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Fernando Ull

El ojo crítico

Fernando Ull Barbat

Patriotas que no pagan impuestos

Corinna pidió entregar a Juan Carlos I parte de su fortuna en caso de morir, según los 'Papeles de Pandora'.

Gracias a la investigación de 600 periodistas repartidos por la friolera de 172 países, los españoles hemos podido conocer un nuevo escándalo sobre evasión de impuestos que afecta a conocidos personajes del deporte, la política y del mundo empresarial. Con el nombre de los Papeles de Pandora esta investigación ha vuelto a poner de relieve la utilización masiva de sociedades pantalla, opacas y ubicadas en paraísos fiscales, para no tener que pagar impuestos en el país de residencia habitual. Estos nuevos papeles, en realidad, no son más que la continuación de los anteriores Papeles de Panamá y Papeles de la Castellana. Llama la atención que a pesar del mayúsculo escándalo que supone que nombres muy conocidos hayan defraudado a la Hacienda Pública tanto de España como de las principales economías del mundo, una vez que los telediarios y las portadas de los periódicos dejan de conceder protagonismo a escándalos financieros de esta magnitud su rastro desaparece volviéndose a perder en despachos en los que el sonido de las pisadas se amortigua gracias a la moqueta. Vaya metáfora.

La primera conclusión que se puede obtener una vez sabido el nombre de las personas que han tenido o tienen sociedades offshore es que se trata de nombres muy conocidos que de manera habitual salen en los medios de comunicación. La mayor parte suelen pontificar sobre cualquier tema, poniéndose muchas veces como ejemplo de españolidad, sacrificio, esfuerzo y poseedoras de una inteligencia superior a la media gracias a la cual han tenido éxito en la vida o, por lo menos, lo que consideran que es tener éxito. Aunque sorprenda, y a pesar de que ha quedado acreditado con documentación que demuestra la voluntad y el hecho de haber engañado a Hacienda, la realidad es que continúan con su vida habitual sin haber obtenido el esperado reproche de la sociedad que se merecen. Y esto es así porque lo que en realidad hacen estos grandes defraudadores es detraer en beneficio propio dinero que no les corresponde. Dinero que podría haber sido utilizado para mejorar la sanidad pública, las pensiones, mejorar las carreteras o disminuir el déficit público.

Aunque estas prácticas defraudadoras no son más que robos de guante blanco la sociedad española no ha llevado a cabo el merecido reproche que su conducta merece. Las pocas veces que se les escucha tratar de justificar el motivo de que sus nombres y apellidos aparezcan en algunos de los papeles que he citado suelen establecer dos tipos de disculpas. La primera que, aunque es cierto que tuvieron una sociedad en un paraíso fiscal en realidad nunca la utilizaron. Es decir, que después de todo el papeleo para dar de alta una sociedad opaca en un paraíso fiscal y abonar todas las cantidades que haya que realizar, luego resulta que no la utilizaron para nada hasta que cincos o seis años después decidieron darla de baja. La segunda es que no saben por qué aparecen sus nombres en estas investigaciones ni porqué sus fotocopias de pasaporte o DNI están en manos de despachos de Andorra o las Islas Caimán. Un misterio.

Como era de esperar han surgido voces en España tratando de justificar lo injustificable. A fin de cuentas, es su dinero, aducen, es lógico que traen de pagar los menos impuestos posibles. Detrás de opiniones como estas, que son más comunes de lo que se puede imaginar, se encuentra el éxito de los grandes capitales y fondos de inversión, los cuales realizan políticas de blanqueamiento ante la sociedad de lo que deberían ser conductas objeto de escarnio público. En las principales ciudades españolas los capitales privados organizan conferencias y reuniones impartidas por algún ultraliberal de moda al que pagan una buena cantidad de dinero por defender los postulados del liberalismo más radical que se basa en que el Estado debe ser lo más pequeño posible dejando que sea el mercado el que regule materias como la sanidad, los transportes o las pensiones. Los asistentes a estas reuniones, a las que hay que acudir vestido de manera impecable y que se llevan a cabo en lujosos hoteles, son agasajados con un exquisito ágape. También hay que resaltar las innumerables escuelas de negocio con rimbombantes nombres en inglés y universidades privadas inauguradas en las últimas dos décadas cuyo único objetivo es defender e implantar un sistema social y económico clasista que fomente la desigualdad. El último paso es añadir a negocios de reciente apertura el adjetivo de boutique. Hoy día nos encontramos con hoteles boutique, tiendas boutique o despachos boutique. Sino fuera por las consecuencias que tiene el ultraliberalismo para gran parte de la sociedad española todo esto me provocaría una gran carcajada boutique.

Los españoles deberíamos decir en voz bien alta a todos los futbolistas, políticos, cantantes, escritores o empresarios que han escondido sus operaciones comerciales en paraísos fiscales para evitar tener que pagar a Hacienda que su comportamiento es egoísta y que no merecen ni uno solo de los aplausos que en ocasiones se les da. No es cierto que el Estado del bienestar sea insostenible. Lo que es insostenible es su comportamiento.

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