Nunca pasa desapercibida en las redes sociales, donde le gusta compartir su día a día con sus seguidores (desde cuando cocina hasta cuando hace punto). También cuando se aburre, y mucho, tras un mes de confinamiento domiciliario, y eso que por responsabilidades políticas no será, ya que tiene frente a ella una «patata caliente» como reflotar el turismo.

Más difícil resulta recordarla como protagonista de la gestión municipal, donde la vicealcaldesa, Mari Carmen Sánchez (Cs), acumula un arranque de mandato a la sombra del alcalde, Luis Barcala (PP). Después de nueve meses como «número dos» y portavoz del bipartito de Alicante, además de como concejala de Turismo, resulta complicado poner negro sobre blanco medidas con su sello propio. Más bien lo contrario.

Como vicealcaldesa nadie niega que avanza a rebufo del alcalde, como lo hace Ciudadanos del PP durante este primer tramo de un mandato en Alicante que empezó el pasado mes de julio. Y tampoco debe de aspirar a mucho más. O al menos eso se desprende de su implicación, bastante limitada según advierten incluso sus socios de gobierno desde el primer día. Unos dicen que prefiere figurar a trabajar, otros, intentando disculparla, aseguran que no es muy «proactiva», que necesita que alguien «tire de ella». Y en el gobierno local nadie la va a llevar de la mano.

Entre los populares no se oculta el malestar por la falta de participación de Mari Carmen Sánchez en la gestión diaria. Y no es de ahora. Aunque, como en toda crisis, el coronavirus ha destapado, del todo, las vergüenzas que se pueden sobrellevar en el día a día. En este último mes desde que el Gobierno central decretó el estado de alarma por la pandemia por el Covid-19, las apariciones públicas de la vicealcaldesa son contadas. Más o menos como su presencia en el trabajo diario, o eso cuentan los populares desde hace semanas.

En este tiempo, a Mari Carmen Sánchez se le recuerda en la firma entre Barcala y el presidente provincial de la Confederación Empresarial de la Comunitat Valenciana (CEV) del protocolo para impulsar medidas económicas para hacer frente a la crisis derivada del coronavirus en la ciudad. También avanzó el paquete de medidas del gobierno local de apoyo a autónomos, micropymes y pymes, además de presentar una campaña turística lanzada en redes sociales para «resituar» la capital alicantina cuando se supere la crisis sanitarias por el Covid-19. Y poco más en un largo mes marcado por una crisis imprevista y que ha sacudido todos los cimientos.

Su implicación previamente no fue mayor. De hecho, han sido repetidas, y muy comentadas, sus ausencias en la cita semanal tras la Junta de Gobierno de los martes. Ahí debe ejercer como portavoz del bipartito, aunque su presencia se cotiza alto. Desde el primer día, estuvo «escoltada» por el portavoz adjunto, el popular Manuel Villar, a quien situaron para controlar de cerca las intervenciones y que, finalmente, se ha convertido muchas semanas en el protagonista.

Como líder de Ciudadanos, donde ostenta el cargo de portavoz del grupo municipal, la situación de Mari Carmen Sánchez no varía en exceso. Tanto es así, que los naranja colocaron a José Luis Berenguer, un recién llegado a la política desde el mundo del motociclismo, a «coordinar» el grupo en el Ayuntamiento. Eso supuso, en la práctica, que Berenguer fue, por ejemplo, el encargado de negociar con el PP el borrador del Presupuesto.

En Turismo, su competencia delegada junto al área de LGBTI, más de lo mismo. Unos ocho meses tardó en lanzar definitivamente el nuevo intento (tercero en apenas dos años) para cubrir la plaza de gerente del Patronato que lleva vacante desde octubre de 2018. Además, el servicio de mantenimiento de playas se ralentizó tanto que empezó este año 2020 con un solo operario para hacer frente a las reparaciones de todos los arenales de la capital. Y de campañas turísticas, nada por ahora.

Cinco años en política

Pese a todo, las peores horas de Mari Carmen Sánchez (Alicante, 1982) en el gobierno han llegado en pleno confinamiento. Cuando menos lo podía esperar. Por frivolizar con el aburrimiento por el encierro domiciliario. Y todo por el vídeo que subió a su perfil de Instagram (por entonces era una cuenta pública, luego le puso «candado» para limitarla a sus amigos, de entre los que expulsó a miembros de grupos de la oposición).

El archivo estuvo colgado tres largas horas. Por la mañana, Sánchez acudió a Alcaldía con un rostro que evidenciaba que no había pasado su mejor noche. Grabó otro vídeo, esta vez de disculpa y para rechazar la dimisión. Dice que no se va, que seguirá trabajando por Alicante.

La hoy vicealcaldesa, que percibe casi 60.000 euros al año, entró en política hace cinco años, cuando Ciudadanos buscaba en Alicante rostros vinculados a las Hogueras. Ella había sido Dama del Foc, por lo que daba el perfil. Eso le llevó a ser diputada autonómica y, tras romperse el grupo de Cs en las Cortes, se convirtió en síndica.

Luego fue designada alcaldable por Alicante, lo que le permitió ser vicealcaldesa tras la cita con las urnas de mayo de 2019 y el pacto de gobierno con el PP. Desde esa posición en la sombra, sus socios se quejan de su falta de trabajo, pero admiten que esa actitud le deja vía libre a Barcala. No aporta a la gestión lo que debería por su cargo, pero tampoco rema en sentido contrario. No es mucho, pero en Alcaldía les basta. ¿Y en Alicante?