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Opinión

La Vía Augusta del siglo XXI

La Vía Augusta del siglo XXI

La Vía Augusta del siglo XXI

Veinte años se cumplirán el próximo enero de la reunión de Murcia en la que se desbloqueaba la llegada del AVE a Alicante -tardaría 13 años-. Encuentro en el que los entonces presidentes de la Comunidad Valenciana, Eduardo Zaplana, y de Murcia, Luis Valcárcel, lograron convencer al ministro de Fomento, Francisco Álvarez Cascos, de que la Alta Velocidad no era una cuestión de unir Madrid con València, tal como se había diseñado en un principio. Debía llegar a Alicante y Murcia. Pues bien, en aquel enero de 2000, el entonces presidente de la hoy extinta Coepa, Joaquín Rocamora, emplazaba a la Administración a buscar una solución urgente para la conexión de Alicante con Francia por el Mediterráneo con un ferrocarril rápido para pasajeros y, sobre todo, para las mercancías, dado que Europa es el destino del 90% de la exportaciones de la potente industria agroalimentaria de la provincia.

La ejecución del Corredor Mediterráneo era, por lo tanto, más importante, incluso, que el propio AVE. Pues bien, veinte años después de la reunión ha habido avances, claro que los ha habido, pero llevamos 15 años de retraso (se anunció que el Corredor sería un hecho en 2005) y, pese a las buenas palabras del Gobierno, todos nos daríamos con un canto en los dientes si para dentro de otros cinco años, en 2025, el eje estuviera operativo y pudiéramos viajar en tren a Barcelona en tres horas. Nadie se atreve a dar una fecha y cuestiones como la conexión del Puerto con Villena siguen sin resolverse, por mucho que se haya desbloqueado el enlace La Encina-Alicante, licitado este año pero no adjudicado.

Ayer, en la mayor concentración de empresarios que se recuerda -el acto de IFA congregó a más patronos que el de hace un año en Barcelona- más de 1.500 empresarios volvieron a dar un voto de confianza al Gobierno, mostraron músculo y reconocieron que se ha avanzado, pero todo es poco para una región, la que pasa por la Vía Augusta de la Hispania del Imperio Romano, en la que vive la mitad de la población española y se genera el 50% del PIB.

Ni el Gobierno del PSOE en su día ni el del PP después (crisis económica de por medio) le pusieron las ganas suficientes y hoy solo se puede decir que el tema ha avanzado gracias al empeño de los Vicente Boluda (Grupo Boluda), Juan Roig (Mercadona) o Federico Félix (Grupo SADA), entre otros, que sacrifican tiempo y dinero para lograr el objetivo de convertir la Comunidad Valenciana en una región más competitiva en el conjunto del eje económico y demográfico.

Alicante lleva, junto a la vecina València, décadas ya reclamando un soterramiento ferroviario que en el caso de la capital de la provincia se metió en el cajón en 2010 y de allí no ha salido. Algo que tuvo, además, una derivada dramática, como es haber convertido el aeropuerto, uno de los más modernos del Mediterráneo, en una isla aislada de su entorno geográfico más inmediato porque ni el PP primero ni el PSOE ahora lo tienen en su agenda de proyectos prioritarios, aunque por fin se haya aprobado el estudio informativo.

Y como ejemplo el AVE vasco. Comenzó a construirse en 2006 tras el acuerdo de financiación firmado entre Fomento y el Gobierno vasco, con un presupuesto de 4.200 millones de euros, del que el ejecutivo del PNV asumió el 40%. Con la crisis, el proyecto también se atascó, pero en 2017 recibió un gran impulso mientras las vías siguen sin soterrarse en Alicante. El AVE vasco tiene ya trece tramos finalizados, diecinueve en ejecución, cinco adjudicados y siete pendientes, entre ellos los accesos soterrados a las tres capitales.

En Alicante, el soterramiento y la estación intermodal, sobre todo esta infraestructura, están pendientes de una operación urbanística de la que se viene hablando desde los tiempos de Díaz Alperi en la Alcaldía, cuando el anterior edil quería, incluso, plantar un hotel de cinco estrellas en la plaza de la Estrella.

Ayer, los empresarios volvieron a dar confianza, pero emplazando ya a que se decidan fechas concretas. No es suficiente aquello de en las próximas semanas o en los próximos meses, cuando, por ejemplo, del AVE que conecte Murcia, Orihuela y Elche con Madrid (ahora todo es Corredor Mediterráneo) no se tiene ni una noticia concreta. La apertura del tramo Vandellós-Tarragona se anuncia como inminente. Se recortará así en 30 minutos el tiempo de viaje en tren a Barcelona. Perfecto, pero el Corredor Mediterráneo no se diseñó solo para los pasajeros. Vergonzoso es que el tren solo absorba el 4% del transporte de mercancías a Europa por el Mediterráneo, y la culpa no es de los exportadores.

Parafraseando a Perfecto Palacio, presidente de CEV-Alicante: «El Corredor Mediterráneo es la Vía Augusta del siglo XXI». Que así sea. Ganaremos social, económica y ambientalmente, porque retirar camiones de las carreteras también es clave para luchar contra la emergencia climática.

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