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"Ser un machote duele y es malo"

La masculinidad tradicional está herida. Ante el avance del feminismo y el igualitarismo, muchos de sus seguidores se radicalizan para conservar ese mundo hecho a imagen del ideal de hombre.

Masculinidad tóxica

Masculinidad tóxica

¿Qué significa realmente “ser un hombre”? El feminismo está quitando el megáfono a los hombres y obligándoles a escuchar preguntas que nunca se han hecho o que no quieren hacerse. Con la figura del “machote” repudiada por la misma sociedad que antes parecía existir sólo para imitarla o admirarla, y comprobando cómo la estructura del patriarcado se revela nítida a poco que se quieran ver sus pilares, muchos varones se preguntan en silencio en qué momento el ideal del guerrero fuerte y heroico hacia el que se encaminaban se convirtió en el enemigo público número uno. En un Darth Vader que usa su poder para asfixiar a sus soldados, encarcelar mujeres y destrozar planetas sin por ello dejar de vivir atormentado. Una minoría se rebela y trata de cambiar, otros pocos se encastillan y radicalizan su posición y una mayoría silenciosa observa y calla, sin saber muy bien qué hacer. Entre el Día de la Mujer y el Día del Padre, diseccionamos al varón y su miedo a enfrentarse a quién es.

No es una pregunta nueva para las ciencias sociales pero hace muy poco que ha irrumpido en el debate público. Ahora la televisión anuncia marcas de afeitado que se posicionan contra la “masculinidad tóxica” y en los programas empiezan a salir hombres igualitarios que promueven la renuncia a los privilegios de género. Internet y las redes, sin menos filtros, difunden las ideas pro igualdad pero también acogen a la reacción, más sofisticada y adaptada a la audiencia joven que el viejo macho ibérico que sobrevive en bares, festejos y tertulias.

Darth Vader: macho alfa, pero infeliz

“Hoy en día existen los machistas radicales, que se han quitado la máscara y presumen de ello, como los que llevaron camisetas de ‘chupa y calla’ a los sanfermines tras el caso de la Manada, y luego hay gente que está redefiniendo sus límites y posicionándose”, sostiene Erick Pescador, sociólogo, sexólogo y especialista en masculinidades. Este es, para su colega de campo Joan Sanfélix, “un momento histórico, en el que algunos hombres pueden sentirse marginados porque se pone en duda su ontología, su ser”. Para este especialista, quien determinará el futuro de este sexo será “esa amalgama de hombres confusa y heterogénea que hasta ahora ha sido cómplice del modelo tradicional”.

LA MÍSTICA DEL GUERRERO

“La masculinidad, si la intentamos definir, es la forma aceptada de ser varón en una cultura. Existe un modelo hegemónico, con matices y variedades, que comparten los países occidentales. George L. Mosse dice que el ideal de masculinidad como lo conocemos se forma en la Edad Moderna y que desde entonces se ha puesto en cuestión muy pocas veces, en el movimiento hippie y poco más. Se centra en la producción, en la función proveedora, en ser el cabeza de familia, llevar los pantalones y tener ese punto heroico y de valentía”, explica Sanfélix, sociólogo y especialista en género doctorado por la UMH. Asegura que “toda una mística rodea ese ideal”.

Tendemos a pensar que la idea de lo que es un hombre es antigua como el mundo, pero algunos investigadores lo discuten. “El modelo no tiene más de tres o cuatro siglos. Está la idea extendida de que viene de las cavernas, pero en realidad procede del capitalismo industrial. Algunos estudiosos ya hablan de cómo el guerrero se transformó en cortesano y cómo posteriormente este caballero de espada acabó trasladándose a la figura del deportista y del gentleman“, resume Sanfélix.

"Pedirles a los hombres que renuncien a sus privilegios es como pedirles a los ricos que distribuyan su riqueza"

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Para Pescador, la deconstrucción pública del macho ha enviado a quienes quieren seguir imitándolo a dos santuarios. “Hay un refugio del hombre violento en dos campos; el deporte y los videojuegos. Y añadiría el ambiente de cazadores“, cuenta el especialista en masculinidad.

“Pese a la evolución social, el modelo sigue intacto. Es así porque sigue habiendo privilegios por ser varón”, explica Sanfélix, hoy profesor en la UJI de Castellón. Cree que la principal razón para el inmovilismo es el programa de beneficios sociales que aporta ser hombre, ya que, aunque el ideal del héroe guerrero es una fantasía inalcanzable para la inmensa mayoría de varones, no lo ponen en duda porque “les beneficia“. Para Sanfélix, los hombres mantienen una actitud cómplice con la masculinidad hegemónica porque les permite “mantener la brecha salarial, los usos del tiempo desiguales o el acceso a los cuerpos de las mujeres“. “Pedirles que cambien esto es como pedirles a los ricos que distribuyan su riqueza”, zanja.

Muchos varones se sienten como herederos de terratenientes que no pueden sacar partido a su patrimonio porque la economía ha cambiado. Y una parte de ellos estaría exigiendo volver al antiguo régimen, donde se respetaban los privilegios por nacer, juego de palabras mediante, barón. “Los estudios científicos sobre masculinidades están señalando que existe un volumen relativamente importante de hombres que se sienten desnortados, agraviados, que están enfadados con el avance de las mujeres y minorías a quienes acusan de sus desgracias, que se encuentran en situaciones socioeconómicas precarias y consecuentemente, como se ha tratado de demostrar, con la identidad de género resquebrajada”, cuenta el doctor por la UMH en un trabajo reciente publicado en la revista Nuevas Tendencias en Antropología. Cree que al varón se le ha “roto la brújula” y que la pérdida de su posición es combustible de fenómenos políticos extremos.

Qué significa ser un hombre

Lo cierto es que en Europa proliferan partidos tradicionalistas, algunos, como Vox, con electorado mayoritariamente masculino, y movimientos y publicaciones pro supremacía masculina como Alt-Right o Incel en EE UU.

El vínculo entre extremismo y los ataques a la virilidad estaría en que la pérdida de poder obliga a los afectados a buscar referencias hipermasculinas en el pasado, desde donde saludan con rectitud y hombría los fascismos. Los destinatarios de estos discursos son hombres que “han sido construidos como sujetos de la dominación y el privilegio, pero ellos son las generaciones masculinas que no han podido recoger los beneficios patriarcales que les otorga el sistema”, añade el sociólogo en la publicación. Y concluye que “así pues, es muy posible, que el dulce canto de las sirenas fascistas les dé un sentido identitario, una posición en el mundo, para la que de alguna manera se han estado preparando y puesto que el capitalismo neoliberal global parece no haberlo hecho”.

"Para algunos autores, un hombre deberá convencer a los demás de tres cosas: que no es una mujer, que no es un bebé y que no es homosexual"

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La decadencia en el exterior instala dudas existenciales en la cabeza. La reacción virulenta contra los colectivos que le desafían, especialmente el feminismo y el mundo LGTBI, tiene para algunos expertos una razón muy concreta y quizá inconsciente: que la identidad masculina consiste en gran medida en no ser lo que ellos son.

“Para Elizabeth Badinter, la identidad masculina se adquiere por oposición, negando el lado femenino, es decir, negando el primer vínculo materno. El hombre deberá convencer a los demás de tres cosas. Que no es una mujer, que no es un bebé y que no es homosexual“, escribe Sanfélix en su artículo. También recuerda que el antropólogo Juan Carlos Callirgos sostuvo en 2003 que “la masculinidad se adquiere en el proceso de diferenciación con la madre y el mundo femenino” y una sentencia de Gilbert Herdt and Robert J. Stoller: “la primera orden en la empresa de ser un hombre es no ser mujer“.

Intelectuales, investigadores y activistas están desmontando al hombre, para algunos el átomo de la existencia humana. Los más inestables amenazan con reaccionar igual si alguien se atreve a hurgar en su núcleo.

«MUERTES POR HUEVOS»

“La masculinidad es frágil porque el estar intentando demostrar todo el rato tu poder te hace estar en alerta todo el tiempo. Estás en pelea contigo mismo. Cuando estás seguro de quién eres no tienes que pelearte todo el rato”, explica de un tirón Pescador, acostumbrado a exponer la raíz del malestar en la masculinidad en charlas y cursos. El sociólogo aplica la idea de que exhibir constantemente alguna cualidad sólo indica inseguridad, la misma idea que remacha Tywin Lannister en Juego de Tronos al decir que “si un hombre necesita decir ‘yo soy el rey’ es que no es un auténtico rey”.

Masculinidad tóxica

"La masculinidad es frágil porque estar intentando demostrar todo el rato tu poder te hace estar en alerta todo el tiempo. Estás en pelea contigo mismo"

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Es comprensible que, en la lógica militar que inspira esta figura, cualquier mensaje del feminismo se pueda interpretar como propaganda enemiga, una estrategia para debilitar al rival. Pero cuando la crítica a la masculinidad procede del propio bando, de otros hombres, se dedica más atención a distinguir si el que habla es amigo o es un traidor. Y es en esas condiciones como están trabajando las asociaciones de hombres igualitarios. Su mensaje cala porque conocen el modelo de hombría y saben que no funciona. “Lo que se pretende visibilizar es que el modelo patriarcal de privilegios confiere beneficios pero limita nuestra existencia“, resume Sanfélix. Están tratando de convencer a los varones de que ser un machote perjudica seriamente la salud de los que están a su alrededor, pero especialmente la suya. “Se trata de mostrar que cambiando de modelo no hay castración, sino una recuperación de la parte humana”.

Esa “vigilancia constante”, esa demostración sin tregua, acaba agotando a quien la practica, según Pescador. “Ser hombre es una necesidad, porque necesitamos ser reconocidos por nuestros iguales. Y nos cuesta mucho quitarnos ese corsé. Por eso caemos en el alcoholismo, el tabaquismo, las guerras y homicidio. Cuando hablamos de masculinidad hegemónica o tóxica hablamos de algo nocivo, porque produce malestar a ellos, a ellas, a sus hijos y hasta al planeta”, añade Sanfélix.

Pescador está convenciendo a los varones de la necesidad de huir de esa referencia. “El propio autoconocimiento ha llevado a cada vez más hombres a ver que ese modelo no funciona y a decir que esa es una película que no es para ellos”, afirma. Lo que dice está respaldado por los resultados de una investigación reciente de la Asociación Americana de Psicología: “Por primera vez se ha publicado un estudio que vincula la masculinidad tradicional con problemas de salud. Ser un machote duele y es malo”.

Según la Asociación Americana de Psicología, "la ideología tradicional masculina limita el desarrollo psicológico, restringe su comportamiento, crea tensiones de género y afecta a la salud mental y física"

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Entre los hallazgos del trabajo destaca esta afirmación: “la ideología tradicional masculina limita el desarrollo psicológico de los hombres, restringe su comportamiento, da como resultado tensiones y conflictos de género e influye negativamente en la salud mental y la salud física”. Y aporta algunos datos ilustrativos: los hombres cometen el 90% de los homicidios en EE UU, representan el 77% de las víctimas y son casi cuatro veces más propensos al suicidio.

Pescador las llama “muertes por huevos”. “¿Cuántas se producen? En hombres hay más accidentes de tráfico, más muertes por abuso del riesgo, por conducción temeraria, por comas etílicos”, abunda.

Para el divulgador, la masculinidad asume el riesgo como forma de interacción social, lo que explica la predisposición a la violencia. Una conducta que termina eliminando la empatía “hacia el el dolor ajeno y el dolor propio”, según Pescador.

Ultras franceses en una calle

Un dato para ilustrar esta teoría: un estudio de las Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos recoge que desde octubre de 2011 hasta noviembre de 2017, se han producido 259 muertes por hacerse selfis en un total de 137 incidentes. Del total de víctimas, el 72,4% eran hombres.

La necesidad de adquirir la hombría y de certificar la conquista con la aprobación externa instala la ansiedad desde la pubertad. Desde entonces y para siempre, el varón que no rompa con el ideal deberá cumplir con sus expectativas y condiciones. Para los investigadores, los datos de la AAP muestran el resultado de esta empresa. En todas las estadísticas del informe hay violencia hacia los demás o hacia uno mismo.

DISPARATES MARCIALES

Como ha señalado Sanfélix, los varones han puesto en duda este ideal muy pocas veces. Los movimientos antimilitaristas y pacifistas de los 60 fueron los primeros en Occidente en pedir la renuncia a usar armas. Una grieta importante en la corteza de la identidad masculina, porque son el símbolo del guerrero y de la sociedad moderna que construyó: “El estado había adquirido rasgos masculinos al definirse como la entidad que tiene el monopolio de la violencia y dotarse de ejércitos y policías. La ciudadanía sigue socializando en un ideal guerrero y mistificado”, reflexiona el investigador de la UJI. Pero el cambio que ahora amenaza al búnker, al núcleo, se había sembrado y pronto brotarían flores de los cascos de los soldados.

“En aquella época, un juez no condenó a un insumiso que se había levantado y marchado a mitad del juicio. Eso demuestra hasta qué punto el antimilitarismo había calado en la sociedad”. Juanjo Compairé, profesor y miembro de la asociación Homes Igualitaris de Catalunya, recoge en un trabajo titulado Rompiendo filas. Voces desde la objeción de conciencia y la insumisión testimonios de personas que participaron en el Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC) y en grupos de insumisos durante los años 70, 80 y 90 en España. Entre 1985 y 1995, el número de llamados al servicio militar obligatorio que se negaban a tomar las armas pasó de 12.170 a 72.882 según un reportaje publicado en Interviú recogido por el MOC. Porque lo consideraban una pérdida de tiempo o porque estaban en contra de los valores militares que se inculcaban en aquellos meses, lo que evidencia la negativa es que muchos varones ya no se identificaban con la misión del soldado, al menos de forma literal.

Un cartel de los grupos antimilitaristas MOC y Mili KK contra los juguetes bélicos y sexistas FONDO DEL MOC/ARCHIVO DE LA DEMOCRACIA DE LA UA

Un cartel de los grupos antimilitaristas MOC y Mili KK contra los juguetes bélicos y sexistas FONDO DEL MOC/ARCHIVO DE LA DEMOCRACIA DE LA UA

La mili desapareció. “A finales de los 90, centenares de miles de jóvenes se oponen al servicio militar y lo hacen inviable. Cayó en 2001 como una fruta madura”, explica Compairé. Supuso un tremendo cuestionamiento de los valores, o más bien de su reverso tenebroso, que van aparejados con la figura ideal masculina. “El antimilitarismo del MOC y la insumisión tenía detrás a un grupo diverso de hombres que rechazaba la uniformidad y los roles militarizantes, violentos o de obediencia sin razonar ni criticar”, recuerda Compairé.

¿Fueron los objetores e insumisos quienes primero quisieron derribar el ideal marcial que inspira la virilidad? Compairé no cree que fueran ellos. El debate y la duda, en su opinión, los habían extendido el feminismo y el movimiento LGTBI. “El MOC fue una escuela de deconstrucción del hombre violento y fue piedra de toque en esa revisión de la masculinidad, pero luego cada movimiento ha tenido su evolución. Muchos objetores e insumisos forman parte hoy de asociaciones igualitaristas. Pero es significativo cómo está aumentando ahora el número de hombres en los estudios de género”, concluye el autor de este informe. “Pero la oposición al ejército no es oposición al patriarcado. En eso han sido más influyentes el feminismo y el colectivo LGTBI”, aclara.

Uno de los logros más importantes del antimilitarismo en España fue el de romper con el rito de paso hacia la “ciudadanía masculina” que representaba la mili. Durante aquellos meses, jóvenes lampiños abandonaban su entorno por primera vez en su vida y aprendían lo que era el mundo en un escenario jerárquico, autoritario e inflexible. Ordenado, a veces de forma arbitraria, por hombres de escala superior. Los gestos, actitudes y comportamientos que imperaban allí se viralizaron y siguen muy marcados en los varones de cierta edad, mientras que los jóvenes han ido relajando el rictus marcial de la generación de sus padres.

Comportarse como un hombre: un análisis de gestos

Todos los reconocemos y los usamos de forma más o menos consciente. Elevar la voz, alzar la barbilla o saludar con fuerza son algunos de los gestos que transmiten control, superioridad y poder a los demás. Javier Torregrosa, experto alicantino en Comunicación No Verbal y en otras disciplinas de análisis del comportamiento, disecciona esta colección de movimientos y actitudes normalmente masculinos. Muchos tienen un origen marcial. También cuenta un curioso hallazgo de un alumno suyo: los militares controlan su cuerpo hasta en los momentos más emotivos, como al abrazarse con sus seres queridos antes de partir de misión.

“La mili era un rito de paso en cuanto que enseñaba a obedecer órdenes y pretendía ser un aprendizaje de cómo ser hombres adultos. Otra cosa es que no se consiguiese. Sí podía ser un rito el espíritu de los quintos, donde en un grupo de gente que había pasado por lo mismo se fragua una camaradería excluyente, de gente uniformada que tiene un enemigo y no duda en usar la violencia. De todo esto alguna cosa se queda, yo lo sigo viendo en algunas peñas de amigos“, considera Compairé. Son características observables en muchos grupos de varones.

El juego de poder y dominación alcanzaba el absurdo durante las novatadas a los que entraban nuevos a hacer el servicio. “La forma de perpetuarlo era a través de las novatadas, donde se descargaba la rabia acumulada hacia los nuevos. Había una cierta transmisión de la violencia”, recuerda el autor de este trabajo sobre la insumisión.

Fotos de tu novia para que el veterano se masturbe y sujetar el pene de tu compañero mientras cantas

Durante las novatadas, los quintos veteranos tomaban el control del cuartel durante algunas horas mientras los mandos hacían la vista gorda. En estos rituales de iniciación, los nuevos debían someterse a la voluntad de los veteranos, colaborar y dejarse humillar en bromas que incurren en el delito. En este artículo de la revista antimiltarista barcelonesa La puça y el general se describen algunas de las vejaciones de moda en los cuarteles durante el año 1984.

FONDO DEL MOC/ARCHIVO DE LA DEMOCRACIA DE LA UA

FONDO DEL MOC/ARCHIVO DE LA DEMOCRACIA DE LA UA

Cuando está cerca el vigésimo aniversario de la supresión de la mili, miembros del MOC de las tres provincias de la Comunidad Valenciana han donado toda su colección de documentos, folletos, fanzines, revistas y carteles al Archivo de la Democracia de la Universidad de Alicante. En el fondo, aún en fase catalogación, se puede comprobar cómo el activismo gay, el feminismo y el antimilitarismo sumaron fuerzas en su lucha contra el modelo de ordeno y mando patriarcal.

Colectivos contra lo militar

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Colectivos contra lo militar. Imágenes del Fondo del MOC Fondo del MOC

Conscientes de muchas de estas realidades, los varones de hoy siguen aferrados al modelo tradicional porque no existe una alternativa. Cualquier paso hacia adelante puede ser contestado con un “planchabragas”, “maricón” o “nenaza”, y la mayoría opta por observar y esperar. “No hay un referente claro de ese nuevo tipo de hombre. Se están trabajando modelos alternativos en las asociaciones de hombres por la igualdad, pero es difícil cargarse lo de ser un hombre por las seguridades que aporta a nivel existencial”, opina Sanfélix. “No hay alternativas, nos las tenemos que inventar a partir de nuestro propio malestar“, concluye Pescador.

El otro sexo ya ha empezado a hacerlo, y va ganando en esta tarea. «Las mujeres han roto con el modelo doméstico para abrirse al mundo. Las reivindicaciones feministas han conseguido que cambie lo que es deseable socialmente y ahora el macho ibérico sin complejos es visto como un gañán», apunta el doctor por la UMH. Mientras que ellas se liberan gozosamente y exploran ámbitos que les estaban vetados, los varones parecen tener que afrontar terrores profundos si quieren vivir mejor y formar parte del futuro que se está gestando. Un tránsito que, paradójicamente, retiene una mística heroica perfecta.

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