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Crítica Teatro

"Mariana Pineda". Espíritu de libertad

Laia Marull, en "Mariana Pinea".

Laia Marull, en "Mariana Pinea".

TEATRO PRINCIPAL DE ALICANTE

***

De García Lorca. Versión y dirección:

Javier Hernández-Simón

Un personaje histórico de la primera mitad del siglo XIX, o esta heroína y mártir andaluza como canto perenne a la libertad. Era de una familia noble de Granada, viuda y madre de dos hijos pequeños. El mito popular y símbolo de la causa liberal en su tiempo, que sirvió a García Lorca para escribir la tragedia «Mariana Pineda», estrenada en 1927. Una figura relevante de la resistencia al poder absolutista en la España de Fernando VII, tras la guerra de la Independencia española contra los soldados franceses, que abolió la Constitución de 1812, nada más regresar de su exilio, y persiguió cualquier ensueño de modernidad. Hubo una serie de alzamientos, un trienio liberal y la brutal represión del monarca nuevamente. Mariana Pineda fue detenida y absuelta una vez, pero más adelante volvieron a detenerla. Fue recluida en un convento y, al negarse a delatar, la condenaron a la pena de muerte cuando solo tenía 26 años. Luchó por amor y quiso defender firmemente sus convicciones individuales y sociales. Así lo interpreta la protagonista de la obra lorquiana, Laia Marull, con la fuerza poética de las palabras, la ternura, la insumisión, que ilumina el camino, y el dolor en un mundo gobernado por hombres. Los rasgos líricos del personaje llevan la pasión interpretativa de la actriz barcelonesa, que triunfó en los premios Goya con «Te doy mis ojos», una película precisamente sobre la violencia de género. Ella forma parte del muy notable reparto con la variedad de matices de Alex Gadea, Óscar Zafra, Fernando Huesca, Aurora Herrero, Marta Gómez, José Fernández y las jóvenes Silvana Navas y Sara Cifuentes. La ágil versión y la convincente dirección de Javier Hernández-Simón, fiel al espíritu de Federico García Lorca, se desenvuelven con el vestuario de la época en un espacio cambiante, simbolista, sórdido, opresivo y con puertas movibles. Unas redes rojas subrayan la idea pasional de nuestra heroína. Lo visual y la calidad literaria tienen todo este protagonismo que siempre es importante en el teatro del universal Lorca.

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