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La reducción de prácticas aleja de las aulas a alumnos con discapacidad de Alicante

Madres lamentan que se exija a sus hijos aprender Matemáticas que no han recibido en cinco años

Alumnos del Canastell con familiares y profesores. |

Alumnos del Canastell con familiares y profesores. | PILAR CORTÉS

Los programas de formación en cualificación básica para alumnado con necesidades educativas especiales en el Instituto Canastell de San Vicente, han sufrido un importante cambio este curso. Las 30 horas que se destinaban a prácticas de Jardinería o Catering, entre otras, se han reducido a la mitad, y el resto del currículo se dirige a la «formación general, lo estrictamente ajustado a la legislación vigente», subrayan desde Educación.

El sustancial cambio para estos chicos ha llevado a sus madres a llevárselos a centros privados que imparten otros talleres de ocio, pero donde, como destacan especialistas del centro educativo, nunca aprenderá tanto ni se sentirán tan autosuficientes y capaces como con las prácticas que hacían en el instituto los últimos años.

«Desde que empezó con Jardinería mi hijo ha sido de maravilla. Pasó luego a Limpieza de grandes superficies y a Catering, y ahora le han querido cambiar el método de formación. Juanjo ni habla ni escribe, pero con las prácticas ha avanzado muy bien, ¿cómo pretenden ahora meterle en un aula ordinaria?, sería como una película de ficción, no se iba a enterar de nada» lamenta Mercedes Miralles. «Después de siete años en este centro -insiste- le quieren cambiar, y no me convence. Estaba muy motivado, con profesionales encantadores, y he tenido que buscarle otro sitio para que no pase el año en blanco».

Marilú corrobora la situación. Añade su frustración porque, explica, su hijo, autista, no puede ir a cualquier centro y aprender todo lo que le enseñaban en el Canastell. «A sus 19 años se le ofrecen muy pocas posibilidades y todo son trabas ahora. Quería pasarle al ciclo de Lavandería pero le obligan a repetir otra vez el de Limpieza de grandes superficies que ya ha hecho, o el de Catering que es por la tarde, y como vamos desde Elche tengo miedo cuando se hace tan de noche».

Es consciente de que su hijo no va a tener trabajo cuando acabe estos aprendizajes «pero tiene necesidad de sentirse como los demás y no les dejan», protesta.

Otra de las mamás que inicialmente tampoco estaba conforme con estos cambios, ha acabado dejando a José Luis, síndrome de Down, en el aula del Canastell. «Me gustaba cómo trabajaban antes los especialistas. Pepelu decía siempre que estaba contento y no le veo prestando atención de 8 de la mañana a 14:00 horas ante un libro. Tiene su limitaciones con 25 años, escribe y atiende despacito, pero le pone más ganas que nadie», afirma orgullosa.

Apunta que en el instituto «le enseñaron a coger la bandeja en Catering, el único al que no se le caía», destaca. «Y en casa hace de todo, baja al perro, limpia, pone la lavadora, pero no encaja en tema de estudios, aprendió lo que debía y ya». No obstante, ha decidido dar una oportunidad a los cambios introducidos en el centro, no sin cierto temor: «Lo que no quiero es que lo pase mal, muy distinto es que se supere día adía».

Los programas de cualificación básica para estos alumnos obviaban la formación de contenidos de Secundaria y los mayores de 16 años obtenían una cualificación básica de nivel 1 que les certificaba la profesionalidad a través de Labora, para integrase laboralmente. El centro creó plazas específicas de FP de segunda oportunidad para estos alumnos, y ahora se les exige formación en ámbitos sociolingüístico, científico-matemático y tecnológico a nivel de segundo ciclo de Secundaria.

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