Suscríbete desde 3,99€/mes

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El veneno de la política

Seis destacados dirigentes se enfrentan a un futuro sin presión mediática y con muchos huecos en sus agendas tras dejar sus cargos por diferentes motivos, pero todos quieren seguir vinculados a sus partidos

Pleno de la Diputación Provincial de Alicante, donde algunos de los actuales diputados no volverán a desempeñar sus puestos.

Pleno de la Diputación Provincial de Alicante, donde algunos de los actuales diputados no volverán a desempeñar sus puestos. JOSE NAVARRO

Los políticos hablan mucho de su vida cuando están inmersos en la frenética actividad que conlleva sus cargos. Sin embargo, pocos hacen referencia a la sensación que les queda cuando se vuelven prácticamente invisibles para la sociedad. Tras haber probado la miel del poder, todo sabe a poco. La mayoría se han visto obligados a apartarse de esta esfera por no haber conseguido lograr sus objetivos electorales; otros han sido purgados; y únicamente unos pocos han decidido marcharse por propia voluntad. De una manera o de otra, se alejan de la erótica y de la atracción de ser influyentes.Algunos incluso reconocen que sintieron una ola de vacío y una crisis vital porque son aficionados a la política, bien por profesión o por vocación. Ya se sabe que dominar los resortes del poder es, sin duda, un anzuelo que en ocasiones puede resultar venenoso.

Los seis exdirigentes de la provincia que han sido consultados por este medio saben que en este trabajo debe preponderar el servicio al ciudadano para mejorar sus condiciones de vida. En ese aspecto, la perspectiva que tienen no ha cambiado. Ahora analizan el panorama político desde el banquillo y, ante la desafección de la sociedad por sus trabajos, quieren hacer hincapié en que el poder no siempre corrompe. La mayoría de ellos admite que no pueden mirar hacia otro lado y que seguirán atentos a lo que ocurra en la provincia para tratar de aportar sus ideas y no desvincularse de sus respectivos partidos. Ahora abordan el futuro con más calma y sin pensar con quién comerán cada día o qué agenda de actos tienen por delante. Tras su actividad pública, los caminos más trillados que han tomado estos seis excargos públicos son recuperar sus antiguas profesiones o esperar que llegue un milagro en forma de llamada para volver a posicionarse en primera línea política.

El exconseller de Transparencia Manuel Alcaraz es, sin duda, un ejemplo del dirigente que sabe que tiene que cumplir su función durante un tiempo determinado. Pese a haber llegado a la cima del reconocimiento político, decidió retomar la docencia en la Universidad de Alicante y no presentarse a las primarias de Compromís ni figurar en las listas electorales. Tal y como ha afirmado a este medio, cree que ha cubierto una etapa y ha decidido apostar por su familia y por pasar más tiempo en Alicante con su hijo. Quiere volver a dar clases de Derecho Constitucional y también dedicarse a la reflexión de asuntos relacionados con el futuro de la Comunidad Valenciana.

Considera que una pieza fundamental del engranaje político es la imaginación, esa capacidad de inventar propuestas y tener ilusión por pensar que en un futuro las cosas pueden cambiar: «Cuando alguien pierde esa imaginación llega a la conclusión de que no lo va a hacer bien». Alcaraz reconoce que la gestión en una conselleria es muy exigente y que hace cuatro años tuvo un desgaste importante organizando un departamento nuevo como el de Transparencia. «La trampa de sentirse un político indispensable acecha. Lamentablemente he visto a muchos que se han sentido demasiado importantes», asegura el exconseller. A partir de ahora, Alcaraz ya no se levantará con la angustia de cumplir plazos de un determinado reglamento o ver si le ha llegado un informe. En su nueva etapa, quiere seguir siendo un «monstruo devorador de libros» sin renunciar a aportar ideas y conformar equipos, sobre todo centrado en la iniciativa de Compromís en Alicante.

«La política en la sangre»

En estas elecciones, la número dos del PP al Senado por la provincia de Alicante, Adela Pedrosa, quedó fuera de la Cámara Alta tras conseguir el PP un único senador frente a los tres socialistas: el ilicitano Pablo Ruz. Pasó de ser concejala de Elda en 1995 a asesora en la Diputación de Alicante, diputada autonómica dos legislaturas, secretaria general del PP en la Comunidad, alcaldesa de Elda y diputada en Madrid. Tras dos mayorías absolutas aplastantes, Adela Pedrosa perdió la Alcaldía en 2015 y pasó a ser senadora hasta este año. La exalcaldesa continúa siendo la presidenta del PP de Elda y formando parte del comité ejecutivo de Alicante y de la dirección regional. Aunque ya no desempeña ningún cargo público, no se ha alejado de la política porque asegura que la lleva en la sangre: «Está en mi ADN. El político de raza debe seguir en los buenos y en los malos momentos», afirma Pedrosa.

En tan solo cuatro años pasó de vivir el éxito electoral a probar las hieles del fracaso político, algo que según reconoce, no le resultó traumático: «Estoy preparada para saber cuándo gano y cuándo pierdo. Hay que asumirlo con responsabilidad». La debacle del PP en las últimas elecciones es, en su opinión, fruto de los ciclos naturalespor los que pasa el electorado. «Volverán los tiempos buenos del PP porque ya hemos tocado fondo». Sobre su futuro asegura que solo quiere seguir trabajando y se muestra a disposición del partido y de Pablo Casado: «Yo nunca he pedido ser nada, todos los cargos que he tenido me los han ofrecido. Ahora sigo igual, trabajando para el partido por si quieren contar otra vez conmigo».

También en el Medio-Alto Vinalopó ha desarrollado su actividad Javier Esquembre, alcalde de Villena durante ocho años, que encabezaba la lista de Los Verdes y que perdió la mayoría absoluta de once concejales y pasó a tener solo cinco ediles. Tras esta derrota, decidió abandonar la política activa y anunció que no recogería su acta de concejal, por lo que no forma parte de la nueva Corporación Municipal. Los resultados obtenidos le obligaron a dar un paso al lado. Ahora pedirá su ingreso como médico de la Unidad de Conductas Adictivas en Almansa para seguir con su actividad sanitaria que, incluso, le llegó a ser cooperante en América Latina. Además, seguirá trabajando con su partido, Los Verdes, en la esfera menos pública con el objetivo de «apoyar al grupo municipal y apostar por frenar el cambio climático». Considera que la provincia ha carecido de políticas activas en materia de recursos hídricos y agricultura y que la Diputación ha pecado de actuar solo por «apariencia» mientras la Conselleria de Medio Ambiente «desarrolla trámites muy lentos». Es un defensor del ahorro de energía y la sostenibilidad y cree que la creación de empleo es una de las tareas pendiente de la provincia.

Quien fuera concejal de Hacienda, Fomento y Empleo y presidente-delegado de la Agencia Local del Ayuntamiento de Alicante, Carlos Castillo, no ha encontrado un sillón disponible con su nombre a pesar de ser la imagen del discurso más duro del PP en la Diputación contra el Consell. Fue de tres al Senado y no resultó electo. El alcalde Luis Barcala no le hizo hueco, pese a que en el anterior mandato además fue vicepresidente de la institución provincial. Castillo, a expensas de poder colocarse de nuevo, ha preferido no hacer declaraciones a este medio y limitarse a decir que prefiere centrarse en sus asuntos.

Otro ejemplo es la exalcaldesa de Elche, Mercedes Alonso, quien, seis meses antes de las elecciones municipales, decidió dar un paso atrás y renunciar a la portavocía del grupo, dando vía libre a Pablo Ruz, el entonces candidato del Partido Popular a la Alcaldía. Alonso descartó que su decisión tuviera algo que ver con presiones de la dirección del partido y aludió a la carga de trabajo en la Diputación, donde estaba al frente de la cartera de Familia y Ciudadanía de la que cesará ahora. Sin embargo, en el mandato que acaba de arrancar Alonso tampoco será diputada y por lo tanto se ha alejado del foco mediático. La exalcaldesa de Elche no ha querido atender a este medio más allá de asegurar con rotundidad que sigue trabajando.

El exconcejal alicantino Miguel Ángel Pavón manifiesta que no ha dejado la política «aunque ya no sea concejal». Su concepto es el de la «res publica (la cosa pública)», en la que está implicado mucho antes de su entrada formal, cuando en 2011 obtuvo su primer acta de edil en el Ayuntamiento de Alicante tras encabezar la lista de EU. Desde la década de los 90 está en este mundo como activista ecologista en las comarcas del sur de Alicante, defendiendo el territorio y espacios y ecosistemas como las zonas húmedas, los espacios agrícolas tradicionales o las sierras, desde distintos colectivos y plataformas. Nunca lo ha dejado de hacer «y lo seguirá haciendo». Además, es militante de EU y del Partido Comunista, miembro del consejo político local de EU Alicante y del consejo político nacional de EUPV y miembro activo del Área de Medio Ambiente y Territorio de EU tanto en l'Alacantí como en el conjunto del País Valenciano. Desde todos esos ámbitos seguirá en política. Asegura que sigue teniendo los mismos principios e ideales que cuando se comprometió desde el ámbito ecologista y los seguirá defendiendo «frente a los intereses privados que defienden la derecha y a veces también parte de la supuesta izquierda». No descarto volver a la política institucional a corto plazo: «Muchas personas me trasladan que les gustaría que volviera como concejal».

¿Hay vida después de la política? La mayoría de exdigirentes reconocen que sí, y que, de hecho, el fin de la política ha supuesto el inicio de una nueva vida personal. Aunque también admiten que echan de menos el trabajo en esta esfera, pero que existe la manera de encontrar un antídoto a ese veneno.

Para continuar leyendo, suscríbete al acceso de contenidos web

¿Ya eres suscriptor? Inicia sesión aquí

Y para los que quieren más, nuestras otras opciones de suscripción

Compartir el artículo

stats