Opinión

El uso de dispositivos móviles en los más pequeños

No podemos abstraernos de las posibilidades de los dispositivos electrónicos, pero otra cosa es no actuar con control o, lo que es lo mismo, con autoridad hacia los menores.

Un niño de corta edad con un teléfono inteligente en sus manos, en imagen de archivo.

Un niño de corta edad con un teléfono inteligente en sus manos, en imagen de archivo. / INFORMACiÓN

La corteza prefrontal es la zona de nuestro cerebro que nos permite desarrollar habilidades como la atención, la concentración, control de los impulsos, construcción de la voluntad, etc. Su estado es inmaduro en el nacimiento y va desarrollándose con el paso del tiempo. También madura antes en las mujeres que en los hombres.

¿Con qué se estimula la corteza prefrontal de un bebé? Con tres cosas: con luz, con sonido y con movimiento, como cuando escucha una voz familiar o cuando ve pasar a mamá/papá ante él.

¿Y qué pasa si colocamos una pantalla ante los más pequeños de manera prematura? Que el cerebro deja de desarrollarse de forma natural pues los estímulos le vienen dados sin necesidad de conexiones neuronales; solo tiene que darle al “Intro”.

El uso continuado del móvil le aporta una permanente gratificación y “chutes” artificiales de dopamina (neurotransmisor que permite la comunicación entre las neuronas y la construcción del aprendizaje). Cuando el niño o la niña hace uso del móvil no están generando dicha sustancia y, por tanto, la madurez del sistema nervioso y la neuro plasticidad deja de evolucionar de forma deseable.

Por el contrario, cuando los más pequeños escuchan una canción de canta juegos, por ejemplo, y se ponen a bailar porque le produce placer, o cuando están escuchando un cuento en el regazo de papá/mamá también están segregando dopamina, solo que en estos casos se hace de manera natural.

Un niño mirando el móvil en su cama.

Un niño mirando el móvil en su cama. / Noelia Mar

Se ha comprobado la existencia de una relación directa entre el abuso indiscriminado del móvil y el acoso escolar/ciberacoso, el aislamiento social, la distorsión de la realidad, la agresividad, la alteración del sueño, los trastornos alimentarios,...

El colectivo de profesionales de la Educación llevamos tiempo observando y avisando de los peligros que supone el uso precoz de los dispositivos, especialmente de los móviles en edades tempranas.

Es común ver a los más pequeños de camino al cole, en tiempos de juego o en espacios compartidos con otros adultos, quedarse “enganchados” literalmente a dicho dispositivo. Verdad es que en la era tecnológica en la que vivimos no podemos abstraernos de las posibilidades de los dispositivos electrónicos; pero otra cosa es no actuar con control o, lo que es lo mismo, con autoridad hacia los menores.

Negociar en el ámbito familiar en el uso de los dispositivos depende de la edad, y cuando hablamos de edades tempranas estaríamos dejando fuera de control no solo el uso sino el desarrollo de la actividad cerebral.

Como seres sociales que somos no podemos aislarnos de nuestro entorno familiar, de nuestro grupo de cole o de nuestro grupo de amigos; lo contrario es ir contra natura. Nos convertiríamos en personas con menos habilidades sociales, menos empatía con las necesidades de los demás… Todo ello nos lleva a un viaje a ninguna parte.

Se ha comprobado la existencia de una relación directa entre el abuso indiscriminado del móvil y el acoso escolar/ciberacoso, el aislamiento social, la distorsión de la realidad, la agresividad, la alteración del sueño, los trastornos alimentarios, etc.

Es la mirada unidireccional hacia un dispositivo la que nos anula la mirada periférica, aquella que nos permite conectar con la realidad, con el entorno y con la gente con la que convivimos, sus necesidades y emociones; y hasta con las personas que pasan por la calle.

Hay un dicho africano que dice que para educar se necesita una tribu entera. Difícilmente se puede hacer solo desde la Familia en primer lugar, o desde la Escuela o de los poderes públicos. Así que manos a la obra y actuemos ya.

Prevenir es curar.

El mañana no existe y podría ser demasiado tarde.