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Jugar bien y no molestar

Un sueño imposible convertido en pura rutina para una cuadrilla encabezada por Marc Gasol, Ricky Rubio y un largo etcétera

El triunfo de ayer de la selección española es el triunfo de todos los amantes del baloncesto de este país. Es la victoria de Scariolo, ese técnico pegado al éxito, y de su grupo, una legión de unos tipos que pasean el nombre de la península por la NBA cada tres días.

Un sueño imposible convertido en pura rutina para una cuadrilla encabezada por Marc Gasol, Ricky Rubio y un largo etcétera. Pero una parte de la segunda estrella mundial de la selección es también propiedad de los miles de clubes humildes que inculcan baloncesto, y sobre todo valores, en cada ciudad de España, en cada barrio.

Es el triunfo de un grupo de amigos que recorre 50 kilómetros cada fin de semana en coches particulares para competir en ligas provinciales. Es el triunfo de la interpretación de los roles dentro del equipo, como lo han hecho en este Mundial Rabaseda, Beirán o Colom, jugadores imprescindibles en las ventanas y secundarios en China. «Tan importante es jugar bien como no molestar», decía un entrenador de mi colegio cuando todavía no se estilaba el talante en los banquillos, cuando España era todavía un país de hombres bajitos, cuando que España ganara un Mundial era estar chiflado.

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