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contracrónica

Falcón, Abde y la guadaña otra vez muy cerca

El Hércules volvió a superar una situación muy complicada gracias al tanto del empate

Abde, marcado estrictamente por Bikoro durante el partido frente al Badalona.

Abde, marcado estrictamente por Bikoro durante el partido frente al Badalona.

¡Paren rotativas! ¡Modifiquen titulares! ¡El Hércules sigue vivo! Así es la grandeza del fútbol, sea en la categoría que sea. Una vez más, la Muerte tocó a la puerta del Hércules, con la guadaña apuntando, además, al que muy posiblemente menos lo merecía. Y una vez más, creo que ya hemos perdido la cuenta, el Hércules la burló, con un tanto en el último suspiro que le da mucho aire en el intento por seguir compitiendo el curso que viene en la tercera categoría del fútbol español.

Pocas situaciones catastróficas faltaban por ver en el herculanismo. Una de ellas era un error grave de Ismael Falcón, el portero que tantas veces ha lucido capa de héroe. Pero este Hércules parece empecinado en escribir relatos de agonía y sufrimiento. La cara de perplejidad tras el 1-0 era una nota común en cualquiera que lleve siguiendo al Hércules un mínimo de tiempo. Falló el que no fallaba nunca. El que no lo merecía. Parecía imposible que pudiera quedar señalado por un error en una situación como la actual. Por fortuna, el fútbol aprieta al Hércules, pero no siempre ahoga. Corrijo. No fue por fortuna. El equipo empató en la acción colectiva más brillante que consiguió hilvanar. Quizás fue en el momento menos esperado (como el fallo de Falcón). Cuando el cuerpo pedía colgar balones al área, entre Buenacasa, Javi Pérez y Manu Garrido firmaron un brillante gol. Merecido. Por ellos y por su compañero, el del «1», el que tantas veces les ha salvado.

Una vez superado el vaivén de emociones del segundo tiempo, el partido pedía a seguir a Abde, del que tanto se está hablando. El herculanismo está necesitado de ilusión y en el fútbol poco ilusiona más que un chaval como el marroquí: joven, con descaro y con talento. Casi todo lo que hizo en ataque el Hércules en el primer tiempo llevó su impronta. Luego se fue diluyendo, curiosamente cuando sus compañeros fueron a más. Apareció en la última acción, en la que demostró que pese a su edad no se arruga. Se encaró a un rival que podría ser su padre. Sus compañeros llegaron a tratar de protegerle, pero daba la impresión que el chico se bastaba y se sobraba para no amedrentarse.

Abde es un oasis en el desierto de Alicante. Obligados a tener que comer puñados y puñados de arena, el joven extremo herculano es agua fresca que llevarse a la boca. Casi mejor no preguntarse lo que durará y disfrutar de todo lo que le quede, sea poco o mucho. Si el físico le aguanta en este sprint final de temporada, debería ser clave para Manolo Díaz.

Un final de curso que pinta un poco mejor tras el tanto de Manu Garrido, aunque con el Hércules mejor no fiarse de nada, hasta que las matemáticas confirmen su presencia en Primera Pro. Si el Marqués de Sade (o Christian Grey, para los «millenials») fueran herculanos, dejarían sus otras aficiones. Queda el consuelo de que tanto sufrimiento al menos valga la pena. Si no, uno no se explica lo de Falcón. Aunque si la Muerte vuelve a llamar, posiblemente será él quien le cierre la puerta.

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