Roma, 10 de abril de 2018

Tras la goleada ante el Valencia Mestalla, que no sirve ni para maquillar otra desastrosa temporada, el Hércules continúa languideciendo en Segunda B, en tierra de nadie, sin objetivos y, lo que es peor, creando un vacío entre afición y club que va mucho más allá de lo que se ve cada domingo en las desangeladas gradas del Rico Pérez. Por desgracia, este Hércules no engancha a nadie.

Resulta inasumible que un club que, por presupuesto e historia, estaba destinado a ser protagonista haya acabado sin opciones de luchar por el ascenso a falta de casi dos meses para que acabe la liga.

Que la comisión deportiva no ha acertado con la confección de la plantilla es un hecho. Salvo algún caso aislado, ninguno de los fichajes de Portillo ha dado la talla que se le presuponía. Y el problema radica en que no es algo eventual, el problema es que se está enquistando en los últimos tiempos.

A la casa blanquiazul le hacen falta muchas reformas pero quizás habría que empezar por revisar la política de fichajes, mejorarla e implementarla con alguna variación que haga visibilizar de una vez por todas el final del túnel...

Cómo aplicar el método Monchi en el Hércules

¿Se podría aplicar el método Monchi en un club como el Hércules? Hace veinte años evidentemente no. Porque significaría tener muchos ojeadores, con los consiguientes gastos que ello conllevaría (viajes, hospedaje, sueldos, etc.). Hoy, sí es posible. Basta con tener conexión a Internet y muchas ganas.

No hace falta ser un experto para encontrar información en la red sobre cualquier liga del mundo. A golpe de click

podemos saber, en cuestión de segundos, quiénes son los máximos goleadores de la liga de Estonia o los mejores centrocampistas de la Veikkausliiga finesa.

Por razones económicas, sería absurdo que el club alicantino, a día de hoy, tratara de controlar la Bundesliga o el Calcio italiano, pero sí podría hacer algo similar al Método Monchi -adaptándolo a sus posibilidades- con las ligas menores.

¿Tendría éxito este sistema? Nadie lo puede garantizar, pero soy de los que piensan que, al cambio, pueden valer más 25 goles en la liga bielorrusa que dos o tres en la liga Adelante o que un centrocampista que ha marcado 14 tantos en la Premier nigeriana algo tiene que tener.

En cambio, por comodidad llegan al club los jugadores "C" o "D" que ofrece el agente de siempre. Claro, es bastante más fácil fichar al jugador que acaba de desechar el equipo de Segunda de turno que buscar en Gales o Lituania quien, potencialmente, sí podría acabar siendo un jugador "A" o "B".

Eso sí, que nadie me malinterprete: que se puedan explorar otras opciones no quiere decir que se deje de lado el mercado español. De hecho, lo lógico es que el 80-90% de los fichajes procedan de nuestras ligas. Yo solo propongo añadir alguna variante a la acomodada política de fichajes del club alicantino porque siguiendo la pauta de siempre ya sabemos el resultado...

Schopenhauer dijo que "no es la dificultad lo que impide atreverse, pues de no atreverse viene toda la dificultad". No le falta razón al filósofo de Danzig. Y es que llevamos muchos años en los que la audacia brilla por su ausencia en los despachos de Romeu Zarandieta.

En el fútbol de hoy, solo se comen algo los millonarios o los valientes. El Hércules difícilmente será algún día de los primeros, así que no le queda otra que innovar, optimizar recursos y hacer cosas diferentes. Ser valiente, en definitiva.

Como lo fue cuando en el mercado de invierno de la temporada 84/85, con el club abocado al descenso a Segunda, rescató a Mario Kempes de su retiro. Y en la moneda le salió cara.

Quizás sea la hora de emular al Monchi de hace 18 años, quizás sea la hora de los valientes...