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Antonio Sempere

Mónica Randall

Mónica Randall.

Ves a Mónica Randall en el minicoloquio de Historia de nuestro cine, con la excusa de su participación en la película Furia española de Paco Betriu, y te preguntas una vez más por qué esta mujer ha estado tan desaprovechada.

Tuve la oportunidad de verla en su reaparición en el teatro, en 2009, en el Centro Dramático Nacional con la función de Yazmina Reza Una comedia española, dirigida por Silvia Munt y traducida por nuestro Fernando Gómez Grande, y como era de esperar estuvo lo bien que se esperaba. Pero lo que más fama le dio fue el medio televisivo, donde ejerció de presentadora en el magacín Cosas (1980-1981), los viernes por la tarde, la primera que no cerró la programación entre las cinco y las siete. Ahí demostró su clase y su talento. Después vino el programa de entrevistas Rasgos. Quizá no hubiese debido parar, habiendo seguido su faceta de comunicadora.

Cuando en 2018, antes de la pandemia, el Festival de Málaga la premió con la Biznaga de Honor nos dimos cuenta que no existía ningún trabajo documental que glosara su figura ni su trabajo. En su siguiente aparición pública, que ha tenido lugar ahora en Historia de nuestro cine, comprobamos que continúa poderosa a sus 78 años, que podría llevar a cabo cualquier desempeño artístico, y que sigue existiendo ese agujero en torno a su figura.

Tal como le ocurre a Mónica Randall, Aurora Julià en la vida real, una numerosa nómina de nuestros artistas se encuentra «sin inventariar». Sin ningún trabajo televisivo que abunde en sus biografías. Es triste que cualquier Teresa Campos de turno acumule más cientos de horas de televisión. Y más triste es que TVE hurgue en programas como Lazos de sangre en personajes que decidieron pasarse a ese bando.

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