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Francisco Esquivel

Una familia como otra

La chica danesa

La chica danesa

Estamos ante una sucesión de escenas del día a día entremezcladas con otras del ayer que obtuvo una cámara casera empuñada por el padre, en las que se observa que es este quien le mete a la pequeña Emma el virus de cuero siendo hoy la 9 de referencia en el conjunto de la escuela. A ella y a su hermana mayor se les cae la baba delante del perro que están a punto de adoptar cuando algo se quiebra con los padres discutiendo fuera del alcance en un percance de lo más habitual dentro de cualquier currículum familiar. La vuelta se produce bajo un silencio espeso. Una vez a la mesa, él reparte pizzas, la madre alerta de que se van a divorciar, las crías se miran sin mover un músculo y a Thomas, que así se llama, se le nota a contrapié cuando, ante su parálisis, resuena la causa: «Papá quiere cambiarse de género porque se siente mujer». Como supondrán las caras de las chavalas son para verlas.

Sus expresiones y actitudes van a marcar el desarrollo del trance porque el hombre tiene cerrado el viaje para la operación. El largometraje danés sitúa la historia durante el cambio de siglo cuando los países, con la OMS a la cabeza, consideraban a los transgénero enfermos mentales, postura que el ente pensado para velar por la salud de todo quisque ha mantenido hasta hace dos días. Otros dogmas también sienten que se tambalean pese a que Simone de Beauvoir, que no es sopechosa, ya alertara de que «la mujer no nace, se hace» dado que, desde esta perspectiva, el sexo es una representación y no una identidad inamovible, tanto que a estas mujeres hay que proporcionarles cobertura para la revisión de la próstata.

La mayor le susurra al padre que llamarse Agnethe es muy bonito agradeciéndole por su parte a la primogénita su decidido apoyo en la fiesta de la confirmación a los 14 ante el grupo de familiares y amigos. A la peque lo sucedido la tiene subida a una montaña rusa que la conduce a pedirle que se quede en el instante que se marcha a Londres para darle a la criatura el margen que necesita. Al reencontrarse por vacaciones, las tres salen en la cámara casera abrazadas sobre el Támesis haciendo frente al indómito destino.    

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