Opinión | Tribuna

Diputada por el Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso
El eco del silencio
A mi padre, Francisco Poblador, noventa años después, al que la guerra le robó su juventud

Federico Borrell García, militante republicano, en el momento de su muerte. / ROBERT CAPA
Hay silencios que nunca desaparecen. Permanecen escondidos en la memoria de quienes sobrevivieron y en el corazón de quienes heredamos sus recuerdos. Son silencios que hablan del miedo, de la ausencia y de la injusticia. El eco de ese silencio ha acompañado toda mi vida porque tiene el nombre de mi padre: Francisco Poblador.
Cuando se cumplen noventa años del inicio de la Guerra Civil Española, no puedo recordar aquella tragedia únicamente como un episodio de nuestra historia colectiva. Para mí tiene un rostro, una voz y unos ojos que jamás olvidé. Tiene la historia de un muchacho que estaba a punto de cumplir dieciocho años cuando el verano de 1936 le arrebató la vida que soñaba, mi padre.
A los dieciocho años uno debería estar aprendiendo a amar, a construir un porvenir, a imaginar el futuro, a equivocarse y volver a empezar. Mi padre no tuvo ese privilegio. La guerra le robó todo eso. De la noche a la mañana, el destino de nuestra familia quedó destrozado.
Mi abuelo fue encarcelado por su participación en la política local de nuestro pueblo. Mi tía Pilar, con apenas catorce años, quedó sola en casa. Y mi padre dejó de ser un muchacho para convertirse en un soldado. Con un fusil al hombro y el miedo en el corazón, marchó hacia un destino que nunca eligió, sin saber si volvería a abrazar a los suyos.
La guerra lo llevó hasta el frente del Ebro, uno de los escenarios más crueles de la contienda. Allí conoció el hambre, el frío de los inviernos, las interminables noches en las trincheras, el estruendo de la artillería, la incertidumbre del amanecer y el dolor de ver caer a compañeros que compartían con él la misma juventud robada. Ningún joven debería aprender a vivir entre el barro, el miedo y la muerte. Ningún muchacho debería cambiar sus sueños por la obligación de sobrevivir.
Mi padre regresó del frente. Pero solo regresó una parte de él.
La otra quedó para siempre sepultada bajo las tierras del Ebro, entre aquellas trincheras y aquellos campos de batalla, en una guerra que él nunca eligió. Allí quedaron enterradas su juventud, parte de sus ilusiones y una parte de su alma. La guerra terminó, pero nunca abandonó del todo a quienes la vivieron. Hay heridas que no dejan cicatrices visibles y, sin embargo, acompañan toda una vida.
Sin embargo, el dolor no apagó su palabra. Como su hija, atesoro en mi corazón con él largas conversaciones. Escucharle supuso el mayor aprendizaje de mi vida; sus relatos no destilaban odio, sino una profunda elección de dignidad, resiliencia y amor por la paz. Yo, su hija, no olvidaré nunca aquellas palabras compartidas en la intimidad del hogar, que hoy se convierten en mi motor para mantener viva su memoria Eran relatos pausados, sin odio, sin rencor y sin deseo de revancha. Nunca me enseñó a mirar al pasado con resentimiento. Me enseñó algo mucho más importante.
Me enseñó que cuando una sociedad pierde el respeto al diferente, cuando el odio sustituye al diálogo y cuando la intolerancia se impone a la convivencia, todos perdemos.
Aquellas conversaciones fueron la mayor herencia que he recibido. Gracias a ellas comprendí que la memoria no existe para abrir heridas, sino para evitar que aquello vuelva a repetirse. Recordar significa asumir la responsabilidad de proteger el futuro.
Por eso, cada vez que entro en el Congreso de los Diputados, siento que no lo hago sola. Conmigo entra la memoria de mi padre, de aquel muchacho de casi dieciocho años al que la guerra le robó la juventud.
Ellos me acompañan cada vez que tomo la palabra en el Congreso. Son el recordatorio permanente de que la democracia no nació por casualidad ni es un patrimonio garantizado para siempre. Es una conquista levantada sobre el sufrimiento de generaciones enteras y sobre el firme compromiso de quienes nunca renunciaron a la libertad.
Noventa años después del inicio de la Guerra Civil, este artículo no pretende señalar culpables ni alimentar viejos enfrentamientos. Pretende rendir homenaje a quienes padecieron aquella tragedia y recordarnos que el mayor deber de nuestra generación es preservar la convivencia democrática.
Padre, la guerra te robó la juventud. Te obligó a conocer el miedo cuando apenas comenzabas a vivir. Dejó una parte de tu alma sepultada bajo las tierras del Ebro. Pero jamás consiguió arrebatarte la dignidad, ni la humanidad, ni los valores que me transmitiste durante tantos años de conversaciones inolvidables.
Hoy, cuando represento a los ciudadanos en el Congreso, sé que la mejor manera de honrar tu memoria no es mirar atrás con rencor, sino mirar hacia adelante con responsabilidad. Defender la democracia, la libertad, la justicia social y la convivencia es la forma más sincera que conozco de darte las gracias.
Porque mientras esos valores sigan vivos, también seguirá viva tu memoria.
Y porque mientras tenga voz, nunca dejaré de defender aquello que a ti, siendo apenas un muchacho de dieciocho años, una guerra injusta intentó arrebatarte: el derecho a vivir en libertad.
Por ellos, por mi padre Francisco, prohibido olvidar.
Suscríbete para seguir leyendo
- La Guardia Civil registra viviendas en La Romana y Hondón de las Nieves en una operación internacional contra el narcotráfico
- Torrevieja se empeña en demoler los escalones de acceso a una farmacia del centro y la propiedad irá al juzgado
- Aemet actualiza su previsión para este miércoles: alerta amarilla en el interior de Alicante por tormentas y granizo
- El Sindicato de Inquilinas que apoyó a Maricarmen llega a Alicante para combatir los abusos del alquiler
- Un fotógrafo alicantino busca los ojos más bonitos de Alicante: ya están abiertas las votaciones entre los finalistas
- La receta del arroz al horno como lo hacen en el restaurante Govana
- Llegó la hora de la Serra Grossa: el Ayuntamiento de Alicante desbloquea la regeneración del entorno
- La nueva ayuda de 300 euros para sacarse el carné de conducir en la Comunidad Valenciana anunciada por Pérez Llorca: quién podrá pedirla