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Bonig se aparta con reproches hacia Génova y pidiendo perdón por la reprobación a Barberá

La todavía líder del PPCV renuncia a la sindicatura y al escaño en las Cortes para facilitar el despegue del proyecto de Mazón - Admite que seguirá siendo militante del PP y saca pecho de no aceptar cargos como «pago»

Isabel Bonig, ayer, emocionada durante su discurso de despedida en las Cortes Valencianas, con Morera al fondo aplaudiendo. | FERNANDO BUSTAMANTE

Isabel Bonig, ayer, emocionada durante su discurso de despedida en las Cortes Valencianas, con Morera al fondo aplaudiendo. | FERNANDO BUSTAMANTE

Isabel Bonig se va. Abdica a la fuerza. Deja de ser la voz del principal partido de la oposición en el Parlamento valenciano. Renuncia a la portavocía en las Cortes y también abandona el acta de diputada. Es una decisión personal, claro está, pero no lo hace porque quiere, o al menos nunca lo hubiera querido así. Se marcha porque Génova le ha señalado la puerta de salida, porque el candidato del aparato para liderar el PPCV es Carlos Mazón, y no ella. Su labor al frente de una formación que se echó a la espalda en el peor momento, cuando la corrupción lo enfangaba todo, se da por amortizada. «Me voy porque no cuento con la confianza de la actual dirección del PP. Me hubiera gustado tener una segunda oportunidad para recoger el fruto de mi trabajo», sentenció ayer entre el abatimiento y la convicción de haber cumplido su tarea.

La exalcaldesa de La Vall d’Uixó cierra una etapa de seis años como lideresa de los populares valencianos con un último servicio al partido, aunque lanzando sutiles dardos en su discurso de despedida. Su retirada despeja el camino al presidente de la Diputación de Alicante, que previsiblemente será aclamado como nuevo jefe de los populares valencianos. El gesto de Bonig, su paso atrás en la primera línea política, facilita el aterrizaje de Mazón en la capital del Túria. Le allana el camino para que marque las líneas maestras de su acción política a través de sus colaboradores de confianza, puesto que carece de escaño en la Cámara. En definitiva, «para dejar paso a las personas que sí tienen el beneplácito de Génova» y, de paso, para evitar las heridas que siempre se abren en las trincheras de un proceso de primarias. Unas primarias, las de la presidencia del PPCV, a las que Bonig mantenía su intención de presentarse hasta hace tan solo dos semanas. También Pablo Casado llegó a la presidencia con primarias, recordó. Pero, en su caso, una reunión en Madrid lo cambió todo y en política, como en la vida, todo puede variar en tan solo un instante.

«Me voy porque no cuento con la confianza de la actual dirección del Partido Popular»

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«Cuando hablé con el presidente siempre me dijo que tenía su confianza, pero en las últimas conversaciones me dijo que no. Me hubiese gustado que se hubiera hecho de otra forma, que se hubiese dicho desde un principio», aclaró ayer. Lo ocurrido en el encuentro de aquel día, ese en el que supo que su proyecto dejaba de tener recorrido, le hizo replantearse su futuro político. Suspendió su agenda pública, intentó apartarse del foco mediático e interiorizó, muy a su pesar, que estaba en un callejón sin salida. El desenlace a toda esa incómoda situación ocurrió ayer, cuando convocó una comparecencia de urgencia para confirmar que lo dejaba.

«Me hubiera gustado una segunda oportunidad para recoger el fruto de mi trabajo»

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Minutos antes de las once de la mañana, Bonig anunció que renunciaba a todos sus cargos institucionales. Prefirió comunicarlo antes a los medios de comunicación, a través de una intervención retransmitida online, que hacerlo en la junta directiva que estaba programada por la tarde para dar el pistoletazo de salida al congreso que, en mes y medio, ungirá a Mazón como su sucesor. Lo hizo así, según señalan fuentes de su entorno, tras haber visto como sus colaboradores no han salido a defender su liderazgo en las últimas semanas, cuando más apretaba Génova, y mientras muchos de ellos ya buscaban acomodo en la próxima ejecutiva. Se lo comunicó solo unos minutos antes.

«Agradezco que Génova me haya ofrecido cosas, pero no entré en política por cargos»

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A pesar de que se marcha forzada por las circunstancias, no se arrepiente de «haber tomado las riendas del PP cuando nadie se atrevía y nadie quería», mientras que ahora sí las quieren, recalcó. Fueron años en los que vivió «el bochorno y la vergüenza» de la corrupción en sus filas, de dar la cara por asuntos que salpicaban a las siglas que representaba. Y ahora que la situación, según defendió, empieza a cambiar, con una reciente encuesta de metroscopia que, dijo, posiciona al PPCV en un empate técnico con el PSPV, se ve obligada a echarse a un lado más por disciplina que por convencimiento. Lamentó, a ese respecto, no haberse podido ganar la confianza de la dirección por haber estado «trabajando».

«Pido perdón por la reprobación a Rita Barberá. Lo siento, como presidenta me equivoqué»

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De lo que sí se arrepiente y, ayer pidió públicamente perdón, es por haber apoyado en las Cortes una reprobación a la que fuera alcaldesa de València, santo y seña del PP en la Comunidad: Rita Barberá. «Me equivoqué y pido perdón», dijo con la voz entrecortada y entre lágrimas. Volvió a pedir perdón por ello en la Cámara autonómica, a la que acudió para despedirse de los parlamentarios, donde también pidió disculpas si se ha pasado en sus intervenciones atacando al Botànic.

Bonig dijo adiós con las mejillas empapadas y tras recibir una ovación en pie de aliados y contrincantes políticos. Y se marcha, según aseguró, sin pedir cargos como pago de favores por acatar lo que quiere Génova, sin aceptar las ofertas recibidas. Manteniendo su carné de militante del PP y dando un portazo pero no demasiado sonoro. Lo que todos esperaban de una mujer de partido, que seguirá como presidenta del PPCV hasta a que se designe oficialmente a Mazón como sucesor.

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