseta de tirantes, mejor con un mensaje revolucionario y guay; otra, que se asfixien y haya que llevarlos directamente a la UCI. Cuando las cosas se sacan de madre van mal.

Dice la concejala que la temperatura del aire está determinada sobre la base de un varón de mediana edad y 70 kilos de peso. Pero, resulta que hay varones y mujeres más jóvenes, mayores, con más y menos peso. La referencia es siempre una media. Por qué criterio quiere cambiar los módulos establecidos. Le faltó ese pequeño dato. Se quejó amargamente, atacó al personal funcionarial y no propuso nada, como suele suceder, esperando, además, que le aplaudieran su ingenio y lamento.

Cuando una reivindicación es seria deben extremarse las conductas y evitar gestos y palabras que la hagan desmerecer. No se puede culpar a los demás de los excesos de quienes, por su condición pública, deberían extremar el cuidado en sus manifestaciones. Cuando lo que se dice rebaja la consideración de lo que se quiere reivindicar se está haciendo un daño que solo es imputable a la falta de convicción profunda. Si ciertas afirmaciones mueven a la risa son éstas las que hay que evitar o trabajar y fundamentar con datos precisos. No es la solución reprobar a quien o quienes dejan de tomar en serio lo que debe ser serio.

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