Entrevista | Francisco Sánchez Sesma Catedrático Universidad Nacional de México

«Hay que estar preparados por si ocurren nuevos terremotos en Alicante»

El investigador de la Universidad Nacional de México cree que la «predicción» de movimientos de tierra podría demorarse en el tiempo, por lo que lo primordial es la prevención para evitar posibles consecuencias desastrosas

El catedrático Francisco Sánchez Sesma participa en el  Congreso Internacional de Reducción Sísmica de la UA.  | PILAR CORTÉS

El catedrático Francisco Sánchez Sesma participa en el Congreso Internacional de Reducción Sísmica de la UA. | PILAR CORTÉS / a.

Alejandro J. Fuentes

Alejandro J. Fuentes

Ante un escenario en el que los seísmos pueden reproducirse de forma cíclica, especialmente en zonas de conflicto como la provincia de Alicante, la clave es la preparación. Llevar a cabo un control habitual del estado de conservación de los edificios, diseñar planes de actuación para la población civil e impulsar medidas de educación ante estos fenómenos pueden marcar la diferencia en caso de que tenga lugar un movimiento de tierras.

Francisco Sánchez Sesma, catedrático de Ingeniería Civil del Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México, apunta cómo actuar ante estas situaciones.

¿Cuál es el objetivo del Congreso Internacional de Reducción Sísmica organizado por la Universidad de Alicante?

Dar una revisión a las ideas sobre la evaluación del peligro sísmico y la minimización del daño. La UA ha conseguido reunir a colegas de muchas nacionalidades para evaluar trabajos experimentales y teóricos y poder discutir sobre ellos.

¿En qué situación se encuentra actualmente la provincia de Alicante?

Digamos que la actividad sísmica se ha mantenido en los últimos millones de años. Es decir, no se presenta por episodios puntuales, sino que ocurre con regularidad. En esta zona de la Península Ibérica a veces hay crisis porque está presionando la placa africana, es muy probable que ocurran nuevos terremotos en este siglo. Aunque en estos momentos no haya ningún movimiento, siempre hay que estar preparados para reducir al máximo las posibles consecuencias que pueda tener.

¿Cuál es la mejor manera de hacerlo?

Por un lado, evaluar las posibilidades de que ocurra y estar atentos a la variación de los datos. Para ello, conviene estudiar los movimientos del pasado. La mejor manera es monitorizar toda la información de forma permanente. Además, también es muy importante revisar de forma frecuente el estado estructural y de conservación de los edificios. Así determinamos su salud y reducimos el riesgo.

¿Y la ciudadanía, cómo debería actuar en estos casos?

Es muy importante preparar a la población para que sepa lo que hacer. En mi país (México) se hacen simulacros de manera regular. En caso de temblor, hay que tener copias controladas de todos los documentos que puedan ser importantes, teléfonos localizados, un kit de primeros auxilios al alcance y pactar un punto de encuentro con los seres queridos, por si el episodio sorprende a una familia cuando sus miembros están dispersos en diferentes lugares.

¿Llegaremos a ser capaces de prever los terremotos o al menos de pronosticarlos, como ocurre con las tormentas?

Los trabajos que se están haciendo en Europa al respecto parece que apuntan en este sentido, parece que sí seremos capaces. Sin embargo, todos esos proyectos todavía están «en pañales», van a desarrollarse en los próximos años e incluso décadas. Por ello, considero que lo mejor es la prevención, como decía antes, vigilar los edificios y alertar a la población. Mientras que no seamos capaces de predecir cuándo puede haber una crisis, tenemos que poder reducir en la medida de lo posible las consecuencias y los daños provocados por un seísmo.

¿Cómo afectan la acción del ser humano y el cambio climático a estos fenómenos?

Las personas por supuesto que tienen que ver. En muchas ocasiones se hacen construcciones vulnerables en lugares que no cuentan con las mejores condiciones. El cambio climático no afecta directamente al movimiento de las placas, pero sí condiciona las consecuencias al aumentar la humedad del terreno y favorecer las avalanchas.