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Cantante de Love of Lesbian

Santi Balmes: «Aún estamos en estado de shock»

Dos semanas después del histórico concierto en Barcelona, con 5.000 espectadores en plena pandemia, el grupo sigue disfrutando de aquellos momento mágicos. «Nos hizo sentir muy orgullosos del público», afirma el líder del grupo catalán.

Santi Balmes, en un momento del concierto en el Palau. | JUAN VENTEO/EUROPA PRESS

Santi Balmes, en un momento del concierto en el Palau. | JUAN VENTEO/EUROPA PRESS

Repasemos un hito. 27 de marzo del 2021. Primer concierto multitudinario de la era covid. 5.000 espectadores –test de antígenos negativo mediante– se apiñan en el Palau Sant Jordi. Actúan los Love of Lesbian. El planeta entero sigue el experimento clínico-cultural. La emoción roza la estratosfera. A horas de saber el resultado final de las pruebas a posteriori, artistas y programadores contienen la respiración. También Santi Balmes, el cantante de la banda, enredada esta semana en ensayos (el próximo viernes presentan su nuevo álbum, V.E.H.N.).

Han puesto velas a santa Rita? ¿A santa Cecilia? ¿A quien sea?

[Ríe] No, no. Los expertos dudan de que los números sean malos. Según nos dicen, la buena noticia sería que el índice de contagio sea equiparable a la media de la gente que no fue al concierto.

¿Qué significa?

Que si sale algún caso puntual, nadie podrá asegurar que el contagio se produjo dentro del Sant Jordi. La gente continuó con su vida después.

Si hubiera cero contagios, ¿se tiran a las fuentes de plaza de Catalunya o algo así?

Como mínimo me tomaré un té con toda tranquilidad.

Mientras, ¿ya ha bajado usted al suelo?

[Ríe] Aún estamos en estado de shock. Después del concierto, de los abrazos y las lágrimas en el backstage, estuvimos 48 horas preguntándonos: «¿Qué cojones ha pasado?». Desde nuestra humilde posición, estábamos representando al mundo de la música. Yo respiré algo aliviado.

¿Aliviado por qué?

Éramos intermediarios. Cualquier error ponía en riesgo otros conciertos en el futuro. Y ver que la gente se había comportado tan bien, que no había tenido que llamar la atención, que se habían mostrado tan receptivos, me hizo sentir muy orgulloso del público.

¿Pudo disfrutar mientras cantaba?

Sí, porque lo que veía delante era un mar de cirujanos... Todos con la mascarilla. ¿Sabe qué pensaba mientras cantaba?

¿«Que nadie se la quite»?

Pensaba en dos cosas: uno, que el bajo índice de positivos en la criba de antígenos se podía deber a que la gente se había cuidado los días previos. Se dio cuenta de que era un momento que nos trascendía a todos nosotros. Y dos, que muchos programadores estaban interesados en el protocolo para hacer un libro de estilo que convenciera a las autoridades pertinentes.

¿Ha pensado en los seis que se quedaron fuera, por dar positivo en el acceso?

Ya lo creo. Y estamos cavilando qué podemos hacer. La organización tiene sus datos.

Bien. ¿Cuántas veces se preguntaron por qué fueron los elegidos para el experimento?

Quizá éramos los que generábamos quórum, ¿no? Sabíamos que, mediáticamente hablando, jugábamos un partido de Champions. Pero subestimamos su alcance. Salimos en todos los medios del mundo, del New York Times a Al Jazeera. Nos alucinó hacer un copy-paste en el traductor de Google de un artículo en mandarín y ver que ponía «Love of Lesbian».

¿En algunos países omitieron su nombre? Porque lo de love of lesbian...

Hubo algún comentario en prensa que decía: «No es lo que os imagináis».

Con esta apabullante campaña publicitaria, no habrán cobrado, ¿no?

[Ríe] Hay que tener en cuenta un factor muy importante: estábamos para lo bueno y para lo malo. Un titular podía hundir un gigantesco trabajo. Lo discutimos, lo reflexionamos, confiamos en el colchón técnico de los científicos y nos lanzamos. Y que se hiciera Barcelona, epicentro musical de Europa, reafirmó que es una ciudad valiente.

Ahora les lloverán las ofertas.

Si haces un análisis digital de lo que ha pasado, es muy bestia. Fuimos trending topic durante 24 horas. Han aumentado los seguidores en nuestras redes sociales y el número de streamings, y se han activado los conciertos. Pero, ¿sabe cuál es el mejor termómetro para saber hasta dónde ha llegado la cosa? Cuando tu padre, que no tiene ni WhatsApp, se entera de la movida y te hace comentarios.

Muy cierto. También les habrán manteado los colegas.

Sí. Jairo (Depedro) me mandó un audio: «No sabes lo contentos que estamos, nos dais esperanza». Otra chica de un festival me contó que seguía el concierto por la radio «como cuando la gente escuchaba el alunizaje del Apollo 11».

¿Había vivido algo tan emocionante en su vida?

Habíamos tenido muchos momentos mágicos, pero este se ha colocado en el top de la carrera de la banda. Ahora, nada es comparable a oír el latido del corazón de mis hijas, tum-tum-túm, en la primera ecografía.

Repasemos un hito. 27 de marzo del 2021. Primer concierto multitudinario de la era covid. 5.000 espectadores –test de antígenos negativo mediante– se apiñan en el Palau Sant Jordi. Actúan los Love of Lesbian. El planeta entero sigue el experimento clínico-cultural. La emoción roza la estratosfera. A horas de saber el resultado final de las pruebas a posteriori, artistas y programadores contienen la respiración. También Santi Balmes, el cantante de la banda, enredada esta semana en ensayos (el próximo viernes presentan su nuevo álbum, V.E.H.N.).

Han puesto velas a santa Rita? ¿A santa Cecilia? ¿A quien sea?

[Ríe] No, no. Los expertos dudan de que los números sean malos. Según nos dicen, la buena noticia sería que el índice de contagio sea equiparable a la media de la gente que no fue al concierto.

¿Qué significa?

Que si sale algún caso puntual, nadie podrá asegurar que el contagio se produjo dentro del Sant Jordi. La gente continuó con su vida después.

Si hubiera cero contagios, ¿se tiran a las fuentes de plaza de Catalunya o algo así?

Como mínimo me tomaré un té con toda tranquilidad.

Mientras, ¿ya ha bajado usted al suelo?

[Ríe] Aún estamos en estado de shock. Después del concierto, de los abrazos y las lágrimas en el backstage, estuvimos 48 horas preguntándonos: «¿Qué cojones ha pasado?». Desde nuestra humilde posición, estábamos representando al mundo de la música. Yo respiré algo aliviado.

¿Aliviado por qué?

Éramos intermediarios. Cualquier error ponía en riesgo otros conciertos en el futuro. Y ver que la gente se había comportado tan bien, que no había tenido que llamar la atención, que se habían mostrado tan receptivos, me hizo sentir muy orgulloso del público.

¿Pudo disfrutar mientras cantaba?

Sí, porque lo que veía delante era un mar de cirujanos... Todos con la mascarilla. ¿Sabe qué pensaba mientras cantaba?

¿«Que nadie se la quite»?

Pensaba en dos cosas: uno, que el bajo índice de positivos en la criba de antígenos se podía deber a que la gente se había cuidado los días previos. Se dio cuenta de que era un momento que nos trascendía a todos nosotros. Y dos, que muchos programadores estaban interesados en el protocolo para hacer un libro de estilo que convenciera a las autoridades pertinentes.

¿Ha pensado en los seis que se quedaron fuera, por dar positivo en el acceso?

Ya lo creo. Y estamos cavilando qué podemos hacer. La organización tiene sus datos.

Bien. ¿Cuántas veces se preguntaron por qué fueron los elegidos para el experimento?

Quizá éramos los que generábamos quórum, ¿no? Sabíamos que, mediáticamente hablando, jugábamos un partido de Champions. Pero subestimamos su alcance. Salimos en todos los medios del mundo, del New York Times a Al Jazeera. Nos alucinó hacer un copy-paste en el traductor de Google de un artículo en mandarín y ver que ponía «Love of Lesbian».

¿En algunos países omitieron su nombre? Porque lo de love of lesbian...

Hubo algún comentario en prensa que decía: «No es lo que os imagináis».

Con esta apabullante campaña publicitaria, no habrán cobrado, ¿no?

[Ríe] Hay que tener en cuenta un factor muy importante: estábamos para lo bueno y para lo malo. Un titular podía hundir un gigantesco trabajo. Lo discutimos, lo reflexionamos, confiamos en el colchón técnico de los científicos y nos lanzamos. Y que se hiciera Barcelona, epicentro musical de Europa, reafirmó que es una ciudad valiente.

Ahora les lloverán las ofertas.

Si haces un análisis digital de lo que ha pasado, es muy bestia. Fuimos trending topic durante 24 horas. Han aumentado los seguidores en nuestras redes sociales y el número de streamings, y se han activado los conciertos. Pero, ¿sabe cuál es el mejor termómetro para saber hasta dónde ha llegado la cosa? Cuando tu padre, que no tiene ni WhatsApp, se entera de la movida y te hace comentarios.

Muy cierto. También les habrán manteado los colegas.

Sí. Jairo (Depedro) me mandó un audio: «No sabes lo contentos que estamos, nos dais esperanza». Otra chica de un festival me contó que seguía el concierto por la radio «como cuando la gente escuchaba el alunizaje del Apollo 11».

¿Había vivido algo tan emocionante en su vida?

Habíamos tenido muchos momentos mágicos, pero este se ha colocado en el top de la carrera de la banda. Ahora, nada es comparable a oír el latido del corazón de mis hijas, tum-tum-túm, en la primera ecografía.

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