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CAMP D'ELX

La primavera lluviosa amenaza con dejar a la mitad la producción de melón de Carrizales

Las abundantes precipitaciones de los últimos dos meses han impedido que los agricultores del Camp d’Elx hayan comenzado a tiempo la plantación de su fruta estrella - El año pasado la cosecha se redujo un 25% y este 2022 se prevé una caída mayor

Extensión de terreno del Camp d’Elx en la que los agricultores plantan el melón de Carrizales, cuya cosecha de este año se prevé a la baja por las recientes lluvias. | ANTONIO AMORÓS

Nunca llueve a gusto de todos. Esta sentencia se la pueden aplicar a la perfección los productores del melón de Carrizales, uno de los frutos más esperados del Camp d’Elx. La primavera más lluviosa de la historia que se está viviendo en la provincia amenaza con dejar la producción de este año a la mitad. Si el pasado 2021 ya se produjo por este motivo un descenso del 25%, con una caída de la cosecha de 400.000 a 300.000 kilos, las previsiones actuales son todavía peores. «Al llevar dos meses lloviendo, aunque sea de forma intermitente, a la tierra arcillosa de Carrizales le cuesta mucho secar, lo que imposibilita trabajar en ella», explica a este diario el presidente de la Comunidad de Regantes de Carrizales, Fernando Antón.

Las lluvias impiden labrar, abonar o preparar el terreno para la plantación de melones. Tampoco se puede realizar ningún trabajo que requiera el uso de tractores, ya que se quedarían atrapados entre la tierra o su motor se llenaría de barro. Otro problema es que, aunque la superficie se seque, en las capas más profundas hay que esperar un tiempo mayor para que desaparezca por completo la humedad. Esta misma cuestión obligó el pasado año a retrasar la plantación tres semanas, un periodo que, en esta ocasión, se va a superar.

Un contratiempo más se produce con las plantas que están actualmente en los viveros. Cuando estas plantas están en el semillero y aparecen sus dos o tres primeras hojas, son trasladadas a su lugar definitivo. Al pasar tanto tiempo sin realizar este traslado, endurecen y se llegan a poner en flor, por lo que cuesta mucho más plantarlas, lo que lleva a algunos productores a decidir no hacer uso de ellas. Esto afectará a la cantidad de la cosecha de este año. Aunque no hayan todavía datos definitivos, la peor previsión que en 2021 augura que la caída puede llegar a ser hasta del 50%, lo que supondría un golpe muy duro para campo el, sector que arrastra muchos problemas.

Preocupación

Los productores ilicitanos muestran preocupación por la merma en la producción y, también, por las consecuencias que va a atener en el mercado. Uno de los pocos alivios lo encuentran en que en zonas próximas que suponen competencia para Elche, como Almería o Cartagena, está lloviendo igual o más, por lo que se va a vivir la temporada con la misma incertidumbre. Una de las consecuencias de no haber podido plantar aún es que la fecha de recolección, que empieza a finales de junio, se retrasará, por lo que el melón de Carrizales coincidirá más en el mercado con el de la Mancha, por lo que habrá que sumar una competencia añadida.

«No me gusta decir que la lluvia es un problema. De hecho, ha ayudado a reducir muchos riegos en algunos de los cultivos más importantes del Camp d’Elx, como los de granados o alcachofas», apunta Antón. El presidente de los regantes sostiene que hay pocas alternativas para sortear situaciones como la que se está viviendo este año. «Los agricultores con la tierra mejor preparada pueden esquivar un poco el problema y plantar con relativa normalidad. Pero eso les obliga a hacerlo mucho antes, cuando se están haciendo otros trabajos. Nadie pensaba que llegaría una primavera tan lluviosa después de un invierno muy seco», añade.

Uno de los pocos medios que se puede utilizar como prevención es el del uso de acolchados que ayudan a que el melón no pierda el agua rápidamente y evitan que crezcan malas hierbas. El inconveniente que presenta esta técnica es que, si el acolchado se pone pronto y llueve mucho, no se pueden plantar los melones porque el agua endurece la tierra y se perderían los trabajos realizados con anterioridad. «Es un arma de doble filo», concluye un Antón que afronta la campaña con un ojo puesto en el cielo y la esperanza de minimizar daños.

Repercusión en el precio y un peligro que viene de fuera

Al margen de los problemas que está ocasionando la abundante lluvia de los últimos meses, el Camp d’Elx está plantando cara como puede a la actual crisis energética. El aumento de los precios de combustibles y fertilizantes repercutirá en el producto. Con todo, los agricultores ilicitanos intentan que la repercusión en el precio del melón sea mínima, ya que tienen que competir contra variedades de otros países, como Marruecos, que cuentan con una mano de obra más barata y menos control de las plagas, lo que les permite llegar al mercado en unas condiciones más económicas.

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