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Los sucesos de Vallecas

La reciente campaña electoral en Cataluña estuvo ya nutrida de violentos ataques contra dicha formación política

Santiago Abascal en el mitin de Vox en Vallecas.

Santiago Abascal en el mitin de Vox en Vallecas.

Los sucesos de Vallecas marcan un antes y un después en los episodios de violencia política que han acompañado en los últimos tiempos las actividades políticas y electorales de VOX. No es algo nuevo. La reciente campaña electoral en Cataluña estuvo ya nutrida de violentos ataques contra dicha formación política. Lo que da una significación especial a la agresión sufrida ahora por el partido liderado por Abascal es que esta haya sido auspiciada y aplaudida por uno de los partidos que forman parte del actual Gobierno de coalición. Un hecho insólito y preocupante que parece retrotraernos a épocas felizmente superadas y que, esperemos, no provoque una espiral de reacciones.

La democracia española no es una democracia militante, es decir, tienen cabida en ella partidos contrarios al orden constitucional, incluso los que abogan por una desmembración de la unidad nacional o un cambio del régimen político. Bastaría ello para condenar la agresión a cualquier partido legal con el objetivo de impedir su libre ejercicio de los derechos de reunión y de expresión. Pero ni siquiera es esta la justificación, en el caso de VOX, para exigir que los poderes públicos condenen tajantemente la agresión y amparen de manera eficaz dichos derechos. Se trata de un partido que no solo acepta sino que también defiende el vigente orden constitucional y sería una cobardía no denunciar lo sucedido y exigir las oportunas responsabilidades.

Se podrá estar a favor o en contra de las propuestas de VOX sobre la inmigración ilegal y la denominada violencia doméstica o sus reticencias ante la Unión Europea y ante la actual configuración autonómica del Estado, pero lo que resulta intolerable e inquietante es el surgimiento de una nueva inquisición que, desde la extrema izquierda, trata de imponer, recurriendo a la violencia, un pensamiento único y la consiguiente estigmatización del discrepante. Se autodenominan antifascistas pero sus métodos recuerdan las actuaciones de las SA de la Alemania nazi o las partidas de la porra de la Italia fascista. Sería un error trivializar los sucesos del pasado miércoles en Vallecas. Esperemos que en el futuro se ponga coto a los desmanes totalitarios y prevalezca, a derecha e izquierda, el buen sentido, la tolerancia y la aceptación del adversario: “no estoy de acuerdo con lo que dices pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo” (Evelyn B. Hall en su biografía sobre Voltaire).

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