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175 años del Principal de Alicante, un teatro fraguado en un barco

Un grupo de 25 empresarios decidió la construcción del Teatro Principal a bordo de la polacra Constancia. Tal día como hoy abrió sus puertas con la obra "Guzmán el Bueno"

Grabado de la propuesta realizada por Emilio Jover del teatro, publicada en 1847 en El Mensajero.

Todo empezó en la polacra Constancia. A bordo de esta embarcación, 25 personas tomaron la decisión de que Alicante necesitaba un teatro nuevo, de gran planta, a la altura de la ciudad y los ciudadanos. Fue el 23 de septiembre de 1845 cuando ese grupo de comerciantes embarcó en la Constancia «con el objeto de comprar el cargamento». Allí, «vino a la mente de aquellos hombres una idea de interés público, concebida y adoptada para verla realizada».

Ese fue el inicio de una historia que hoy cumple 175 años, cuando el Teatro Nuevo de Alicante, que es como se llamó en su origen el Teatro Principal, abrió sus puertas por primera vez para acoger en su escenario la obra Guzmán el Bueno, de Antoni Gil de Zárate. Aunque eso, casi, fue lo de menos.

Esta historia, recogida en La Revista del Teatro, publicación que nació al mismo tiempo que el coliseo y que se conserva en el legado de la Familia Portes, supuso un hito para la ciudad y también para el resto del país. Primero por el consenso alcanzado entre personas de muy diferente nivel económico, ideológico y social, y segundo, porque fueron precisos apenas 20 meses, pese al considerable volumen de la construcción, para que el edificio se erigiese y se inaugurase. 

La polacra Constancia, reflejada en un óleo anónimo del XIX que se encuentra en el Museo Náutico de Masnou. Cristina Martínez

Lo primero al desembarcar fue reunirse para solicitar el terreno al Ayuntamiento de Alicante porque querían que estuviera ubicado en la zona nueva de la ciudad. Y lo consiguieron por una suma simbólica de 8.000 pesetas. En esa zona no había nada construido, tanto es así que detrás justo de donde iba a erigirse el edificio todavía estaba la muralla antigua.

En noviembre del 45 se aprobaron las bases para la redacción del reglamento por el que debía regirse la sociedad fundadora del teatro y un mes más tarde se dio luz verde a los planos y presupuesto presentados por el arquitecto municipal y académico Emilio Jover, a quien se encargó el edificio.

Jover ya había realizado un proyecto en 1841 para construir un teatro en la zona histórica que nunca se llevó a cabo. «Querían arreglar el Hospital de Dios, pero al final consideraron que no les representaba, querían un gran teatro de nueva planta y monumental», asegura Juana María Balsalobre, que ha realizado una intensa investigación sobre el Teatro Principal para configurar la exposición que se hizo en la Lonja y también el catálogo que recoge estos documentos.

La primera piedra se colocó el 2 de enero de 1846 y la financiación se consiguió con el préstamo del Banco Español de San Fernando, único que aprobó la concesión del dinero. Eso sí, con el aval proporcional de cada socio para responder ante esa entidad. 

Fragmento de La Revista del Teatro del día de la inauguración. Archivo Portes

Como todo presupuesto que se precie, fueron necesarias 125.000 pesetas más de las previstas para terminar el edificio. Cantidad que, según se recoge en las actas de los principales acuerdos de la Junta General de propietarios, tuvo que tomarse con un interés del 8% en vez del 6% anterior. Al final, el coste total de la construcción ascendió a 232.577 pesetas.

«Fue un referente de arquitectura teatral de la primera mitad del siglo XIX, según aseguraba el académico de la Real Academia de San Fernando y catedrático Pedro Navascués», afirma Juan María Balsalobre. 

Empezó siendo Teatro Nuevo frente al Teatro Viejo que estaba en la calle López Torregrosa, entonces calle Liorna, con la Avenida de la Constitución. «Funcionaba pero estaba bastante deteriorado; de hecho, en una visita de la reina Isabel se iba a hacer en este teatro una fiesta, pero investigué y encontré que no se hizo porque no tenía las condiciones adecuadas», apunta Balsalobre.

La Revista del Teatro recogió una detallada descripción del edificio tanto por fuera como por dentro. «Sus cuatro fachadas están construidas de cantería, con la altura de 54 palmos (son medidas castellanas), 234 de largo y 122 de ancho, aislado por tres calles espaciosas y una plaza al nordeste. Sobre tres gradas está el pórtico, de orden dórico, con seis columnas con bases aticurgas. Tiene en su fachada principal cinco puertas y a los lados de la que está en el centro, dos nichos para colocar estatuas».

En cuanto al interior, se describe que se ha realizado «con buen gusto y elegancia, y hasta algunas cosas puramente de lujo». Y continúa: «En el techo figura un cielo en alta gloria luminosa y cercano al proscenio está Apolo». Y alude al pintor Ramón Simarro y Oltra «que tiene imaginación y conoce la filosofía de su arte».

El 25 de septiembre de 1847 se levantó el telón. A la representación, con los actores «Sr. Arjones, Sra. Cantos y Sr. Castelló», asistieron 1.159 personas. La Revista del Teatro recogió la apertura del nuevo coliseo como todo un éxito. «Era más fácil en este día resignarse a guardar un completo ayuno, si escaseaban los recursos, que dejar de asistir al teatro. En la noche del 25 de septiembre el pueblo de Alicante hubiese estado allí contento y gozando, aunque en toda la noche no se hubiera abierto el escenario». De eso, han pasado ya 175 años.

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