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Francisco Esquivel

Abonados al teatrillo

Cvirus.- El Hospital Zendal acoge a 94 pacientes Covid y supera ya la cifra de 200 atendidos

Cvirus.- El Hospital Zendal acoge a 94 pacientes Covid y supera ya la cifra de 200 atendidos

Todo indica que el teatro Pavón de Embajadores echará el cierre definitivo a final de mes según advirtió Miguel del Arco, dramaturgo de postín y uno de los promotores de la idea, antes de que se nos vinieran las fiestas encima. No podíamos esperar del año que se marchara con otro mensaje que no anduviese cargadito de tintes entrañables. La madre que lo parió.

  Por casa nos habíamos acostumbrado a rondar montajes de los suyos. Sin dejar de lado la salas clásicas, esta había inoculado alrededor ese clima que retrotrae a una época en la que estábamos llenos de fantasías con todo por construir. Creo haber visto en sus rincones plebe con pantalones de pana, no les digo más. Las propuestas han sido arriesgadas, cautivadoras e impactantes de la mano de un elenco que, en el escenario o sobrevolándolo, parecían en el inicio de sus carreras cuando la mayoría están consagrados. Era una elegía entusiasta al trabajo bien hecho, ahora que compañías de buena parte de las actividades que nos rodean vienen desangrándose del bien más preciado, que son sus curritos, como si nada. Los del bar anexo fueron quienes le recordaron a la presidenta de la Comunidad cuando esta fardaba de su apoyo a la hostelería que primero están los sanitarios. Y entonces de la nada levantó un hospital del que lo último que han dicho los facultativos especialistas es que su enfoque es contraproducente. Qué sabrán ellos.

  Cuesta escucharla decir que los seres de esta tierra hemos resultado primados por los fondos europeos contra el covid tras patentar que «Madrid es España dentro de España» teniendo en cuenta que yo ya disfrutaba del espectáculo que era la Gran Vía a las tres de la madrugada cuando la excommunity manager de Esperanza Aguirre no había nacido. Entonces oigo al director de un instituto de investigación Biosanitaria deslizar que «la gente valora muy bien a los científicos, pero no los entiende» y me quedo a cuadros. Desconocía que Ayuso fuese científica. Es lo que tiene esto, que no hay Dios que le ponga el candado a funciones que terminan con cualquiera.

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