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El Rico Pérez apunta a Portillo

La grada blanquiazul pide la dimisión del director deportivo tras la debacle contra el Orihuela

El secretario técnico del Hércules, Javier Portillo, ayer en el palco del Rico Pérez, junto al nuevo entrenador del club, Jesús Muñoz.

El secretario técnico del Hércules, Javier Portillo, ayer en el palco del Rico Pérez, junto al nuevo entrenador del club, Jesús Muñoz. José Navarro

El Hércules dimite en el mes de septiembre y abre una nueva Liga: la de bracear entre el lodo, la de buscar un repunte que hoy se antoja inalcanzable, la de salir de los puestos de descenso directo a Tercera División, donde está instalado el equipo por méritos propios. El Orihuela incendió aún más ayer la mecha candente de un Rico Pérez que terminó cantando a coro la dimisión del director deportivo blanquiazul. « Portillo, vete ya», entonó en los últimos segundos una grada impregnada de hastío, que hasta ayer no había mostrado su indignación con el madrileño, que ayer presenció el partido en el palco con Jesús Muñoz, el nuevo entrenador del club.

El conjunto escorpión, azotado cruelmente -como toda su comarca- por la gota fría, pronto entendió que podía ser el día para firmar una de las páginas doradas de su historia. El Hércules, por incapacidad, había asumido el rol del sufrimiento, el de equipo desnortado. El excapitán blanquiazul Chechu Flores se echó su equipo a la espalda y el Orihuela convirtió la tarde de domingo en un horror para la parroquia alicantina.

Los de Villafaina, no obstante, entraron de lleno en el partido con un penalti inocente de Rulo, que volvía a la alineación por el sancionado Nani. Una zancadilla que el árbitro no dudó en decretar penalti claro. Chechu se apoderó del balón sin titubeos. Ya había anunciado que no celebraría gol si mordía en la que fue su casa durante cinco años. Disparó flojo, con el interior, al costado izquierdo de Falcón, que adivinó la propuesta, pero que no llegó a atajar. Semblante serio de Chechu, cuyo nombre había resonado en el estadio antes del saque inicial. Un bonito gesto que tendría continuidad cuando fue sustituido, pese a haber sido el verdugo de este Hércules exprimido física y mentalmente.

El gol de Samuel, un certero cabezazo que besó el larguero de la portería de Emilio, fue un oasis. El empate se encargaría de deshacerlo el propio Chechu, en una cabalgada de 80 metros en la que ningún blanquiazul supo ponerle freno. El extremo jienense recogió un balón en la frontal de su área tras un córner mal ejecutado y galopó por el costado diestro hasta pisar área rival, levantó la cabeza y asistió al lateral zurdo Fondarella, que le había acompañado voluntariosamente en toda una carrera a la desesperada. 1-2 y partido resuelto.

El Hércules ya no volvería a dar síntomas, apenas dos estertores sin recorrido. El diagnóstico es todavía más crudo que el esbozado. Poca o ninguna culpa de la derrota tuvo ayer José Végar, el coyuntural técnico blanquiazul tras la destitución de Planagumà y a la espera de Jesús Muñoz, que será presentado esta mañana. El técnico alicantino recuperó para la causa a Diego Benito y Fran Miranda, suplentes la semana anterior, y también dio galones a Jona; de nuevo titular, de nuevo de espaldas al gol.

Ninguna de las novedades ideadas para paliar la sangría de puntos perdidos sirvió para que el Hércules sorteara el camino a la UVI. Los blanquiazules se quedan penúltimos tras cinco jornadas, con los mismo puntos que el farolillo rojo y a cuatro puntos de la salvación que marca el Nàstic. La promoción por la permanencia en Segunda División B (ay, Dios) queda a tres puntos y en ella se sitúa el Orihuela, que tiene un partido menos.

La sensación de catástrofe es total aunque el nuevo técnico aterriza con ocho meses de competición por delante. Ayer ni siquiera la salida al campo de Carlos Martínez pudo cambiar el trazo grueso del Hércules más preocupante que se recuerda en esta etapa en Segunda B. Jona, que todavía sigue sin ver puerta en Alicante, no desistió y su gallardía no pasó desapercibida para una grada martirizada. El hispano-hondureño fue el único que acudió al centro del campo para pedir perdón tras la derrota y lo poco que quedaba de Rico Pérez le dispensó un reconocimiento a su vergüenza torera.

Mientras, los jugadores del Orihuela disfrutaban de una noche histórica, Chechu saludaba con alegría camuflada a sus excompañeros y la afición amarilla cantaba en la grada. Olvidando penas por un par de horas.

Las cuatro derrotas consecutivas del Hércules, el peor registro en sus 16 temporadas en la división de bronce, dejan al equipo en una situación crítica, sin más perspectiva que la de jugarse el tipo el próximo sábado en el exiguo campo de Llagostera, una ratonera de césped artificial. Hoy será presentado Jesús Muño, el resto de cuerpo técnico blanquiazul continúa en sus funciones. Trabajo hay por delante. Mucho y de todo tipo. En liza, la vida de un club centenario.

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