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Análisis

Fran Escribá: Víctima de sus propios errores

El técnico no ha sabido coger el pulso a una plantilla que calificó como la «mejor» que había tenido en el Elche y los resultados le han condenado

Fran Escribá en la rueda de Prensa previa al Elche-Betis

Fran Escribá en la rueda de Prensa previa al Elche-Betis Matías Segarra

En el fútbol actual el pasado sirve de poco. Los resultados son los que mandan y por mucho que tengas una inmaculada hoja de servicio anterior y cuentes con el cariño de la afición, al final, la continuidad del entrenador pasa inexorablemente porque la pelotita entre y ganes partidos.

Fran Escribá lo ha sufrido en sus propias carnes y el pasado domingo vio cómo el propietario del club, al que hasta hace poco le llamaba el señor Christian Bragarnik, vio colmada su paciencia y decidió su destitución. Ahí se acabó el apelativo de señor y le lanzó un dardo envenenado: «Uno puede comprar un club, pero no el cariño de la gente». Su otra defensa fue decir que no se había tenido en cuenta lo que había hecho en este club.

Escribá, y era hasta comprensible, estaba molesto con el «run run» de semanas anteriores sobre su futuro. Lo calificó de innecesario e ilógico. Pero el preparador valenciano era consciente y sabía perfectamente que caminaba por una fina cuerda que se podía terminar rompiendo. Algunos de sus comportamientos así lo delataban.

A pesar de ser uno de los técnicos más laureados de la centenaria historia de la entidad franjiverde, en el fútbol actual y más con dueños que tienen toda la capacidad de decisión, cada semana hay que pasar un examen. Sumar dos puntos de los últimos 18 posibles terminan condenando a cualquiera. Escribá ha sido víctima de sus propios errores y lo ha pagado.

Bandazos tácticos

No ha encontrado un sistema de juego definido y equilibrado

El orden y el equilibrio, sobre todo a nivel defensivo, siempre han sido una de las principales virtudes del técnico valenciano en sus anteriores etapas en el Elche. Sin embargo, esta campaña no ha encontrado la fórmula salvadora y ha ido dando vaivenes tácticos. Empezó con un sistema de tres centrales y dos carrileros que le fue bien y que terminó enterrando. Luego pasó a su defensa fetiche de cuatro atrás y el equipo adoleció de capacidad defensiva, principalmente, en la bandas y, sobre todo, en la izquierda, donde ha perdido capacidad ofensiva con Mojica y, a su vez, está haciendo sufrir mucho al colombiano atrás, porque no es una de sus características. Lo ha intentado con fórmulas mixtas, defendiendo con cinco y dejando cuatro atrás a la hora de defender y tampoco ha dado con la tecla. En la portería apostó por Kiko Casilla y cuando se vio con el agua al cuello hizo un brindis a la afición con Edgar Badia. 20 goles encajados en 14 partidos y más habiendo encajado solo tres en los primeros cinco han provocado una hemorragia que no ha sabido cortar.

Fichajes estrellas

No ha encontrado sitio a jugadores importantes

El propio Fran Escribá se puso una espada de Damocles en la cabeza cuando a principio de temporada no dudó en afirmar que contaba con la «mejor plantilla» que había tenido en el Elche. Todos lo presumíamos, pero, al final, en el fútbol, de los nombres no se vive y hay que demostrarlo en el verde, como decía Nino. El técnico valenciano no ha encontrado acomodo a Pastore, tampoco a Benedetto y cuando los dos fichajes estrellas del dueño del club no aparecen y, encima, la imagen del equipo no es la deseada, las dudas se acrecientan y la paciencia se acaba.

Estrategia

Ningún gol a balón parado

Escribá se ha marchado del Elche sin haber conseguido ningún gol de estrategia en 14 jornadas. Es el único equipo de toda la Primera División con ese preocupante dato estadístico. Los saques de esquina cerrados desde la derecha y abiertos desde la izquierda no han funcionado y, lo peor, es que no se han visto alternativas.

Ahora se puede hablar de justicia o injusticia. De un «clan argentino» que puede haber ayudado a su salida. De si estaba capacitado para sacar la situación adelante. El tiempo dará o quitará razones, pero la realidad, por mucho cariño y estima personal que se le pueda tener a un entrenador que ha hecho historia en el Elche, es que la paciencia del dueño y los errores propios del entrenador, que no ha sabido cogerle el pulso a la plantilla lo han castigado. Así es el fútbol.

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