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Vista del edificio de The Washington Post.

Vista del edificio de The Washington Post.

La jubilación de Marty Baron, director ya legendario del Washington Post a lo largo de ocho años que cambiaron por completo —para mejor— la historia del veterano e influyente diario, ha llevado a los más importantes medios de todo el mundo a recoger la noticia haciendo un repaso de lo que ha supuesto la trayectoria de Baron y, en general, del periodismo en estos últimos tiempos.

España no ha sido ninguna excepción. El diario de más tirada del reino publicó hace poco una entrevista a Baron en la que el ya retirado director reflexiona acerca de lo que suponen para la prensa los cambios enormes en los que estamos metidos desde que comenzó el siglo XXI. Incluyendo el aterrizaje en el mundo de la información de Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo —uno de ellos, porque el orden cambia con las fluctuaciones de las Bolsas—, dueño de Amazon, que compró el Washington Post poco después de que Baron tomase sus riendas. Un factor clave dado que el sector de la prensa pasa por momentos muy difíciles, agravados, por supuesto, por la pandemia de la Covid-19 pero con su origen en el advenimiento de la sociedad global de la mano de Internet. A causa del acceso digital a los periódicos, es el propio modelo de negocio de las publicaciones diarias el que está en crisis.

Marty Baron nos da en su despedida una muy mala noticia para quienes anhelamos la época en la que los diarios se imprimían en papel y se leían hojeándolos. Asegura que, en su etapa final como director, dedicaba una parte mínima de su tiempo a la edición impresa del diario que en 1972 terminó con la presidencia de Richard Nixon al destapar el escándalo del Watergate. La versión digital devoraba casi todos sus esfuerzos.

Semejante afirmación no es trivial. Con la llegada de la digitalización, la prensa escrita recibió una noticia buena y otra mala. La buena, que la oferta informativa instantánea de la radio y la televisión, relegando a los diarios al papel de unos simples comentadores de lo ya sabido, quedaba compensada. La mala, que el negocio desaparecía. ¿Quién iba a comprarse un automóvil si, siempre que lo necesitara, se lo llevarían a su casa de manera gratuita? Con los diarios sucedía lo mismo hasta que los editores decidieron que el lector debía pagar, como es natural, por lo que recibe. El Washington Post fue uno de los primeros en dar ese paso que a muchos se les antojaba suicida. Y los resultados ya se conocen: de la mano de Marty el Washington Post superó el año pasado al New York Times convirtiéndose en el periódico más leído en Internet. Y para quien dude sobre su viabilidad, en los ocho años en que ha sido su director ha pasado de tener 580 periodistas a más de mil. El camino del éxito está claro.

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