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Retratos urbanos

María Luisa cumplió su sueño

Valiente, luchadora. Habla tres idiomas. Ha recorrido el mundo en misiones comerciales. Vivió la «Movida madrileña» en directo. Hace ya 14 años que volvió a Alicante. Transformó una vieja sastrería en restaurante.

María Luisa Rivera Gállego. Alicante (1955). Divorciada. Experta en comercio y turismo. Regenta un restaurante en Alicante

María Luisa Rivera Gállego. Alicante (1955). Divorciada. Experta en comercio y turismo. Regenta un restaurante en Alicante

Es la tercera descendiente de los cuatro hijos que parió María Luisa Gállego (con acento), esposa del doctor Luis Rivera Pérez. Estudió en Jesús María hasta los once años. Interna en el colegio Mater Salvatoris, en Madrid, como su hermana Carmen, arquitecta, se hizo bachiller y decidió estudiar Jardinería y Paisaje y, más tarde, Comercio Internacional, segmento en el que trabajó más de cinco lustros.

El padre, natural de Guardamar del Segura, cursó Medicina en Madrid y se especializó en Endocrinología. Durante 35 años dirigió el Hospital General de Alicante y también presidió el Colegio de Médicos. Fue hijo de un capataz del ICONA que colaboró con el ingeniero Francisco Mira en la creación del bosque de pinos en la playa de su pueblo para preservar las dunas de las lluvias y vientos.

A mediados de los años setenta, en plena Transición política, María Luisa Rivera Gállego empezó a dedicarse a las relaciones internacionales entre empresas españolas y el resto del planeta. Se especializó. Recorrió el mundo. En sus inicios hizo de sus habilidades un ofició que posibilitó exportar productos españoles en mercados tan singulares como Hong Kong.

Pero su mayor actividad profesional se centró en el sector turístico. María Luisa se incorporó a una de las mayores empresas operadoras en periplos y aventuras en cualquier paisaje o continente. Durante cinco años residió de manera intermitente en Turquía, el mismo tiempo años más tarde en China y la compañía operadora también desplazó a esta alicantina comprometida a Grecia y Rusia. Su último destino fue Estados Unidos. Decidió cambiar de rumbo.

La mayor parte de su vida ha transcurrido en Madrid. Formó parte de la llamada «Movida madrileña», un movimiento cultural de los primeros años de la Transición. Los fotógrafos Pablo y Luis Pérez Mínguez, emparentados con una prima, la introdujo en ese laberinto de pasiones a finales de la década de los setenta. Las hermanas Rivera conocieron a artistas como Guillermo-Pérez Villalta, Ceesepe, Alberto García-Alix, Ouka Lele, Miguel Trillo, Javier Campano, Alaska y algún que otro «pegamoide», a Carlos Alcolea y a Almodóvar, entre muchos.

Se casó con un respetado diseñador en Madrid. A la ceremonia asistieron más de doscientas personas convidadas por los Rivera. Del reportaje de boda se encargó García-Alix, premio nacional y vaca sagrada de la fotografía. El matrimonio duró poco tiempo. Se esfumó con la «Movida».

2006. María Luisa decidió trasladarse a su ciudad, a Alicante. Llevaba tiempo pesando en montar un restaurante. Aunque valiente y luchadora, solo tenía experiencia en la cocina parental, como el resto de sus prójimos. El doctor Rivera era un amante de la gastronomía y sus descendientes andaban con sartenes y cazuelas desde niños. Pero no tenía experiencia como para regentar un local para dar de comer a cuarenta bocas. Se matriculó en el CDT, la escuela culinaria del Monte Tossal. Hizo cursos de camarera, de envasadora, de cocinera y de protocolo. Mientras María Luisa aprendía los secretos de las despensas, su hermana Carmen, entonces presidenta del Colegio de Arquitectos, encontró un local apropiado para los intereses de su hermana: la vieja sastrería Giner, situada en la entonces marginal Plaza de Gabriel Miró.

Hace catorce años que levantó la persiana. Cocina tradicional, muy alicantina y con aforo de clientes habituales. El momento más difícil lo vivió con la última crisis económica. Resistió. Luchó más. La carta seguía como antes, pero incorporó un menú económico y arroces para que el precio de la minuta se ajustara a los maltrechos bolsillos de los parroquianos en aquellos difíciles años.

Ha cumplido su sueño.

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