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Así trabajan los rastreadores del covid-19

Cincuenta llamadas al día para seguir el rastro de la covid-19: trazando la «red social» del virus

Carlos Rabadán, al teléfono, desde su puesto de trabajo en un centro de salud de la Comunidad.

Carlos Rabadán, al teléfono, desde su puesto de trabajo en un centro de salud de la Comunidad. daniel tortajada

Cuando Carlos Rabadán preparaba las oposiciones de enfermería y estudiaba conceptos como «pandemia», «endopandemia» o «mesopandemia» no podía imaginarse que unos años después estaría siguiendo los pasos de un virus que ha puesto patas arriba el planeta. «Yo pensaba, ¿para qué nos explican esto? ¡Si no va a pasar en la vida!», recuerda con incredulidad. Él es uno de los más de mil rastreadores incorporados por la Generalitat Valenciana para trazar lo que él mismo describe como el «árbol genealógico» o la «red social» del covid-19.

En contra de lo que muchos piensan, no lo hace a pie de calle, sino desde su despacho. Con una media de unas 50 llamadas diarias, Rabadán trata de ir deshaciendo la madeja epidemiológica, conectando nódulos para delimitar el avance de los contagios. Los mecanismos se activan cuando se detecta un caso sospechoso: el rastreador se pone en contacto con esa persona con síntomas y empieza su labor.

Primero encarga una prueba PCR para el paciente y le solicita que se ponga en aislamiento domiciliario. En paralelo, elabora junto a esa persona una lista de todos sus contactos estrechos desde dos días antes del inicio de la sintomatología. Se considera contacto estrecho a cualquier persona conviviente o con la que el sospechoso haya estado más de 15 minutos sin las preceptivas medidas de seguridad.

Una de las tareas del rastreador en esta fase inicial es «refrescar la memoria» del paciente sospechoso, ayudarle a tirar del hilo. «Tenemos una serie de pautas», comenta Rabadán. «¿Te has reunido con la familia? ¿Has ido a algún bar? ¿Has estado con grupos de amigos?». Con estas pistas, se le solicita que elabore una lista con nombres y números de teléfono y se le vuelve a llamar al cabo de unas horas. A todos esos contactos referidos, aunque no presenten ningún indicio de tener la enfermedad, se les practicará también pruebas PCR.

En tres fases

Si el sospechoso original da negativo, se aborta el proceso de análisis a todos sus contactos y se les concede lo que se conoce como «alta de seguimiento», es decir, se les saca del sistema de rastreo y se aborta el control de su evolución sanitaria. Si, por el contrario, la prueba es positiva, el sistema informático de la Conselleria de Sanidad deriva todos esos contactos estrechos a sus respectivos centros de salud. Allí, otro rastreador recibirá la alarma y continuará con el seguimiento de esos contactos. Cabe recordar que el ámbito de actuación de estos profesionales es la zona básica de atención primaria. El árbol va creciendo y el virus se va acotando.

Estos son los tres «pilares básicos» sobre los que descansa la labor del rastreador, según Rabadán. Detección precoz y PCR en menos de 24 horas, elaborar el estudio de contactos y registrar la información extraída en el sistema informático. Este último paso permite a Salud Pública esbozar una mapa más amplio y, en caso de detectar focos en puntos localizados, tomar las medidas oportunas como pueden ser los «confinamientos quirúrgicos» -selectivos, acotados- que ya se han aplicado en algunas zonas.

Eso sí, Rabadán recuerda que su trabajo depende de la voluntad de colaboración de las personas implicadas. «Llegamos hasta donde ellos quieren», reconoce. Según su testimonio, suele haber colaboración ciudadana, aunque «a veces se olvidan de datos relevantes» o incluso «un pequeño porcentaje se niega a colaborar», lamenta. Por eso, este sanitario aprovecha para apelar a la responsabilidad individual.

Esta falta de información no es la única muralla ante la que puede topar un rastreador. Existen otros límites frente a los que estos profesionales no pueden avanzar. Es el caso de los focos ligados al ocio nocturno, un ámbito «inabarcable» para este método. «Contactas con un sospechoso que te cuenta sus síntomas. Pero cuando preguntas por sus contactos y te dice que ha estado en una discoteca, el rastro se pierde». ¿El motivo? Que esa persona no conoce a todos los asistentes al establecimiento y el rastreador no puede acceder a un registro de los mismos. Porque en la inmensa mayoría de casos no existe y porque protección de datos lo impediría. Es el mismo caso que se da ante un positivo llegado en avión. En estos supuestos es tarea de Salud Pública, que tiene que recurrir a pruebas masivas como las realizadas en Peñíscola o Santa Pola las últimas semanas.

«Funciona»

Rabadán explica con entusiasmo los pormenores de su nuevo trabajo. «Es bonito», admite con una mezcla de felicidad contenida y sorpresa. En sus explicaciones se percibe ese gusto por su tarea, que además defiende que da sus frutos. «El rastreo funciona», sostiene orgulloso. «No podemos evitar brotes, pero sí contenerlos», reivindica antes de ejemplificarlo con un caso en una casa de acogida. «Detectamos dos casos precozmente, los aislamos y evitamos un contagio masivo y una multiplicación exponencial», relata satisfecho.

Las ventajas de rastrear con sanitarios

Los sanitarios en tareas de rastreo han sido formados casi sobre la marcha. Rabadán ha sido el encargado de ejercer esa tarea en su centro de salud. Pero no solo rastrean, también cumplen con tareas del día a día como extracciones de sangre, análisis... Una situación que contrasta con Cataluña, donde el servicio ha sido externalizado a una filial de Ferrovial sin formación sanitaria y cuyo rendimiento ha quedado en entredicho.

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