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El purgatorio de Amadora

Una fallecida lleva un mes en el depósito pendiente de incineración, como era su voluntad, a la espera de que se abra el testamento y confirme sus herederos - La finada tenía fondos bancarios y una vivienda pero no dinero suficiente en cuenta para el gasto del crematorio

Imagen del cementerio municipal

«Tuve que reconocer el cuerpo. Aunque me avisaron del deterioro y la arreglaron un poco, me impresionó. Lloré muchísimo». S. D. R., que fue designada junto a su marido en 2008 representante de Amadora M. R. ante notario por la propia anciana, solo quiere que se cumpla su voluntad, registrada en un testamento vital, de ser incinerada a su fallecimiento, que se produjo hace casi un mes, de ahí que esté haciendo todo lo posible, afirma, para que así sea.

La difunta lleva un mes en el depósito pendiente de la cremación: no tenía seguro funerario ni dinero suficiente en cuenta -este servicio cuesta algo más de 4.000 euros y ella tenía unos 1.200 euros de liquidez inmediata- pero su vecina y representante legal ha demostrado que tenía un piso en propiedad, fondos bancarios de inversión por cerca de 30.000 euros y herederos. Sin embargo, todo está condicionado a la apertura del testamento. Si Amadora no cambió su voluntad en los últimos años el beneficiario es una protectora de animales de Alicante.

Amadora M. R. nació en 1933 en Córdoba pero era vecina de Alicante desde hace casi medio siglo. La anciana, que el día anterior ya se había encontrado mal, fue hallada muerta el 31 de marzo a primera hora del día por la persona del servicio municipal de atención a domicilio que la atendía. La causa inmediata, según el certificado médico de defunción, fue una asistolia. El parte señala que no hubo indicios de muerte violenta ni se le practicó la autopsia. Trasladada al tanatorio La Siempreviva, el Ayuntamiento cursó orden de enterramiento, con cargo a las arcas municipales, al desconocerse que tuviera herederos. Al enterarse, la representante de Amadora acudió a impedirlo al tanatorio, donde afirma que tuvo que firmar varios documentos, y reconocer el cuerpo, que de momento sigue en el recinto.

S. D. R.,amiga y representante de la fallecida: «Esto es demencial. Va a hacer un mes que está en el tanatorio y nadie se hace responsable»

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La anciana y su vecina se conocían desde hace 16 años. Cuando Amadora fue atropellada por un coche la cuidó y mantuvieron una relación estrecha hasta tal punto que la fallecida acudió con ella y su marido al notario para nombrarles representantes y que pudieran tomar decisiones en su nombre, en el mismo acto en el que ordenaba «ser incinerada al tiempo de su fallecimiento, inexcusablemente», reza el documento. «El notario nos dijo que eso suponía hacerse cargo hasta que se muriera y después de su muerte, y así ha sido. Cuando falleció su marido, en 2006, fuimos al notario, y en la misma escritura de la casa (la anciana heredaba el 50% correspondiente a su cónyuge) se ratificó el testamento al albergue de animales», explica S. D. R. «Estamos esperando que se abra el testamento -trámite que se puede demorar un par de meses- a ver si se confirma quién es el heredero. Luchamos para que se cumpla su voluntad expresada en el testamento vital y que no la entierren en una fosa común porque ella no era una indigente», dice la vecina, que asegura que siempre se preocupó mucho por Amadora. De hecho, desde su fallecimiento ha ido en varias ocasiones al tanatorio y al banco donde la anciana tenía sus fondos para hallar una fórmula que permita desbloquear su dinero e incinerar a Amadora, hablando incluso con el departamento jurídico de la entidad, «pero mientras tanto Amadora está dónde está». El banco afirma que sus fondos de inversión no se pueden vender, decisión que corresponde a los herederos.

El albergue de animales, a quien la difunta quería dejar su patrimonio, dice que asumirá los costes si es el beneficiario

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Desde el albergue de animales que aparecía como heredero en el testamento que hizo Amadora hace 16 años señalan que están mediando con el tanatorio y con el banco, y que asumirán los costes de la cremación en caso de confirmarse la herencia al abrirse el testamento. «Esto es demencial. Va a hacer un mes desde que está allí (en el tanatorio) y nadie se hace responsable», lamenta la vecina y representante de Amadora, que quiere dar a conocer el caso «para que no vuelva a pasar». «En su testamento vital dice que quería ser incinerada y hay que respetarlo porque tiene dinero para pagarlo».

Desde el tanatorio explicaron que, cuando una persona fallece sin familia, se siguen unos protocolos a través de Acción Social. Las mismas fuentes señalaron que tras su muerte la amiga de Amadora insistió verbalmente en que tenía recursos y que quería ser incinerada, pero que existen trámites de últimas voluntades, y el proceso está paralizado a la espera de que se resuelvan por un juez o notario, intentando acelerarlos todo lo posible. Trámites que, insisten, «no son rápidos», y que impiden tomar decisiones sin tener toda la documentación en regla».

Del caso de Amadora el Ayuntamiento dijo desconocer que tuviera herederos y que su entierro se ha parado hasta saber si éstos se hacen cargo, pero de lo contrario señalaron que, si así lo indica un juez, se le dará sepultura con los medios municipales, como se hace con las personas sin recursos, y se le reclamará el coste al heredero si se demuestra que tiene bienes. «Lo normal es que alguien se haga cargo del cuerpo. Si no el juzgado tendrá que ordenar que se proceda al enterramiento», que, según precisaron las fuentes, no se hace en una fosa común sino en un nicho. A modo genérico, indicaron que existe un protocolo de actuación, que el fallecimiento se notifica al juzgado, y que la orden de enterramiento viene por mandato judicial.

El vicedecano del Colegio Notarial de la Comunidad y delegado de Alicante, Delfín Martínez, dijo que los tiempos varían y que la documentación de un testamento normalmente se resuelve en unos dos meses. Lo mejor, aconseja, es que las personas nombren en vida un albacea que disponga de su dinero.

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