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«Veíamos que se estaba radicalizando pero no supimos a quién pedir ayuda»

Un pariente del joven afincado en Sagunto, que se inmoló y causó 33 muertes en Irak, recuerda que «sólo hablaba de un tema, el yihadismo»

«Veíamos que se estaba radicalizando pero no supimos a quién pedir ayuda»

«Veíamos que se estaba radicalizando pero no supimos a quién pedir ayuda»

El joven marroquí afincado en Sagunto (Valencia) que en 2015 acabó convirtiéndose en un terrorista suicida y causó una masacre con 33 muertos cerca de Bagdagterrorista suicidamasacreBagdag, Ismail Maliki, había llegado a España dispuesto a labrarse un futuro mejor. Para ello, no dudaba en colaborar en casa de unos familiares en todo lo que pedían. Sin embargo, de llevar la vida de un «buen chico», pasó a dejarse barba como ordena el Estado Islámico, a estar cada vez más encerrado en sí mismo y a hablar en casa «sólo de un tema»: la justificación de los atentados yihadistas. Así lo explicaban a este periódico personas muy cercanas a él, que insistían en que su proceso de radicalización se produjo «muy rápido, en tres meses», sin que sirvieran de nada los intentos por frenar esa espiral y hacerle cambiar de opinión.

Como explicaba un familiar con el que Maliki había convivido dos años desde su llegada a Sagunt en 2012: «Veíamos que se estaba radicalizando y hablábamos con él, diciendo que todo eso eran tonterías. Le pedimos ayuda a su madre, que le convenciera de que así no podía seguir, ella lloraba y todo, pero él no hacía caso... En ese momento, no supimos a quién pedir ayuda. Él estaba en situación irregular y no queríamos crearle problemas si avisábamos a la policía. Si entonces yo hubiera estado seguro de que después iba a hacer lo que hizo, desde luego, hubiera sido mejor llamarles para evitar todas esas muertes. Pero, en ese momento, creíamos que podríamos solucionarlo».

Mientras crecía la obsesión de Ismail por la causa yihadista, aumentaron sus visitas al piso de Mohamed Alla El Bakhti, el hombre de 47 años detenido el lunes en Sagunt acusado de adoctrinar, captar y enviar combatientes al Estado Islámico. En teoría, el joven iba su casa a ver el fútbol, aunque a veces volvía de allí a las 2 y las 3 de la madrugada, desvela un familiar. Aún así, éste último no tiene del todo claro que fuera adoctrinado allí, como sostiene la policía, y apuntaba a otro factor. «Yo creo que la culpa es de internet y los teléfonos móviles. Ahí tienen todo al alcance», critica el pariente de Maliki.

Tras discusiones constantes con él por su justificación del terrorismo, Ismail fue expulsado de ese hogar y se fue a vivir unas semanas con otro hermano a una localidad de l´ Horta Nord, para luego irse poco después a Marruecos. De allí regresó en patera al cabo de un tiempo a esae mismo municipio de l´Horta. Después vino un viaje a Italia y a Suiza que, a juicio de su familiar, fue clave en el «horrible final» que tuvo.

«Él fue interceptado sin papeles en aquel país, se hizo pasar por menor de edad y acabó recibiendo del gobierno suizo unos 5.000 euros para que pudiera regresar a Marruecos, montarse un negocio y ganarse la vida». Con ayuda de un amigo, según explica esta fuente, Ismail logró cumplir todos los requisitos que le pedían para lograr la ayuda de Suiza, diciendo que tenía un local e iba a montar una tienda.

Tras ello, con la excusa de comprar mercancía para ese comercio, se fue a Turquía a finales de 2014 y ya no volvió con vida. «Por lo que supimos después, desde ahí ya se iría a Irak y se uniría al Estado Islámico. Es un viaje que él nunca hubiera podido hacer sin esos 5.000 euros. Nosotros le dábamos comida, ropa y un lugar para dormir, pero nada de dinero», apuntaba al rememorar lo sucedido sin ocultar que, para ellos, «es muy duro recordarlo todo, pues, como para cualquier familia, es una desgracia que un buen chico se convierta en un terrorista suicida y mate a un montón de gente. Eso no entra en la cabeza de nadie que practique el Islam».

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