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Gent de la Terreta

Pasión solidaria

Ana Robles: Exdirectora de Proyecto Hombre

Ilustración: Noemí Ibáñez Alcaraz UMH. BELLAS ARTES. ALTEA

Antonio Raúl dejó las drogas hace una década. Adicto a la cocaína, a los 35 años aceptó entrar en el programa de tratamiento de Proyecto Hombre en Alicante en el desesperado intento de escapar de su particular infierno. Antonio Raúl tiene ahora 48 años y es educador de la Comunidad Terapéutica del centro de Proyecto Hombre al haber superado su adicción tras dejar atrás un proceso largo, plagado de recaídas. Hoy ya es excocainómano en buena parte gracias a Ana Robles, que se convirtió en su segunda madre.

Fabián, un caballero legionario que entró a regañadientes en el centro y se mostró altivo y distante en algunas fases del tratamiento, acabó plegándose con lágrimas en los ojos buscando el calor comprensivo de Ana, firme y decidida a variar su destino. Hubo que lidiar con más situaciones impactantes como la de Luis, quien, en un relato escalofriante, confesaba haber consumido cocaína mientras sostenía en sus brazos a su hija de corta edad.

Sirvan estos casos como botón de muestra. Algunos, como el de Antonio Raúl y Fabián, acabaron con un final feliz; otros no tanto, pero sí es seguro que muchos de ellos retengan en la memoria la decisión y el coraje de una mujer que entregó años de su vida a sacar a mucho desamparado del más oscuro de los pozos.

Malagueña de nacimiento, Ana Robles llegó a Alicante recién casada, cuando su primer marido, economista de profesión, decidió aceptar una oferta de Ecisa, propiedad del conocido empresario de la construcción Manuel Peláez, a la sazón cuñado de Ana.

La figura de su cuñado, Manolo Peláez, emergió con fuerza para hacer crecer a la organización 


En su Málaga natal, Robles, quinta de seis hermanos, solo pudo estudiar hasta quinto de bachiller a causa de la grave situación económica que afectó de lleno al negocio de su padre.

Por imperativo familiar, se ve obligada a cursar mecanografía y taquigrafía, prácticas que le sirven para entrar con 16 años en una empresa donde poco después fue nombrada apoderada. Por ahí comenzó a bregar con el machismo de la época, entre bromas de mal gusto y ridículas acusaciones («estás quitando el puesto de trabajo a un padre de familia»).

Los inicios laborales en Alicante tampoco fueron nada fáciles. Trabaja durante 14 años en una importante empresa en la que alcanza cargos de responsabilidad, pero sufre un acoso laboral que acaba en despido.

Años más tarde, ya separada, vuelve a contraer matrimonio con Jaime Merino, catedrático de patología general en la UA y, posteriormente, jefe de servicio de medicina interna en el hospital de San Juan.

Entretanto, decide retomar su eterno anhelo universitario y se matricula en la carrera de Trabajo Social al no poder hacerlo en Psicología, su otra gran pasión, dado que Alicante carecía entonces de esa licenciatura.

Acabada la carrera con las mejores notas, reaparece en su mente otro reto que anida en su interior: ejercer como voluntaria en una ONG. En esas, se entera de la existencia de un cursillo de voluntariado en Proyecto Hombre, una ONG con sede en la alicantina calle César Porcel. Y ahí surge el flechazo definitivo para iniciar la trayectoria profesional que marcaría su vida.

Enamorada del sistema empleado en la organización, se vuelca con la causa hasta el punto de asumir la subdirección del centro a los dos años de entrar. Poco después, llegó a la dirección.

Con el alto cargo directivo y más responsabilidad a sus espaldas, empieza a barruntar la posibilidad de dar un giro a la organización para dotarla de mayor visibilidad y una cobertura jurídica más amplia a través de una Fundación. En ese momento entra en escena su cuñado, Manolo Peláez, que toma el relevo de otro gran colaborador de la institución, el farmacéutico Tomás Ballester.

Peláez, que encuentra en el camino la colaboración de otros empresarios y profesionales de la provincia, se vuelca en Proyecto Hombre para poner los cimientos de la Fundación Noray, de la que Ana fue directora hasta el año 2012.

En ese espacio de tiempo, Robles enfoca su labor en la búsqueda de recursos para poner en marcha nuevos programas de tratamiento acordes a los nuevos perfiles.

Con Robles al frente, Proyecto Hombre Alicante se convirtió en una ONG de referencia


En el año 2000 se inicia un programa específico para cocainómanos, el primero en la Comunidad Valenciana, al tiempo que impulsa la profesionalización del personal del centro. En ese punto, Proyecto Hombre ya es un referente en el sector, algo así como una escuela de vida que se erige, además, en la primera ONG de la Comunidad Valenciana que obtiene el certificado de calidad de todos sus procesos.

Su decidido empeño en obtener recursos para tratar a las personas con problemas de adicción y cambiar sus condiciones de vida le lleva a tocar todas las puertas públicas y privadas a su alcance.

Paralelamente, se decide cambiar de ubicación para ampliar el arco de tratamientos, hasta ese momento limitado al servicio que aporta el local de César Porcel, un centro de día ambulatorio, y otra instalación en régimen interno en la Cañada de Villena.

Tras conversaciones con el Ayuntamiento de Alicante, entonces presidido por Luis Díaz Alperi, aparecen dos posibles enclaves, pero la oposición frontal de las asociaciones de vecinos de esos barrios provoca la marcha atrás de la propuesta política, con momentos de elevada tensión incluidos.

En uno de ellos, Ana, que llegó a sufrir un intento de agresión, acaba intercambiando pareceres con un líder vecinal en una no menos tensa conversación que la directora de Proyecto Hombre concluye con un mensaje tajante: «Ojalá la vida no lleve a algún hijo o familiar vuestro a necesitar de nuestros centros. Si así fuere, estad seguros de que encontrarán nuestras puertas abiertas».

Hubo situaciones tensas con vecinos que no aceptaron tener cerca centros de recuperación


En medio de la incertidumbre, la asociación Apsa, otra ONG alicantina, ofrece de forma desinteresada un terreno de 7.800 metros cuadrados en Agua Amarga. Ahí vuelve a emerger con fuerza el empresario Manolo Peláez, empeñado en construir unas instalaciones acordes a las demandas emergentes y con capacidad para cincuenta internos.

El edificio sale adelante con donaciones públicas y privadas. El acelerón también alcanza a Elche, donde se inaugura otro centro dedicado, sobre todo, al trabajo con adolescentes y sus familias y a la prevención en los colegios.

Una vez consolidados los nuevos proyectos, Ana decide retirarse dejando atrás dieciséis años intensos para impulsar la renovación y dar entrada a savia nueva en la dirección.

Entre otros reconocimientos, obtiene de manos de la Reina Sofía la Cruz de Plata de la Solidaridad por su dedicación en Proyecto Hombre Alicante.

Hoy, ya jubilada, comparte su tiempo con la vida en el campo y la coordinación de dos círculos de mujeres, «Las Lobas» y «Las Caminantas», mientras ejerce de «escuchadora» para atender los problemas de sus allegados. Nada extraño, ni más ni menos que lo que ha hecho siempre.

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