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GERENTE DEL DEPARTAMENTO DEL HOSPITAL DE SANT JOAN

Beatriz Massa: «No podemos pensar en Semana Santa, ahora toca recuperar todo lo que se ha dejado de hacer»

Con la mente puesta en recuperar lo que se ha dejado de hacer y cruzando los dedos para no volver a sufrir una nueva ola. Así afronta Beatriz Massa las próximas semanas en las que pide prudencia para no caer en la trampa de querer salvar la Semana Santa

Beatriz Massa es gerente del departamento del Hospital de Sant Joan. MANUEL R. SALA

El Hospital de Sant Joan empieza a sacar la cabeza de una tercera ola que le ha llevado al límite. Su gerente, Beatriz Massa, explica que ni en sus peores presagios imaginó que la pandemia pudiera golpear tan fuerte a su hospital.

¿Cómo se encuentra en este momento el hospital de Sant Joan?

Nos quedan 31 pacientes ingresados en planta y tenemos otra media planta para ingresar a pacientes con sospecha. Hemos podido recuperar las salas de espera, el lucernario, el salón de actos y otros espacios que tuvimos que preparar para dar cabida a más enfermos. En la Unidad de Cuidados Intensivos la situación es más complicada, y aún tenemos 17 enfermos hospitalizados.

¿Se esperaba una tercera ola como la que nos ha azotado? ¿Estaban preparados?

Estábamos preparados, pero no nos lo queríamos creer. Confiábamos en que nuestras expectativas no se cumplieran. En el mes de junio hicimos un plan estratégico con siete líneas, que iban desde el acopio de material, a la organización de servicios en hospitalización y críticos, priorización de qué cartera de servicios había que mantener hasta el final...

Ya se empieza hablar de una cuarta ola, ¿podemos enfrentarnos a una embestida más fuerte que la de enero?

Siempre el chicle, por usar una jerga poco ortodoxa, se puede estirar. Pero cuando el chicle se estira, la calidad que aporta no es igual que si el chicle está en su situación normal. Podríamos ingresar a más pacientes en hospitalización y críticos, pero el personal formado y preparado para dar una calidad acorde a las necesidades es el que tenemos, porque las bolsas están agotadas. ¿Podemos? Sí, pero teniendo en cuenta que eso iría en detrimento de otros pacientes. Probablemente la atención no es la misma que hace un profesional formado para atender a un paciente crítico o a uno infecciosos que cuando lo hace un profesional que su formación básica no es esa. ¿Se haría? Sí. Con dedicación esfuerzo y cariño, pero sabiendo todo lo que tenemos entre manos.

¿Cómo evitar sucesivas olas?

La campaña de vacunación tiene que funcionar de manera dirigente. Requiere de una planificación, de muchos escalones de la sociedad. También es esencial la investigación en otros aspectos. En otras enfermedades infecciosas se han encontrado tratamientos que, si bien no son curativos, sí que han convertido enfermedades agudas, como la hepatitis o el sida, en crónicas. Y eso para el caso del covid también es importante. Por otro lado, hay que apelar a la responsabilidad de no cuestionar la evidencia científica que tenemos. No podemos polemizar con cosas que ya están asentadas dentro de lo difícil que ha sido generar evidencia en una enfermedad nueva. Se ha avanzado mucho en poco tiempo y las cosas que están demostradas hay que respetarlas y creérselas.

Esta pandemia también nos está demostrando que es necesario reaccionar a tiempo.

Todos tenemos que tomar nuestra cuota de responsabilidad. Si empezamos a tomar medidas cuando la incidencia está en 500 sabemos seguro que el coste personal -en muertes y contagios- el coste sanitario -en hospitalizaciones y en dejar de atender otros procesos- y el coste social y cultural lo vamos a pagar seguro.

¿Cómo se le pone el cuerpo cuando escucha eso de salvar la Semana Santa?

Se te pone en un estado que no es deseable. Todos tenemos ganas de divertirnos, de ver a la familia, pero primero hay que recuperar lo que la tercera ola nos ha obligado a cancelar. Y no sólo me refiero a operaciones, también a consultas, a pruebas diagnósticas... Ahora toca ser exquisitos y prudentes y hablar de la diversión que conlleva la Semana Santa plantea un debate ético que cada uno tendrá que lidiar consigo mismo.

¿Cuándo se podrán poner al día los hospitales con todo lo que se ha dejado de hacer?

Es una buena pregunta. Cuando llegó la segunda ola en octubre no habíamos conseguido recuperar el atasco que supuso la primera ola, tanto en lista de espera quirúrgica como en pruebas diagnósticas. Va a suponer un enorme esfuerzo.

¿Y cómo se recupera? ¿Bastan el autoconcierto y el plan de choque o habrá que ser «imaginativos»?

La imaginación es un sustantivo al que he apelado desde el principio a mi gente. Para resolver un problema crónico e incrustado en la Sanidad vamos a necesitar recursos imaginativos y colaborativos.

¿Cómo están los trabajadores de su hospital después de un año de pandemia?

Van mejorando, intentando salir de un túnel muy complicado. Todos lo han pasado y lo están pasando francamente mal. Necesitan intentar ver la luz y necesitan ayuda de todo el mundo para ver esa luz, de los medios de comunicación, de las actitudes de la calle… Están intentando salir, pero va a ser un proceso largo. Cada uno tendrá que gestionar su experiencia, su vivencia, su enfado, sus tristezas… Cuando todo esto se tranquilice tendremos que enfrentarnos a nuestra realidad.

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