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Análisis del Hércules CF | Sombras en la portería: mancha o herida grave

La falta de seguridad mostrada por los guardametas del Hércules reabre el debate que se inició en verano entre quienes creían que el puesto estaba bien cubierto y los que lo ponían en duda

Adri López despeja un balón en un entrenamiento en Fontcalent en presencia de Jesús Fernández, el otro portero. | ALEX DOMÍNGUEZ

De ningún modo iba a ser fácil. No podía serlo. Era imposible. Suplir al portero que más veces ha vestido la camiseta el Hércules es un ejercicio doloroso, abrupto, sospechoso. Nadie, ni el más listo, puede tapar ese hueco sin que se note al menos un poco. Pero es que se ha notado mucho, demasiado, quizá. En solo cuatro partidos, dos errores garrafales de esos que cuestan partidos y cuatro goles encajados en menos de 45 minutos, algo que no le ocurre a la sociedad deportiva de los Ortiz desde hace mucho. La última vez que sufrió una paliza semejante fue en 2015, con Iván Buigues en la puerta. El filial del Villarreal pasó por encima de aquel equipo de Nieto, Portillo y Peña, solo que empleó una hora y media en urdir tal destrozo: 0-4.

SIN RODAJE

Dos suplentes para darle relevo a un titularísimo: Ismael Falcón

La experiencia se adquiere. Nadie nace sabiéndolo todo de manera consciente. Hay que aprender, y lo normal es hacerlo mientras te equivocas, cayendo de bruces y levantándote luego. Sin embargo, en un club como el Hércules, centenario, achacoso, propenso a la fatalidad, al funambulismo, con urgencias desde hace dos décadas, con el tacto áspero de la soga al cuello siempre rondando, resulta terriblemente difícil. Por lo general, todo que el que viene, ha de hacerlo aprendido de casa.

Ismael Falcón no le dio ninguna opción a Adrián López mientras fue titular, apenas faltó una tarde, en La Nucía, por lesión, y aquello también acabó en desastre, seguramente el que envió a la entidad a la cuarta división. A Jesús Fernández no le fue mejor. Lejos de casa, fuera del país, en una liga extraña, sin la confianza del entrenador (otro más desde que abandonó el Real Madrid en 2014), el madrileño lleva demasiados días sin sentir la seguridad y la fe que precisa un guardameta.

Y aunque todo eso es objetivamente verdad, no hay que hacerse trampas. Todas las teorías encajan si las retuerces lo suficiente. A los presagios les ocurre lo mismo. Con Falcón se ha perdido muchas veces, se han visto goles en contra desde el centro del campo, errores de bulto, estatuas, se ha descendido; pero eso sí, también han quedado en la memoria manos a mano salvados, goles claros detenidos, manos milagrosas, reflejos que daban puntos. Este curso, todavía no.

La portería es una zona en la que todo se magnifica, para bien y para mal. De ella dependen muchas cosas: la seguridad, la fortaleza defensiva, la necesidad real de no sentir en cada viaje del adversario al área un ictus, un temblor letal. Los problemas fuera del área se pueden postergar, maquillar, disimular con soluciones futuras. Los que germinan dentro, esos, o los corriges rápido, o te asesinan. Da igual si los tienes en la propia o en la ajena, un desgarro en ese rectángulo finito y saltas por los aires.

ALTERNANCIA

Mora se queda a merced de la personalidad de su suplente

El entrenador tiene que mostrar firmeza, que no se le noten las dudas. Si él titubea, lo construido hasta la fecha, que ha sido bastante, se va por el sumidero. Todos, en mayor o menor grado, en su oficio, se ha sentido alguna vez un impostor. Solo quien no sucumbe a tal azote emocional sale flote. Ahora es ese momento para Jesús Fernández. Nada le ha ido muy bien desde que ha llegado a Alicante, pero el sábado tiene la ocasión de darle al destino un portazo en las narices. Si no lo hace, pierden todos, más que nadie quien apostó por él, Carmelo del Pozo.

El tope salarial impuesto Ortiz este curso, innegociable a principio de verano tras salir del palco Juan Carlos Ramírez, ha obligado al director deportivo a elegir a quién destinar los siete contratos más altos. Ni Adrián ni Jesús están entre ellos. El éxito del proyecto 21-22 será posible solo si buena parte de quienes cobran menos ofrecen un rendimiento por encima de su caché. Las «estrellas» acaparan los focos, pero son los demás los que las sustentan, es imposible que triunfen los unos sin los otros, ni siquiera Messi lo consigue.

PUÑETAZO EN LA MESA

Explotar las cualidades para poder esconder los defectos

Convertir la portería del Hércules en el juego de las sillas no ayudará a nadie, y al futuro, tampoco. Ahora que la presión, la salud mental, el miedo al fracaso... han pasado a ocupar un lugar preeminente en la actualidad deportiva, conviene reseñar que siempre hay una salida, alguien que te puede ayudar, que no se tiene por qué librar solo la batalla contra la autoestima.

Al Hércules de Mora y Del Pozo se le han visto cosas muy buenas, defensivas y posicionales la mayoría, esperanzadoras, ilusionantes. El debate de la portería, que es evidente, no puede arruinarlas. Este es un club en el que la más mínima chispa reduce todo a cenizas si no se apaga de inmediato. Los problemas que no se atajan, se enquistan. El sábado se verá si lo de los porteros es una macha, una impureza de la piel, o una herida que se infecta.

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