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Vicente Magro Servet

La cultura es la clave del éxito o del fracaso

Una mujer fabrica mascarillas en San Vicente del Raspeig.

Una mujer fabrica mascarillas en San Vicente del Raspeig.

Decía Angela Merkel que le merece la pena invertir mucho dinero en cultura, porque le sale mucho más caro tener un país con incultura y poca preparación, lo que constituye una gran verdad, Porque hoy en día, si hay algo importante en donde hay que apostar, aparte de la evidencia de contar con un fortalecido sistema sanitario, como ahora se ha visto con el virus, es en el fomento de la educación, los valores y la cultura.

Poco podrá hacer un país en progresar y salvar los obstáculos que nos depara la vida, como la grave situación actual que estamos viviendo con la pandemia, si no se cuenta con una estructura de fomento de la cultura, de que sus ciudadanos tengan el mayor nivel cultural posible y que se fomente que quien se esfuerce por estar mejor preparado será quien ocupe los mayores puestos de responsabilidad, o, al menos, tendrá un puesto de trabajo en consonancia con el esfuerzo que ha depositado en invertir su tiempo en estar mejor preparado.

Ahora bien, si lo que se pone en valor son factores distintos al esfuerzo por estar más formado y tener una preparación cada vez mejor, el efecto será el contrario, ya que la ciudadanía comprobará que no merece la pena esforzarse, o que le será más rentable destinar su tiempo a relacionarse con quien le puede suministrar un puesto de trabajo sin hacer nada de mérito personal por conseguirlo.

Con ello, nos encontramos con dos escenarios importantes que hay que alcanzar, pero de forma inmediata, para garantizarnos un progreso eficaz y eficiente en cualquier país, como son apostar, en primer lugar, por tener una educación potente, y en donde contemos con unos ciudadanos mejor formados. Y, en segundo lugar, trasladar a la sociedad que los factores que priman en la misma para los miembros que la integran se centran en la objetividad de que los que más se esfuercen en ser mejores son los que tendrán la mayor responsabilidad en sus puestos de trabajo, en lugar de primarse más otras circunstancias ajenas al mérito y capacidad.

Porque, al principio y al final, algunos ciudadanos perciben que si se valoran más otros conceptos que la cultura, la preparación y contar con una adecuada formación, optarán por no hacer nada por formarse mejor y se abandonarán a la facilidad que le supone pensar más en divertirse que en esforzarse por estar mejor preparados. Pero es que, además, si la tónica general consiste en valorar más todo lo que es ajeno al esfuerzo personal, aquellos que sí lo hacen pueden acabar bajando los brazos y caer en una espiral de bajada de nivel, propiciada por la no toma en consideración del esfuerzo personal como valor y factor que debe primar por encima de todos a la hora de realizar una actividad laboral.

Con ello, la apuesta y la inversión se dirige a dos objetivos claves, como son el pensar que con una mejor educación tendremos un país más formado y mejor preparado para dar respuesta a las urgencias y necesidades ante todas las adversidades que se nos presenten, y, por otro, transmitir el mensaje de que ser mejor y estar más preparado tiene su recompensa, así como que la objetividad en la valoración de los méritos personales presididos por el esfuerzo serán el primer y único factor relevante para decidir sobre la provisión de un puesto de trabajo en el sector público y en el privado, aunque en este último suele tenerse más en cuenta por razones obvias.

Por el contrario, si el rumbo del objetivo es otro bien distinto, el panorama se presenta difícil, porque con un país más culto, con mayores valores, una buena educación donde el respeto a los demás, la igualdad, y la no violencia serán valores que reducirán, con su mayor implementación social, la reducción de los graves problemas que tiene una sociedad de todo tipo. Desde el descenso de los delitos centrados en la violencia, que son muchos, a otros que no son violentos, pero que disminuyen la credibilidad de los ciudadanos en las instituciones.

Por todo ello, la consecución de un país con más valores se logra, así, por el fomento de la educación, y la transmisión del mensaje de que el esfuerzo personal tiene una recompensa, no solo en lo personal y la satisfacción que a cada uno le supone saber que cada día puede seguir superándose, sino, también, en que sabrá que de esa manera contribuirá a contar con tener un país mejor y más competitivo. Ese deber ser el objetivo. El único.

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