Opinión

Silenciadas

Denunciamos la ley del silencio, la presión social ejercida por los agentes mantenedores del patriarcado que fuerzan a mujeres de todo el mundo, sin excepción, a callar, a mantener el silencio en torno a temas que ellas deberían poder meditar, visibilizar y modificar, con la potestad propia que brinda ser lo que son: MUJERES.

Conmemoración del 8M el pasado año

Conmemoración del 8M el pasado año / Jorge Peteiro

En mi casa éramos 5 mujeres y 3 hombres. Los hombres podían estudiar, salir a pasear, descansar. Nosotras debíamos estar el pendiente de lo que ellos necesitasen.

A nosotras no se nos permitía cortarnos el cabello o vestir con pantalones. Debíamos aprender a cocinar desde muy niñas, o <<ningún hombre nos querría cuando fuésemos mayores>>.

Recuerdo la vez en que dejé de estar callada y enfrenté a mi madre, tijeras en mano, para cortarme las trenzas en señal de rebeldía contra esas normas que no podía entender. Por la noche, fue ella quién me rapó la cabeza, mientras me decía: Quieres vestir como hombre? Así es cómo los hombres se ven". (C.S.).

Conceptualmente, es posible concebir a mujeres y hombres como legalmente iguales. Pero ese no ha sido el caso, al menos en los últimos 5 o 6 mil años. Desde el punto de vista histórico, la diferencia entre hombres y mujeres se concibió como la diferencia de las mujeres con respecto a los hombres cuando los primeros tomaron el poder. Así pues, se impuso la sociedad patriarcal.

Podríamos definir el patriarcado "como la relación de poder directa entre los hombres y las mujeres en las que los hombres, que tienen intereses concretos y fundamentales en el control, uso, sumisión y opresión de las mujeres, llevan a cabo efectivamente sus intereses". Esa opresión y subordinación está profunda y poderosamente arraigada en la organización de la sociedad.

Conceptualmente, es posible concebir a mujeres y hombres como legalmente iguales. Pero ese no ha sido el caso, al menos en los últimos 5 o 6 mil años.

La mayoría de las mujeres atendidas desde el Servicio de Atención Psicosocial de Fundación Elche Acoge proceden de sociedades patriarcales, en las que es el hombre el que determina qué debe hacerse (bien sea el padre, los hermanos, el esposo y, en la edad adulta, los hijos varones) y cómo debe hacerse. De este modo, por ejemplo, desde la religión musulmana (común a gran parte de los países del Magreb – Túnez, Marruecos, Argelia) dicta un código de vestimenta que impide a las mujeres mostrar el cabello o la piel (a excepción del rostro y las manos) en presencia de hombres (a excepción de sus maridos y/o hijos).

En otros países, como Mali, Nigeria o Senegal, la mujer es sometida durante la infancia a prácticas como la mutilación genital, que les garantizarán el acceso al matrimonio (puerta a la supervivencia de las mujeres), pero que a cambio les impedirá experimentar placer sexual en la edad adulta, y generará gran cantidad de sintomatología negativa (tanto física como psicológica).

Sudamérica, por su parte, limita en gran medida la expresión de género de mujeres y niñas, instándolas a mantener una imagen sexualizada y marcadamente femenina. Así mismo, la educación tradicional desarrollada por las familias, de forma generalizada, promueve el mantenimiento del rol de cuidadora (familia, cónyuge) así como de responsable principal de la intendencia del hogar, versus las oportunidades de acceso a estudios superiores o mercado laboral (vías prioritarias en el caso de sus homólogos masculinos).

Una mujer levanta una pancarta en una manifestación del 8M

Una mujer levanta una pancarta en una manifestación del 8M / Álvaro Ballesteros

En todas estas sociedades (que no distan tanto de la nuestra), la mujer desempeña una función social muy bien delimitada: debe casarse y ser madre. Debe saber cocinar, planchar y educar a su prole. Son sus metas vitales, siendo educadas y presionadas para conseguirlo, exponiéndose a la segregación y al abuso (socialmente consentido) en caso de no conseguirlo (o no consentirlo).

Será por todo esto que participarán perpetuando las tradiciones, como una forma de garantizar la supervivencia de sus hijas, manteniendo (y en muchas ocasiones, justificando y ejecutando) las conductas machistas que acaban interiorizando como “normales” como resultado del aprendizaje cultural. Y es que, serán ellas las que disciplinen, las que presionen, y, en última instancia, las que realicen prácticas perjudiciales para la salud física y emocional de otras descendientes, para así poder ser reconocidas como “mujeres” (completas, dignas, válidas) por los hombres. O serán las que deban abandonar el hogar, rechazadas, silenciadas para no “manchar” el buen nombre de su clan o familia.

Será por todo esto, que las mujeres guardarán silencio (por propia voluntad, o forzadas a que su voz solamente resuene en su cabeza y en su cuerpo).

En el Día Internacional de la Mujer, desde Elche Acoge, denunciamos la ley del silencio, la presión social ejercida por los agentes mantenedores del patriarcado que fuerzan a mujeres de todo el mundo, sin excepción, a callar, a mantener el silencio en torno a temas que ellas deberían poder meditar, visibilizar y modificar, con la potestad propia que brinda ser lo que son: MUJERES. Y es que, las mujeres deberían cumplir sueños, no expectativas...